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estudio de econcult

Inversión en cultura y crisis: el impacto del ‘modelo Calatrava’

25/11/2016 - 

VALENCIA. El modelo de los grandes eventos y grandes contenedores, de la importancia del tamaño, ha marcado el perfil de una Valencia que se ha alejado en las últimas décadas de lo que se venía desarrollando en ciudades similares por lo que respecta a la relación entre cultura y urbanismo. El ‘modelo Calatrava’ puso su base en la creación de nuevas estructuras en nuevos espacios, de la ampliación de la urbe a golpe de talonario. Los efectos fueron inmediatos, consiguiendo que en poco tiempo la ciudad se pusiera a la altura de otras urbes como Barcelona o Bilbao, sin embargo los cimientos del proyecto marcaron la diferencia ante la irrupción de una crisis económica que no todos supieron digerir. Este es el centro de estudio del informe The Calatrava model: reflections on resilience and urban plasticity, firmado por Rafael Boix, Pau Rausell y Raül Albedo, de Econcult, la Unidad de Investigación en Economía de la Cultura y Turismo de la Universitat de València.

El estudio compara la V con las dos B: Bilbao y Barcelona. La primera encuentra como gran icono de su modelo al museo Guggenheim, obra del arquitecto Frank O. Gehry, integrado en el proceso reforma del área Abandoibarra, una zona degradada tras la crisis de la industria metalúrgica en el inicio de la década de los 80, una intervención que iba más allá de la construcción de un atractivo turístico, sino que buscaba cambiar el modelo económico de la zona. El área, una extensión de unos 348.000 metros cuadrados que durante años estuvo destinada a la actividad portuaria, ahora alberga algunos de los puntos más destacados de la ciudad pues, además del museo, cuenta con la Biblioteca de la Universidad de Deusto, de Rafael Moneo; el Paraninfo de la UPV-EHU, de Álvaro Siza; o la Torre Iberdrola, de César Pelli.  

Foto: Eva Máñez.

Por otra parte, el estudio toma también como ejemplo la ciudad de Barcelona y su proyecto 22@, con el que se ha transformado doscientas hectáreas de suelo industrial de Poblenou en un distrito creado para la concentración estratégica de actividades intensivas en conocimiento, un ambicioso plan de renovación urbana que ha contado con una inversión pública del plan de infraestructuras de 180 millones de euros. También cuenta este proyecto con un icono: la torre Agbar, el tercer edificio más alto de la capital catalana, diseñado por Jean Nouvel, un edificio que -no sin polémica- está en pleno proceso de venta y, en un futuro cercano, transformación en hotel de lujo.

Por su parte, la Ciudad de las Artes y las Ciencias dotó a Valencia de un conjunto dedicado a la divulgación científica y cultural integrado por seis grandes inmuebles: el Hemisfèric (cine IMAX y proyecciones digitales), el Umbracle (mirador ajardinado y aparcamiento), el Museu de les Ciències Príncep Felipe (centro de ciencia interactiva), el Oceanogràfic (el mayor acuario de Europa), el Palau de les Arts Reina Sofía (dedicado la programación operística) y el Ágora. Con un coste inicialmente fijado en más de 300 millones de euros, que finalmente acabó costando a las arcas públicas 1.280 millones de euros, este es el número uno de una lista de grandes contenedores/eventos que también suma al circuito de Fórmula 1 o la celebración de la America's Cup. Si bien, en el caso de la obra de Calatrava, el plan buscaba generar un nuevo espacio, mientras que Barcelona o Bilbao se centraron en revitalizar aquellos ya existentes, barrios que habían perdido la industria que antaño les hizo brillar. 

Y llegó la crisis

Tres ciudades y tres proyectos basados en el conocimiento cuya fortaleza se puso a prueba con la llegada de la crisis económica a España en el año 2007, ejercicio que obligó a más de uno a reflexionar sobre la resistencia de aquello que llevaba años levantando y el futuro de dichos proyectos. Efectivamente, tal y como se extrae del estudio, el llamado ‘modelo Calatrava’ consiguió muy buenos resultados inmediatos en lo que se refiere a crecimiento y trabajo, siendo la subida de la tasa de empleo de Valencia entre 1999 y 2007 (un 27,5%) mucho mayor que en Barcelona (22,6%) y Bilbao (9,9%). También creció con más ímpetu el trabajo en actividades intensivas en conocimiento, un 40,3% frente al 25% de Bilbao y Barcelona, mientras que el empleo en cultura, entretenimiento y deportes subió un 58,2% en Valencia, muy por encima del 33% y 31,9% de Barcelona y Bilbao respectivamente.

Foto: Eva Máñez.

