El papel estelar siempre se lo llevan las mismas. Las alcachofas con jamón, los espárragos blancos con salsa holandesa o las berenjenas a la llama son entrantes muy recurrentes, pero por alguna razón hay otros productos del mundo vegetal a los que como máximo se les deja el papel de comparsa. La familia de las coles cae dentro de esta categoría de eternas segundonas en la hostelería; de figurantes que acompañan la acción, pero no hablan. Están consideradas como excelentes opciones para la cocina de casa, pero “aburridas” y difíciles de encajar en la carta de un restaurante.
El plato seleccionado por Guía Hedonista esta semana rompe esa regla no escrita. La coliflor a la brasa del restaurante Puerta del Mar (calle Transits, 4) es un buen ejemplo de cómo se puede dar una salida gastronómicamente interesante a esta crucífera de sabor suave y delicado. Aquí la presentan en un bloque -cogen la pieza entera y cortan como un entrecot de dedo y medio de grosor que después la pasan por la brasa o la plancha- y la acompañan con una majada de almendra, parmesano, aceite de oliva virgen extra y albahaca -es decir, una especie de pesto- y un puré rostizado de la misma coliflor.

Es un plato sencillo, ligero, delicioso y saludable con el que el restaurante más icónico del grupo Los Gómez se suma a esa tendencia, cada vez más clara, que saca del ostracismo a determinadas verduras. La carta de Dentro Bar también nos regala este tipo de platos que son rompedores precisamente debido a su minimalismo (¿habéis probado sus zanahorias asadas con miso y tahini?).
Imagino que la coliflor a la brasa no es el entrante que más se vende de la carta de Puerta del Mar (uno de sus platos estrella es un excelente calamar de playa salteado con alcachofas, ajos tiernos y cebolla, que terminan en la mesa con una lluvia de parmesano recién rallado, y ojo también a su versión de las clásicas flores de alcachofa fritas, a la que le añaden un jugo con fondo oscuro de setas, trufa y jamón). Sin embargo, este es el plato que más llamó mi atención por su potencial para romper las barreras psicológicas de los haters de las coles, que tienen una oportunidad estupenda para disfrutar de todos los matices del sabor de la coliflor, con la ventaja añadida de ahorrarse el molesto olor que desprende su cocción.