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Hablemos de Blockchain

12/08/2022 - 

CASTELLÓ. Desde que el mundo es mundo hay evolución, y desde que existe la humanidad hay innovación. Y una de las últimas innovaciones ha sido la cadena de bloques o “blockchain”, una tecnología que según algunos expertos puede cambiar la forma en la que compartimos y almacenamos información, datos, o realizamos cualquier transacción.

Pero empecemos definiendo qué es y porqué puede ser interesante.

La tecnología blockchain es un sistema de custodia y transferencia de valor o de información sin intervención de terceros, que a su vez está formada por un conjunto de tecnologías, como son la descentralización y la criptografía, y que identifican una nueva forma de realizar el proceso de transferencia de datos. Además, es la tecnología que está detrás de las criptomonedas.

Funciona como un “libro de contabilidad” compartido, donde cualquiera puede escribir una transacción o una información para que quede reflejada, sin posibilidad de ser modificada, pero con la ventaja de poder compartirla de manera privada, es decir, sin intermediarios, y de manera totalmente trazable, para poder verificar los datos grabados. Quizá dicho de esta manera pueda parecer complejo de entender, pero digamos que es un libro donde se puede escribir información para transmitirla de manera segura y sin posibilidad de modificarla, y donde además se puede hacer seguimiento de ella.

Así, las características más importantes de esta nueva tecnología son la seguridad, porque no se puede modificar, la privacidad, porque no existen intermediarios, la transparencia, porque se puede ver perfectamente quién ha grabado la información, y la trazabilidad, porque se puede hacer seguimiento de todos los movimientos que se han realizado. Para entender el funcionamiento, cada transacción o información reflejada en el libro de contabilidad será examinada y validada por un grupo de ordenadores, que necesitan resolver un problema matemático, de manera que el primero que lo resuelve es el que va a grabar la información en el bloque que formará parte de la cadena.

A estos ordenadores se les llama “mineros”, y reciben una recompensa por realizar el trabajo de escribir la información en cada bloque que resuelven más rápido que el resto. Una vez resuelto el problema matemático, el “minero” coge un código alfanumérico de cifrado criptográfico del bloque anterior ya resuelto y graba un nuevo código alfanumérico al nuevo bloque que está construyendo, de esta manera los bloques quedarán entrelazados formándose la cadena. A continuación, se guarda la información de la cadena de bloques con el nuevo bloque formado en todos los ordenadores conectados, y vuelve a comenzar el proceso. Esta cadena de bloques se compartirá entre muchos ordenadores para asegurar que no se pueda modificar. A estos ordenadores se les llama “nodos”.

Es por esto que se dice que las cadenas de bloques no se pueden “hackear” para modificar, de manera que son completamente seguras, aunque recientemente se ha descubierto que esto no es del todo cierto y si tienen algunas vulnerabilidades que luego explicaremos. Podemos identificar tres tipos de cadenas de bloques, las públicas y las privadas, y las mixtas, y como la definición indica, en las primeras podrá grabar información cualquiera, mientras que en las segundas sólo podrán grabar información aquellas personas (ordenadores) que tengan permiso.

Ejemplos de cadenas de bloques públicas son Bitcoin y Ethereum, y tienen su código y sus datos abierto al público, por lo que cualquier persona puede revisar, auditar, validar, desarrollar y guardar la red. Ejemplos de cadenas de bloques privadas son las que crean algunas empresas, y su código y sus datos sólo están accesibles para aquellas personas que tengan permisos.

Las redes públicas son descentralizadas, es decir, no existe ninguna entidad central que esté regulando su funcionamiento, mientras que en las redes privadas si existe una entidad de control. Las redes mixtas se llaman así porque son un híbrido entre las públicas y las privadas. Estas redes tratan de aprovechar lo mejor de los dos mundos, y serían muy útiles, por ejemplo, para gobiernos o entidades públicas que quieran compartir sus datos con los ciudadanos de un determinado país de forma segura, pero que ninguno de ellos pudiera modificarlos.

Antes hemos hablado de las recompensas que reciben los mineros por resolver el problema matemático para crear y guardar los bloques. Así como en las cadenas públicas se han creado las criptomonedas para pagar a los mineros por el esfuerzo realizado, en las cadenas privadas esto no es necesario, ya que no necesitan ordenadores que aseguren y distribuyan la información. Sin embargo, muchas redes privadas han creado sus propias criptomonedas para financiarse, vendiendo una parte de ellas a cambio poder utilizarlas dentro de su proyecto.

Es por esto que debemos informarnos muy bien antes de invertir en una criptomoneda, para saber realmente si forma parte de una cadena pública o privada, y para conocer el uso que le podremos dar a la misma. Por ejemplo, Bitcoin sirve para realizar transacciones o custodia de valor (el valor que le da el mercado con el precio que otras personas están dispuestas a pagar por él), mientras que otras criptomonedas de cadenas privadas nos sirven para recibir mejores condiciones en cuanto a comisiones al utilizar sus plataformas. El valor en el mercado también dependerá de su uso y de sus condiciones.

Entendiendo ahora el funcionamiento de la cadena de bloques y de las criptomonedas, podemos ver que éstas son una consecuencia de la tecnología, pero no un uso de la misma. Sin embargo, existen muchos más usos además de las transacciones o las transferencias de información.

Uno de los usos que más se están desarrollando en los últimos años es la “tokenización” de activos, que, para entenderlo de manera más sencilla, sería como crear acciones o títulos de ese activo. Esto implica la digitalización del activo, ya sea del mundo real o del mundo digital, para dividirlo (si así se desea) en partes más pequeñas, y poder vender sólo aquellas partes que nos interesen, por ejemplo de un cuadro, de una casa, de una canción o de un diseño digital.

Imaginemos que tenemos una propiedad y queremos venderla, pero queremos hacerlo como multipropiedad porque así lo desean varios compradores (o nosotros). A través de la tokenización del activo podríamos realizar un contrato con cada uno de los compradores por una participación de esa propiedad. Hasta aquí nada nuevo. Sin embargo, si nosotros tokenizamos (digitalizamos) esa propiedad, se podrían crear unos contratos entre las partes de manera que se podrían ejecutar de manera fiable, privada y transparente, sin necesidad de intermediarios, ahorrando mucho en costes y proporcionando, aun así, seguridad a todas las partes.

Otros usos de la cadena de bloques podrían ser el almacenamiento de información en la nube de forma segura y descentralizada, simplificación de los trámites administrativos en la gestión de la cadena de suministro y los transportes para ahorrar costes, reserva y transmisión de datos personales únicamente a aquellas entidades y personas que nos interese. También se puede utilizar para votaciones seguras, expedición de diplomas y certificados, ciberseguridad, y, por supuesto, pagos de impuestos.

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