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el cudolet / OPINIÓN

Jaque mate

Foto: Jesús Hellín/Europa Press
22/08/2020 - 

No sé cuál de las dos salidas, si la de Dani Parejo del Valencia C.F, o la del rey emérito de España me han impactado más. Sigo sorprendido por la marcha de los dos capitanes. Todavía sigo masticando las novelescas noticias. Me gusta poco o nada escribir sobre lo que engloba al interés nacional, más que nada, porque ya contamos con muchos escribas que viven parapetados en ello con ávidas y ácidas plumas. Aunque siempre he mostrado cierto interés por todo lo que se enfunda sobre la casa real. Nací bajo las cenizas de un cambio de régimen. Soy hijo de la Constitución firmante de 1978, no la rubriqué por mi corta edad, lo hicieron otros por mí. Estudié la carta magna durante la EGB recintándola cada viernes a un profesor, Don Carlos, que impartía la asignatura de Ciencias Sociales en los Hermanos Maristas dónde formé mis estudios académicos. Crecí en un país necesitado de urgentes reformas. Allí estaba el gran orador, Felipe González, joven abogado sevillano que lideraba una España que avanzaba a un ritmo vertiginoso, entrando por la puerta grande a Europa, y eso que por aquel entonces no funcionaba ni la Intertoto.

Cuando uno ha nacido en una familia conservadora y católica la vida la observa de otra manera, hasta que el desapego acaba desmontando el lego artificial de algo no deseado. En aquel momento, en aquel tiempo, siendo molt xicotet me alimenté de la figura del Jefe de la Iglesia, Juan Pablo II  o de la del Rey Juan Carlos I, dos caras amables de muchas de las portadas y noticias de los periódicos locales y nacionales. Las cámaras de RTVE siempre dirigían la atenta mirada a la familia real o al Papa. Aún conservo el recuerdo de la visita de Juan Pablo II a València, que por imposición tuve que cortejarle a su paso con una banderita de España en la mano. Por el contrario, en la recepción oficial de la familia real a València, mi memoria hace aflorar el recuerdo en una de mis estancias al photocall del Restaurante Levante en la localidad de valenciana de Benisanó, por cierto, grandes arroceros. Quizá, porque mi viejo nunca se inclinó por ser un defensor de la monarquía y eso que era más patriota y de derechas que el propio Antonio Recio, mayorista del congelado de una serie de televisión.

"Demos fin a esta larga partida de ajedrez realizando una jugada maestra de jaque mate, los peones hemos sufrido mucho a lo largo de la historia y la reina más"

Aquella España fue golpeada casi a diario por los atentados de los terroristas de ETA. Un país que se levantaba cada mañana con la sangre de las víctimas y las lágrimas de las familias de cientos de personas asesinadas por la barbarie, familiares que junto a ellos en los funerales de Estado celebrados siempre recaía la bondad, complicidad y el apoyo de Juan Carlos I. Al unísono cualquier gesta deportiva conquistada por nuestros deportistas siempre aparecía la imagen de la Casa Real al lado de nuestros vencedores. Todas estas recepciones dieron pie a inmortalizar una imagen bondadosa, amable y hasta dichachera de Juan Carlos I, quedando mitificada en sus estancias veraniegas en la isla de Palma, y retratadas por las bellas instantáneas en las revistas del corazón. A veces esta armoniosa imagen, propio de un cuento de hadas, quedaba ennegrecida por los rumores de amantes que le achacaban los correveidiles en no clara sintonía con la divinidad de la realeza. Y eran desmentidos rápidamente por aquella generación de influyentes políticos y empresarios, élites que dominaban el momento, y que vieron en el rey de España el cristo salvador ante el fustrado golpe de Estado del 23F.

Ha llovido mucho desde entonces. Hoy gobierna su hijo Felipe VI, de ADN más griego que borbón, retirando todos los honores al padre que hizo callar al mismísimo Hugo Chávez. Menuda estrategia de marketing para subir los índices de popularidad de un rey en horas bajas. Hoy, el emérito, gran embajador de las empresas del IBEX 35, ha perdido toda la credibilidad que se ganó a pulso. Estos días los más influyentes columnistas de la prensa española han escrito mucho sobre su exilio, unos a favor y otros en contra. Me quedo con diferencia, y no es que sea santo de mi devoción con la respuesta del escritor del siglo de oro español Arturo Pérez Reverte en el artículo  publicado ¿Para qué necesito un rey?  Y no, por estar en desacuerdo con la monarquía es ir contra los intereses de España, como tampoco lo es, no estar a favor de la ampliación del Puerto de València es ir contra los intereses de los valencianos. Por ello demos fin a esta larga partida de ajedrez realizando una jugada maestra de jaque mate, los peones hemos sufrido mucho a lo largo de la historia y la reina más.

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