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Inelcom, los orfebres de la tecnología

La tecnología y la ingeniería están en el ADN de esta firma valenciana que, desde Xàtiva, ha extendido sus raíces al resto del mundo, aportando soluciones a problemas complejos. Una empresa fundada por Vicente Quilis, y hoy dirigida por su hijo Javier, que tiene también su razón de ser en el arte, pieza angular del proyecto

23/11/2022 - 

VALÈNCIA. Xàtiva puede presumir de haber dado cobijo a una de las familias más importantes del Renacimiento, los Borja, pero también a la familia Quilis —natural de La Pobla del Duc—, que ha revolucionado el sector de la tecnología y, cuya sensibilidad por el arte le ha llevado a aunar ambos conceptos a través de la empresa Inelcom. Una firma familiar que no olvida sus raíces y las extiende prácticamente por medio mundo, por esa vocación de dar respuesta a las necesidades de las personas. Incluso se podría decir que Vicente, presidente de la empresa que ahora dirige su hijo Javier, es el Steve Jobs valenciano: desde pequeño tuvo claro que quería ser ingeniero de telecomunicaciones y sus primeros proyectos surgieron en el altillo de la casa de sus padres. 

Precisamente, esa mentalidad emprendedora le llevó a formarse como ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid (1967) e hizo que se quedara allí para desarrollar su carrera profesional. Su mente estaba en la capital de España, pero su corazón, en la ciudad que le vio crecer. Tanto, que incluso fue en Xàtiva donde realizó sus primeros proyectos, vinculados al sector juguetero. Corría la década de los setenta y Vicente logró fabricar un millón de circuitos para empresas —e incluso algunas muñecas que se movían por radiocontrol— en la casa de sus padres y en otros pisos que tenía la familia en La Pobla del Duc. Una cadena de producción amateur, que incluso implicó a unas monjas de clausura: «nos pidieron trabajo, y fui yo mismo a enseñarles el prototipo, y la verdad es que nos hicieron muchas placas». 

Esta línea de trabajo la dejó en 1982, cuando «una resistencia en Taiwán valía diez céntimos y en España una peseta, así que llamé a todos los jugueteros para decirles que me retiraba, que no podíamos competir». Incluso les aconsejó buscar otras opciones. Otro recuerdo le lleva hasta Alzira y Carcaixent, donde ideó un sistema para clasificar las naranjas y los tomates por peso, tamaño y color. Y otro le lleva a su época estudiantil, cuando logró que la residencia en la que vivía comprara naranjas valencianas. 

Vicente ya estaba en la senda de la ingeniería enfocada a aportar soluciones. También había entrado en el sector de las telecomunicaciones, pero no sería hasta 1980 cuando decide fundar Inelcom. Y es precisamente ese sentimiento encontrado el que le lleva a ubicar en Pozuelo de Alarcón las oficinas centrales y mantener en Xàtiva el core —«por motivos sentimentales y calidad de los trabajadores», concreta—. Y es en el corazón, la factoría de Xàtiva, donde se realiza la fabricación de equipos electrónicos. Salas repletas de placas base, componentes electrónicos y microchips que, mágicamente ensamblados con la ayuda de máquinas o personas, dan solución a problemas que plantean los clientes. Artilugios y cachivaches que permiten el acceso sin llave a edificios, iluminan estadios de baloncesto o ciudades de forma eficiente, crean redes neutras —abiertas a cualquier operador— o diseñan complejos sistemas de regadío. 

Soluciones, todas ellas, que van de la mano de la tecnología y la ingeniería, palancas sin las cuales la compañía no podría haber avanzado. «Si Inelcom no tuviera esa faceta tecnológica y de ingeniería, la empresa estaría cerrada, ni siquiera habría nacido», resalta Vicente. Palabras que matiza al expresar que «la fábrica está muy bien, pero la base de todo ha sido la ingeniería, desde los desarrollos, a montar las máquinas o a elegir la adecuada». Pero, como matiza Javier, hay que usar la tecnología con sentido común y con un propósito claro: «La tecnología es esencial, pues cuanto más inviertas en ella, mejores herramientas tendrás para optimizar procesos, ser más eficiente, evitar generar residuos, no malgastar recursos… Por ello, la clave es hacer un uso correcto de esa tecnología».

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Soluciones a medida 

Bajo ese prisma idean piezas de orfebrería tecnológica, cuidadosamente diseñadas, para dar respuesta a las necesidades de cada compañía, sin importar el sector o la magnitud del proyecto. Una labor para la cual realizan labores de consultoría, fabricación, diseño, servicios y operaciones de equipos electrónicos a empresas. Un trabajo amplio y complejo que Javier Quilis lo resume expresando que «Inelcom acompaña con electrónica y con servicios en todo lo que necesiten los clientes, para facilitarles su operación y para proteger su inversión, siempre teniendo en cuenta los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el compromiso con el medioambiente». Consciente del gran abanico de servicios que ofrecen, Javier recalca que, «aunque hacemos muchas cosas diferentes, la realidad es que tenemos un catálogo focalizado en productos, sistemas y servicios que aportan valor y que son diferenciales a nivel mundial». En otras palabras: de cada sector se especializan en un aspecto y, para aportar un mejor servicio, Inelcom está integrada por cuatro empresas, cada una especializada en un área. 

Precisamente, esa versatilidad demostrada a lo largo de sus más de cuarenta años de experiencia les ha llevado a tener proyectos en prácticamente todas las áreas y sectores imaginables. Así, han trabajado en el nuevo sistema electrónico del estadio Santiago Bernabéu, iluminaron con luces led el del Valencia Basket, tienen complejos sistemas de regadío y en Múnich trabajan junto a Telefónica en la instalación de fibra óptica —proyecto Beethoven— en más de dos millones de hogares a través de una red abierta a cualquier operador. «Esa experiencia acumulada en estos cuarenta y dos años —y algunos más previos a Inelcom—, que nos ha dado el tocar tantos palos y temas diferentes, ha hecho que participemos en proyectos de gran envergadura, compitiendo con empresas más grandes que nosotros», comenta Vicente con orgullo. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 97 (noviembre 2022) de la revista Plaza

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