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València a tota virolla

Hay una verdad desnuda en La Finca Roja

En la colmena entre manzanas imaginada por Viedma, como en una transarquitectura holograma desde Viena a la calle Jesús, Francesc Rifé ha desnudado una verdad que andaba escondida

12/12/2020 - 

VALÈNCIA. Hay una serie de edificios contados que tienen una carga de claves tan poderosa que, aún quitándole capas, cubierta a cubierta, termina sobresaliendo su verdad. La verdad atrincherada tras los pasos del tiempo. La Finca Roja, la de Viedma, a mitad camino entre el reconocimiento y el desconocimiento, es un suelo especialmente fértil para rascar más allá de la evidencia. El castillo de las ocho torres. El cetáceo varado sobre una manzana a la que delimitan, como saetas, las calles Albacete, Jesús, Marvá y Maluquer. La rara avis del urbanismo de aquí. El viaje a la Viena marxista previo volteo por la arquitectura de Amsterdam. La fortaleza bajo cuatro llaves. La colmena vigilada por un gran ojo en forma de patio interior, era el intento de recrear una colonia casi utópica donde las relaciones sociales fluyesen bien líquidas.

En uno de esas expediciones a la Finca, hace cosa de seis años, por su ochenta aniversario, contábamos cómo casi sin excepción sus vecinos padecen una suerte de trastorno que les hace flotar de orgullo cuando se refieren al bloque en el que viven o vivieron. Aquí sí se ha dado la convivencia amable entre el hito arquitectónico y sus habitantes, a pesar de que las mejores intenciones de reunión colectiva, patio y bajos, se hayan quedado en el territorio de las buenas intenciones

Uno de los visitantes llegados que, igualmente, sufrió el trastorno de inmediato fue el interiorista y diseñador industrial barcelonés Francesc Rifé. En el castillo de las ocho torres -palanca edificatoria ante el éxodo de los agricultores a la ciudad- Rifé encontró una verdad.

Foto: DAVID ZARZOSO

Un proyecto íntimo en el que, en lugar de sumar, se desgajó como quien retira añadidos molestos a un fruto. Rifé encontró el nombre al proyecto a partir del propósito: se llamaría ‘Una verdad desnuda’ y desde 2019 forma parte de la historia latente de la Finca Roja. 

El encuentro con este espacio fue… conmovedor”, comenta al otro lado Rifé. “Me encontré con un espacio afortunadamente lo bastante desnudo como para poner en valor sus rasgos originales, y tuve esa tremenda sensación de saber que muchos de esos elementos eran parte de la historia de la ciudad. Siempre suele ser doloroso entrar en viviendas en las que no se le ha prestado la suficiente atención a la historia, pero aquí aún se podía leer bien el tiempo”.

Y el lugar comenzó a leerse. Siguiendo la analogía, desde la última página partiendo hacia la primera. ‘La verdad desnuda’ tiene su epílogo en una planta baja de La Finca Roja. El propio ladrillo rojo o las baldosas hidráulicas dibujaban sus contornos fundamentales. El paso del tiempo, todos los cambios registrados sobre su piel, venían a ser puntos críticos a la hora de discernir cómo reelaborarla. 

Foto: DAVID ZARZOSO

“El deseo de ordenar y perfeccionar -cuenta su creador-, nos llevó a crear un nuevo diseño que cumpliera con las condiciones de un espacio de trabajo, pero lo suficientemente cálido e íntimo para que hiciera las veces de vivienda.” Un spoiler, apenas unos meses antes de que la vinculación entre vivienda y trabajo fuera a estrecharse. 

A partir de ese origen, el bajo de la Finca comienza a vestirse: una parte de él con madera de chopo teñida en negro. “Para mí -sigue Francesc Rifé- es el color más neutro que existe, mucho más imparcial que el blanco, y lleno de matices. Con él buscaba resaltar el increíble "collage" de hidráulicos valencianos del suelo y las “heridas” de las distribuciones previas”. Esa imparcialidad contribuye a ceder el protagonismo a los hechos históricos de la composición, “permiten leer en el suelo la multitud de estancias que originariamente formaban la vivienda”. 

Y, entonces, el juego: una mesa en el corazón de la sala de estar, que servirá tanto de mesa de reuniones como de comedor. Un escritorio, estanterías, y un volumen de armarios para el almacenamiento de material, “integrándose en la propia armadura como un solo elemento arquitectónico”. Una zona de televisión, lectura, chimenea, cocina, acceso a una pequeña terraza y comunicación directa con el resto de habitaciones completan el engranaje. Su orientación hacia el jardín central determina la relación de la vivienda con el espacio interior donde Viedma imaginó una extensión de la ciudad. 

Foto: DAVID ZARZOSO

“Creo que nuestra intervención -define Rifé- es un abrazo al edificio. Descubrir un ejercicio de arquitectura espléndido como es la Finca Roja te obliga a explorar, y una vez más descubres que hay mucho debajo de la evidencia”.

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