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CHIPS EN EL BELVEDERE / OPINIÓN

La historia nos da otra oportunidad con Ford

Foto: EDUARDO MANZANA
30/06/2022 - 

Gran noticia la adjudicación a la planta de Ford de Almussafes de la carga de producción de vehículos eléctricos. Esta vez sí hemos sentido cómo se movía el suelo bajo nuestros pies. Qué mala sensación. Se atribuye a Mark Twain la frase “la historia no se repite, pero rima”. Y ahora que lo peor ha pasado es el momento de hacer balance sobre los casi 50 años de la firma del óvalo en Valencia. Porque, si permanecemos inmóviles, lo más probable es que sigamos rimando y, aunque ha habido muchas luces, no siempre hemos seguido las métricas de otros territorios en el sector.

¿Qué centros de decisión del sector automovilístico habrían quedado en el suelo de la Comunitat si Ford hubiera decidido dejarnos? ¿Cuánta industria estratégica con impacto global, de capital local, hemos conseguido incentivar en medio siglo?

Son preguntas muy pertinentes. No para autoflagelarnos, que bastante tenemos con la inflación, la confusión entre los consumidores (harakiri de Europa dicen algunos) por la transición al coche eléctrico y consiguiente caída de ventas, los problemas de la cadena de suministro global y la invasión de Ucrania ordenada por Putin. Sino para revisar lo sucedido y diseñar una estrategia de modo que, dentro de unas décadas, cuando venga otro cambio de ciclo tecnológico, hayamos conseguido enraizar más en la Comunitat Valenciana al sector. 

El presidente de Ametic, Pedro Mier, uno de los pocos dirigentes empresariales que tomó la palabra en la presentación del Perte del automóvil en la Moncloa, me hablaba días después de la importancia de retener en Europa centros de decisión empresarial como una cuestión de Estado, próxima a la seguridad nacional. 

Foto: EDUARDO MANZANA

Hay margen para preparar una estrategia para hablar con voz propia industrial en la cuestión del coche eléctrico. Cuando consulté acerca de ello a Pablo Frías, investigador de la Universidad Pontificia de Comillas, que lleva más de una década analizando el impacto que tendrán en la red, me explicó que cada año se venden un millón de coches de cualquier clase en España, el día que todos ellos sean eléctricos aún faltarán 25 años aproximadamente para que el 100% del parque de vehículos abandone el motor de combustión. Y el crecimiento exponencial del segmento electrificado no se espera que arranque antes de 2023-2025.

Contamos con un Clúster de la Automoción ejemplar en su apuesta por la gestión profesionalizada, la interlocución institucional y la apertura internacional. Su presidenta habla con razón de la oportunidad histórica de atraer inversiones y ojalá lo consigamos. Pero, en paralelo, ahora que hay tecnologías como las vinculadas a la electrificación, la microelectrónica, la inteligencia artificial, la carga (y descarga) en la red, el almacenamiento, la conducción autónoma, el internet de las cosas, la sensórica, los nuevos materiales, que se encuentran en la fase de despegue, conviene encontrar nuevas vías para incentivar la aparición de industria de capital valenciano ahí. Debemos apoyar a los innovadores con una estrategia institucional y financiera.

La Red de Institutos Tecnológicos (Redit) intentó poner en marcha en la primera década de este siglo un Centro de Apoyo a la Industria Auxiliar a la Automoción, bautizado como Red Tecnológica de Automoción (Redita) con ocho centros y financiación del Programa de Fomento de la Investigación Técnica (Profit) del Ministerio de Industria. No he conseguido saber con exactitud por qué se aparcó una idea tan bien diseñada y tan lógica. Quizás es el momento de retomarla, con las variaciones que sea necesario aplicar.

Foto: EDUARDO MANZANA

Apuntémonos una fecha en el calendario: a los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia les quedan un año y medio de vida. Casi se diría que para alivio de un Gobierno que se está viendo superado, con una manifiesta incapacidad para encontrar vías útiles y ágiles para dar salida a ese dinero. De modo que tenemos lo que nos temíamos: rotondas digitales. Inclusivas, eso sí. La cosa no da para más. Y encima viene campaña electoral, que es el contexto menos apropiado para el riesgo y la innovación. De tecnología ya ni hablamos.

En este año y medio de fuegos artificiales al que nos abocamos, simplemente no hay tiempo para financiar una estrategia de reconversión industrial basada en I+D propia. La tecnología que no hayamos sido capaces de generar ya, la tendremos que comprar en otros países. Ahí se irá el dinero del Plan de Recuperación. Quizás nos sintamos ricos con la billetera llena de dinero público, pero demos por seguro que aquellos a los que les compramos la tecnología se sienten bastante mejor que nosotros, porque aplican un margen de beneficio. Si son americanos, les encanta el 70%, por ejemplo, me confiesa un histórico de Silicon Valley. Los europeos somos más comedidos y los españoles todavía más. 

Dado que vía Perte no se va a potenciar la innovación propia, sino fundamentalmente la compra de tecnología a terceros, debemos asumir que el diseño y desarrollo de una estrategia para aprovechar las décadas por delante de Ford y Volkswagen en la Comunitat Valenciana nos corresponde directamente a nosotros. No basta con dar la bienvenida a las fantásticas inversiones que vendrán, superemos de una vez el ‘Síndrome de la Pepica’. La historia ha querido darnos otra oportunidad. Qué afortunados somos.

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