La estación estival es sinónimo de sol, reencuentros y tardes eternas. También, de calor y búsqueda constante de algo refrescante que alivie el paladar. En la playa o en la ciudad, el helado se convierte en el gran aliado de una tarde calurosa de verano.
Antigua Lechería es la heladería artesana que conquistó el barrio de Ruzafa gracias al sabor de sus helados, el buen hacer de su trabajo, la simpatía del equipo y el mimo con el que sus dueños Glen y Arlena abrieron el local.
Este año, el color de la fachada ha cambiado y se ha pintado de mostaza. Su letrero enamora como el primer día y su pizarra anuncia el helado que uno va a disfrutar: tarrina o cucurucho; una, dos, tres o cuatro bolas de helado artesano.
Entre los sabores que se exponen en sus dos vitrinas, el helado de limón y albahaca destaca como una opción refrescante para el verano. No es un helado que busca la intensidad dulce ni sorprender con combinaciones extravagantes. Su atractivo es el equilibrio y la sensación refrescante que queda en boca, gracias a la acidez del limón y el aroma de la albahaca. Hay quien dirá que le recuerda a los mojitos playeros de verano; en este caso, en forma de helado artesano.
Puede combinarse con otros sabores peculiares como el helado de cereza negra o, también, puede disfrutarse por sí solo.
En Antigua Lechería también hay otros sabores (muy ricos) de helado artesano: manzana con canela, higos y nueces, arándanos, pistacho, turrón, bacio (sabor tradicional italiano que combina chocolate con avellanas), tiramisú, tarta de queso, pistacho y avellana, leche merengada, caramelo salado, lemon pie, foresta negra (tarta selva negra), chocolate blanco y crema de pistacho, ron con pasas, nata y chocolate… Lo más sencillo es ir y elegir frente a su vitrina.


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