Sin embargo, aunque los resultados en primera instancia fueron remarcables, con datos que superaban a sus hermanas, el modelo ha demostrado su “debilidad”, tal y como se explica en el estudio, una vez la crisis económica puso a prueba al país. La fuerte destrucción de empleo de alto nivel en Valencia también ha hecho mucho más lenta su recuperación pues, a pesar de los datos negativos hasta 2013, la recuperación en el periodo 2007-2015 en Bilbao es del 1%, con el mantenimiento de Barcelona. De esta forma, según se explica en el informe desarrollado por Econcult, existe una correlación entre el nivel de empleo en arte y entretenimiento en la ciudad antes de la crisis y los niveles más bajos de destrucción de empleo entre 2007 y 2013, el año más duro de crisis, en las ciudades españolas de más de 350.000 habitantes.

La tendencia se mantiene en todos los casos. O, bueno, en casi todos. “Las ciudades que han incrementado el presupuesto cultural han soportado mejor la crisis económica con una única excepción: la ciudad de Valencia”, explicó Rafael Boix durante la jornada 'Políticas urbanas orientadas a las actividades culturales y creativas para una nueva Europa’, organizada por la Cátedra Ciudad de Valencia y celebrada en La Nau. Así, por su tasa de empleo en el sector cultural, el cap i casal debería haber destruido 10 puntos menos de empleo, mientras que Barcelona y Bilbao “donde las transformaciones culturales fueron bien planificadas”, muestran los datos más bajos de destrucción de empleo. De nuevo Abandoibarra y 22@ contra la Ciudad de las Artes y las Ciencias. De esto se deriva que el ‘modelo Calatrava’ resulta circunstancial y volátil.  

Mapa cultural disperso

Aunque Valencia sí mantuvo mejor el golpe en el sector del arte, la cultura, el entretenimiento y el deporte, lo cierto es que la conexión con el megaproyecto que supuso la Ciudad de las Artes y las Ciencias para la urbe no es evidente. De hecho, el informe indica que las industrias creativas y los sectores con intensidad alta de conocimiento, que en otras ciudades sí se concentran en las zonas donde se han desarrollado los citados proyectos urbanísticos, en Valencia están más dispersos, concentrándose en otros barrios. De esta manera, según el estudio Valencia industrias creativas y culturales, realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) para la fundación InnDea en 2015, la mayor parte de las industria creativas están concentradas en el centro histórico de la ciudad o en barrios como Ruzafa. 

Así, por lo que respecta a la distribución de las actividades creativas y culturales, con datos de 2013, es Ciutat Vella el distrito más potente en este sentido, pues concentra el 14% de las actividades creativas de la ciudad, destacando El Carmen donde el 20% de sus actividades son creativas. Muy cerca, con 1.459 actividades frente a las 1.576 de Ciutat Vella, se sitúa L'Eixample en segunda posición, donde toma relevancia la actividad editorial e ilustradora y la presencia de diseñadores y artistas localizados en el barrio de Ruzafa. Es Extramurs el tercer núcleo de la ciudad donde se concentran más de mil actividades creativas y culturales, donde los barrios de Arrancapins y La Petxina acogen el 20% de las actividades relacionadas con el patrimonio de la ciudad.

Contenido para la ciudad

Foto: Eva Máñez.

Si se compara desde el punto de vista de la integración de industrias culturales, el estudio refleja una dispersión evidente aunque, efectivamente, la Ciudad de las Artes y las Ciencias sí ha cumplido su papel en tanto que atractivo turístico. El gigante blanco es el monumento más visitado de la ciudad sin competencia alguna. El Anuari Estadístic de la Ciutat de València 2015 apunta al Museo de las Ciencias Príncipe Felipe como el espacio expositivo más visitado, con 1.092.224 de visitas. Por su parte, l'Oceanogràfic también supera el millón (1.002.966 visitas) mientras que l'Hemisfèric suma 289.554 entradas. 

En total, junto con el Ágora y la celebración de distintos eventos en sus espacios, la Ciudad de las Artes supera los 2,8 millones de visitas, una cifra que se presenta casi imposible de alcanzar para otros atractivos como La Lonja, único Patrimonio Material de la Humanidad de Valencia, que suma 488.498 visitas; el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM), con 282.760; o el Centre Cultural La Beneficència, que presentó un balance de 200.784 visitas.

El elefantiásico gigante de Santiago Calatrava es, independientemente de los gustos, una parte que la ciudad, antes o después, ha de absorber. En un polo se encuentra el Ágora que, a pesar de las informaciones con respecto a la posible ubicación de un futuro Caixaforum, lo cierto es que su presente es incierto. Por otra parte, uno de los casos de éxito reciente ha sido la instalación en 2012 del Berklee College of Music en uno de los anexos del Palau de les Arts Reina Sofía. La prestigiosa institución, fundada en 1945 en la ciudad de Boston (Estados Unidos), cerró su primer curso con más de un centenar de alumnos de 29 países, un proyecto que sigue adelante y que, más allá de la propia tarea académica, suma otras iniciativas como los ciclos 'Un lago de conciertos' o su colaboración con la EMT para llevar a cabo actuaciones en la red de autobuses de la ciudad. 

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