Volver a Pinea siempre supone una grata sorpresa. Hay que conducir hasta Ayora, una privilegiada zona del interior de la provincia de Valencia, ya casi en La Mancha. Cuando llegas, Eli y Kiko te reciben con los brazos abiertos. Y, en la mesa, con inspiradores platos que narran su territorio.
En mi última visita a Pinea, hace unos días, me sirvieron el postre de Fresas de Xàtiva maceradas, helado de monte (tomillo, romero y ajedrea) con un toque de limón -”para aportarle un toque cítrico y limpiar la boca después del plato de cierva”-, crema inglesa de menta de burro, su aceite y la propia hoja de menta escarchada. Todo, servido en un cuenco de color rosáceo que la propia Elisabet ha diseñado y creado.
Este postre comenzó siendo con ortiga, pero ellos son recolectores: recogen las plantas que usan en sus platos cerca de un riachuelo que nace en la sierra. Allí crecen muchas especies diferentes durante todo el año. Hace unas semanas había ortiga. Ahora hay menta de burro, una menta silvestre que antiguamente se empleaba para hacer infusiones.
Las fresas las cultiva y recolecta un agricultor de Xàtiva y, esta temporada, habrá solamente durante un par de semanas más. Por eso este postre tiene fecha de caducidad, quizá hasta el año que viene.