exposición cuarto milenio

Iker Jiménez trae a Valencia su Museo de los Errores

El popular presentador inaugura ‘Cuarto Milenio. La Exposición’ en el Ateneo y cuelga el cartel de “no hay localidades” para sus dos 'Noches de Misterio' en el Teatro Olympia

11/06/2016 - 

VALENCIA. Hay una anécdota que define perfectamente al misteriodista Iker Jiménez. Cuando arreciaban las críticas contra las famosas (y efímeras) Power Balance, esas pulseritas que daban poderes casi mágicos a su portador, él presentaba Cuarto Milenio con una en cada muñeca. No es que fuera el doble de tonto que el común de los mortales ni que le hubieran engañado dos veces. Más bien era su manera de dejar claro por dónde se pasa las opiniones de sus críticos. Motivos no le faltan: era la época en la que triunfaba en las madrugadas de la Ser y en las noches de Cuatro a partes iguales. Y tanto triunfó, que acabó por dejarse la radio y dedicarse a ganar carretillas de dinero paseando por España los decorados que le hace Juan Villa para Cuarto Milenio. Por lo visto, es parte de un plan cuya última parada es crear un museo permanente. No es una amenaza, es una advertencia.

El presentador se dejó ver por Valencia precisamente para presentar Cuarto Milenio. La Exposición (que estará en el Ateneo Mercantil de Valencia hasta el próximo 3 de julio), cuyo precio es de 14,30 euros, apenas 1,70 euros menos que visitar el Prado y disfrutar, además, de El Bosco. La exposición del V centenario. Las comparaciones son odiosas, pero a veces son un buen indicio del nivel cultural de este país. Además, viernes y sábado, Iker se reunirá con su público en el Teatro Olympia para su espectáculo Las noches del misterio, que en menos de dos horas agotó las entradas (a 28, 33 y 38 euros). Teniendo en cuenta que el aforo del susodicho es de 1.051 localidades, se va a convertir en la visita más rentable que alguien ha hecho a la ciudad, sólo superada por la del Bigotes.

Lo primero que hay que reconocer es que el que pague su entrada sabe a lo que va, y no va a salir defraudado. Hay material de sobra para disfrutar (o desesperarse) durante la hora aproximada que dura la visita. Incluso para el que no tenga al vitoriano en gran estima, hay mucho que vale la pena como la maqueta que recrea el mítico crimen de Los Galindos, el traje de astronauta que diseñó el militar español Emilio Herrera (el primero de la historia) y varias cosas más. Si se trata de pasárselo bien sin más, Cuarto Milenio. La Exposición es hasta recomendable. Pero si es para tomársela en serio, es contraproducente. Ni los damnificados de la Logse se merecen eso.

El terrible Hombre Polilla

Un dato. Llega el visitante y le recibe una estatua del temible Hombre Polilla que, según explica el cartel, se aparecía a los visitantes de Point Pleaseant (West Virginia) allá a mediados de los 60. La historia (que inspiró la película Mothman: la última profecía) se hizo famosa gracias al chiflado de John Keel, víctima de una broma de Gray Baker, uno de los grandes cachondos que ha dado la historia de lo paranormal. A unos metros, un cartel recuerda sin el menor intento de ser irónico, que la exposición va dirigida a “los que no temen ir a contracorriente en busca de la luz del conocimiento”. Y así con todo.

Dice Iker, para disculparse, que la muestra invita a recuperar “el alma de la niñez” y cosas de esas, pero de camino te la clava. Es el rey de la ambigüedad y la equidistancia, esa que tanto molestaba al maestro Kapuściński, y que realidad no es más que tirar la piedra y esconder la mano. Decía en la presentación que él cree y respeta la Ciencia, pues que nos explique entonces qué hace llamando ‘maestro’ a Enrique de Vicente, que parece que de pequeño se cayó en la marmita de Terry, o llevar a una septuagenaria que utiliza una bola de cristal para hablar con los muertos, por citar sólo a dos. Es verdad que también lleva científicos a modo de coartada y a profesores que nos recuerdan lo mal que está la universidad española.

A su favor hay que decir que si como periodista es mejor no decir nada, como comunicador es un fuera de serie y que domina el medio televisivo como pocos. Sólo El Hormiguero puede presumir de tener mejor producción que Cuarto Milenio, y si lo comparamos con los programas de misterio de otros países no es que juegue en la Champions League, es que es la Champions League. No hay ninguno que le llegue a la suela de los zapatos.

También hay que reconocerle su simpatía en la distancia corta, su estilo de tratar a sus seguidores como si fueran catedráticos y haber creado un estilo propio. Javier Sierra vende muchos libros, pero su intento de hacerle la competencia desde TVE sólo duró una entrega. Ha sabido recoger muy bien la herencia de J.J. Benítez pero sin llegar a los límites de intentar hacer pasar una cinta rodada en Bilbao por un documento censurado por la NASA sobre bases en la Luna. Y, desde luego, tiene más estilo que otros como el ecolojeta Josep Pamiés a quien su alopecia no le impide vender crecepelo en su web. Tampoco es que le tiemble la mano a la hora de inventárselas, pero lo hace mejor que otros.

Suele presumir Iker de ser políticamente incorrecto y de hablar de lo que otros no hablan. Y tiene razón, sobre todo de lo segundo. Y que siga siendo así: sólo falta que se llenen los telediarios de ovnis, fantasmas o viajes en el tiempo. Bueno, el de la Primera tiene bastante de lo último, cada día recuerda más al NODO. Lo que pasa es que en un momento en que sobre la profesión pesa una espada de Damocles en forma de Ley Mordaza, ir de aguerrido periodista con sus milongas para no dormir no está bien. Mientras se ha llegado a los extremos de pedir penas de cárcel para periodistas que han publicado hechos ciertos, su rollo mártir engañará a su parroquia, pero a nadie más.

En todo caso, todo esto a sus seguidores les da igual. Le adoran. Y al resto, nadie nos obliga ni a ver su programa ni a ir a su exposición. Pobre consuelo, pero algo es algo.

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