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crítica de concierto

Gustav Mahler, Gustavo Gimeno y la OCV ofrecen el mejor regalo posible

25/12/2021 - 

VALÈNCIA. Para hacernos una idea de lo que buscaba con su Tercera, el propio Mahler se atrevió a afirmar: “No vale la pena mirar nada ¡todo está puesto en mi sinfonía!”. Cuando hablaba de “todo”, se refería al universo entero. Bruno Walter, el histórico director de orquesta tras un encuentro con el compositor diría: “Todo su ser parecía emanar una misteriosa afinidad con las fuerzas de la naturaleza”.

A ver por dónde empiezo esto. Esta es la típica crítica musical que uno no quiere que parezca la típica crítica musical, pues teme quedarse en cosas de lo común cuando precisamente ha de hablar de lo extraordinario. Ya me entienden. Sinceramente, para quienes conocemos a Gimeno y a esta orquesta, lo verdaderamente extraordinario habría sido estar relatando una decepción,  puesto que el gran director valenciano (actual titular de las Sinfónicas de Luxemburgo y Toronto) me consta que tenía meridianamente muy claro lo que iba a hacer con este universo musical entre las manos, que no era otra cosa que seguir fielmente las indicaciones del genio, siempre desde su conocimiento musical y, en este caso concreto, su experiencia casi diríamos que vital. Respecto a los segundos, después de casi quince años disfrutándolos, se trata de unos músicos y una orquesta incapaz de decepcionarnos cuando tienen a un gran director al frente. Si algo falla es cosa de la batuta. La OCV siempre responde si quien la dirige está a la altura de la empresa y el resultado es una comunión en la que ninguno está por encima del otro. Recientemente pudimos comprobarlo con deslumbrantes conciertos junto a Manfred Honeck, Riccardo Minasi o Antonello Manacorda. 

Vayamos al lío. La percepción de Gimeno no suele ser homogénea, y más en una obra tan abrumadoramente compleja, en la que Mahler crea literalmente un mundo de fuerzas contrapuestas. Las sinfonías mahlerianas y la forma de gran novela como asimilaba a ambas Adorno. Entonces, ¿Intensidad?; el abrumador primer movimiento concentró en media hora todos los sonidos de la naturaleza desde el pequeño pájaro a los astros más alejados y la coda de éste hizo temblar literalmente los cimientos del edificio calatravino. ¿refinamiento?, en el segundo marcado como un Minuetto, por instantes parecía tomar cuerpo el mismísimo Ravel. No olvidemos todo lo de Art Nouveau que respiraba la Viena finisecular. ¿Misterio?; no pudo ser más fantasmal y profundo el Langsam con el oboe más espectral y sobrecogedor que haya escuchado. Siempre da para hablar el adagio de cierre (“Lo que me dice el amor”), y cómo lo abordan unos y otros directores. Comentaba Gimeno que la dificultad radica en esa combinación entre el extatismo de esa música y a la vez el “ir siempre hacia adelante” sin echar la vista atrás. Un movimiento interno que no puede detenerse porque la partitura se nos cae de las manos. Huyó Gimeno de esa lentitud, entiendo que fallidas, de algunas versiones por otro lado históricas (Abbado con Viena) y puso en práctica ese impulso (curiosamente también Abbado con Lucerna o la referencial lectura de Horenstein). La obra termina en medio de una apoteosis triunfal “la glorificación de toda criatura viviente”, marcada por los golpes de timbal.

Me gustó la veterana Violeta Urmana por mucho que su fraseo tuviera cierto tono operístico. Excelentes los dos coros tanto el de las voces femeninas del Cor de la Generalitat y la Escolanía.

En cuanto a la respuesta orquestal, tengo una pregunta pendiente para el maestro cuya formulación deberá demorarse todo un año, hasta que vuelva por estas (sus) tierras, y va en el sentido de mostrar mi incomprensión sobre cómo en menos de una semana de ensayos se puede obtener una respuesta semejante, no tanto en lo técnico, como en la “idea” particular de Gimeno respecto de una partitura tan amplia. Más allá de esto sólo me queda expresar gratitud y admiración hacia unos músicos verdaderamente excepcionales, desde el primero al último. Partiendo de que todas las familias estuvieron mencionar la amplísima familia de trompas como ese gran corazón latiendo desde dentro de la orquesta, los trombones de una belleza coral y un empaste en todas las dinámicas deslumbrante, excelsas todas las maderas sin excepción, una cuerda que, de lejos, no se puede comparar a ninguna orquesta por debajo de los Pirineos, o qué decir de la percusión… en fin.  

Personalizando, y siento dejarme a unos cuantos, en esta ocasión, y más en una sinfonía tan exigente como esta, ha sido un lujo tener estos días entre nosotros a Jörgen van Rijen, primer trombón de la orquesta del Concertgebow (nada menos), además de un músico excepcional, una persona excelente. Si tienen curiosidad tienen en youtube la fenomenal grabación de esta sinfonía en Lucerna un auténtico “dream team”, con Abbado en el podio, en la que como en esta ocasión Jörgen se ocupa de quizás el más bello solo sinfónico escrito para el trombón. Sensacionales también Christopher Bouwman en el oboe en un Langsam antológico, la belleza y aplomo de la flauta de Magdalena Martínez con solos verdaderamente comprometidos como el que protagoniza “sola ante el peligro” en el adagio final; Bernardo Cifres a la omnipresente trompa solista, el concertino Gjorgi Dimcevski, en el violín solista de absoluto lujo y, como no, ese gran trompeta que es Rubén Marqués en su extenuante partitura para las trompetas y que, además, fuera de escena, estuvo colosal con el dificilísimo y amplio solo que Mahler escribe para esa especie de trompa en miniatura llamada post horn o trompa de “postillón”.

Ambiente de las grandes ocasiones con un auditorio abarrotado que se vino literalmente abajo en cuanto tras los últimos golpes de timbal en el climax de lo que el compositor describe como “glorificación de toda criatura viviente”, Gimeno dejó alargar el enorme acorde con calderón, escrito “lange” por Mahler, como si diera la sensación no querer abandonar una música irrepetible que solo cobra su verdadero sentido cuando sucede.

Ficha técnica:

Auditorio del Palau de Les Arts

23 de diciembre de 2021

Gustav Mahler, sinfonía nº3

Violeta Urmana, mezzosoprano

Cor de la Generalitat

Escolanía del Nuestra Señora de los Desamparados

Orquesta de la Comunitat Valenciana

Gustavo Gimeno, director musical

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