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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV 

Jon Sistiaga descubre el black metal

El primer capítulo de la serie de reportajes sobre música del periodista Jon Sistiaga se ha grabado en Noruega y ha sido dedicado al black metal. Centrado en los aspectos sensacionalistas del género, los suicidios, asesinatos y quema de iglesias de los 90, el documental reunía testimonios de músicos que definían el black como "el blues de los noruegos" y explicaban que solo incita a la violencia a quien previamente esté desequilibrado mentalmente

22/12/2018 - 

VALÈNCIA. Mi historia fue como sigue. Cayó en mis manos la revista italiana Grind Zone. No conocía todavía MetalliKO. Me quedé estupefacto. Los primeros 90 fueron muy malos años para el metal comercial. Si había algo era underground y no tenía mucho espacio en los medios habituales. Al margen de Pantera y Machine Head pocas novedades hubo dignas de ser reseñadas con gran entusiasmo. La cosa aburría, en los 80 habían salido clásicos inmortales a punta pala y, de repente, ya no había nada. La fuente estaba seca. 

Pero fue abrir esa revista y ver que no, que haber, había algo, lo que pasa es que estaba escondido. No había dónde encontrar los misteriosos discos de los que hablaban en esas páginas . Las fotos mostraban a personajes completamente idos de madre. Los nombres de los estilos o géneros eran inauditos. Los logotipos, para verlos. 

A través de intercambio de cassettes pirateados por correo postal, pude ir dando palos de ciego para enterarme de qué iba la escena. Luego Repulse Records y su catálogo detallado ya me permitió comprar con propiedad. Desde que le pillé el punto al Misteri dom sathanas de Mayhem, Hvis lyset tar oss de Burzum, The Somberlain de Dissection, Into Darkness de Winter, Odour of Torture de Gut o Nespithe de Demilich estuve atrapado durante unos años por lo que se conoce, en general, como metal extremo. Poco después, en un viaje a Noruega, pude ver una de las iglesias del siglo XII que habían quemado.

En la segunda mitad de los noventa, la tendencia a la aparición de nuevos grupos que reiteraban lo ya hecho, otros que discurrían por caminos operísticos y faranduleros menos sorprendentes y que, no nos engañemos, la puesta en escena más norma que excepción era de vergüenza ajena, me hizo perder el interés de manera natural por el metal extremo. Sin embargo, hace poco, más de quince años después, la publicación del libro de Salva Rubio, Metal extremo, me animó a gastarme el dinero y darme un baño de nostalgia. Aquello fue pura magia. Había olvidado la singularidad y la fuerza de esas bolas de ruido acompañadas de alaridos de desesperación. Revivirlas y recordarlas fue un gustazo. 

En su día, logré seducir a algunos amigos y conocidos con esas propuestas, pero normalmente nadie se veía atraído por una música que partía de esas premisas tan poco convencionales y desagradables. Siempre fue algo muy minoritario. No abunda el oyente desprejuiciado que trate de entender cualquier propuesta en la música popular. Sin embargo, con los años, pude apreciar un interés creciente y un auge del género, al menos de sus aspectos más sensacionalistas, que ha llegado al extremo inaudito de que hoy se pueda hablar con cualquier persona de Euronymous y Vikernes. Han salido reportajes en cantidades industriales y hay varios libros y documentales que se han hinchado a recibir visitas en YouTube. Cuando Harmony Korine metió dark y black metal (Bethelhem y Absu, entre otros) en la banda sonora de su película Gummo (1997) pensé que se había tocado techo, hoy es nada extraño escuchar estos géneros en el cine. 

Sistiaga viaja a Noruega

En España hay un déficit de música en televisión, mientras que en otros países hay que ejercitar el pulgar zapeando para quitarse la música de encima. La hora musa ha sido un intento digno de volver a programar algo, pero se basa en actuaciones en directo. En la era de YouTube, no es lo más apropiado. Antes era la única opción, la TV, para ver a un grupo desenvolverse en directo. Ahora es la última. 

Lo que sí que tiene sentido reivindicar es el reportaje. Si hay presupuesto y medios, se puede profundizar y llegar a la raíz de las infinitas manifestaciones de la música popular. Ni que decir tiene lo que podría hacer la televisión pública con su archivo y sus medios para localizar supervivientes y entrevistarlos. 

Contextualizar e ir más allá parece que es la intención de un nuevo programa musical, Jon&Joe, en el #0 de Movistar+, presentado por Jon Sistiaga y Joe Pérez Orive, cuya primera entrega fue para tratar el fenómeno del black metal noruego, nada menos. 

En los primeros minutos se explicó con dibujitos lo que es ampliamente conocido: por qué la etiqueta "noruego" en un grupo de "black metal" añadía un pedigrí diferenciado. Un grupo, Mayhem, tenía un cantante, Dead, que se voló la cabeza con una escopeta. Una foto de la escena del suicidio fue a parar a la portada de un disco en directo del grupo metió no sé cuántas puñaladas al líder del mismo y se fue al talego. Ese hombre también era el que quemaba las iglesias: Varg Vikernes, líder del grupo Burzum, que tiene tres discos clásicos del género. 

De toda la vida de dios, ante estos hechos hubo dos respuestas. La de que los grupos podían molar, pero sus popes eran unos gilipollas. Y la de que cómo era posible que en un país como Noruega, con sus servicios sociales y bienestar económico, a la juventud le diese por estas aficiones tan poco edificantes y solidarias. Hubo incluso más detalles, como el apuñalamiento de homosexuales o las tendencias neonazis serias -no teatralizadas en una ficción pactada con el oyente- de muchos de estos grupos que hicieron que a bastante aficionado al metal extremo en cualquiera de sus vertientes no le interesasen los noruegos ni quienes quisieran parecérseles. 

Es muy curioso en el reportaje de Sistiaga que, pese emplear un tono de mofa contenida, la terminología y encuadre de los grupos de los que habló tuvieran cierta precisión y rigor. Un grupo actual con el que conversaron afinó más, dijo que el black es "como blues para los noruegos". Aunque se encontraron con Nina Nielsen -en el acojonante parque de Vigeland en Oslo-, autora de una tesis doctoral sobre el fenómeno, le preguntaron lo de siempre, si una música así puede provocar reacciones violentas en quien la escucha, a lo que ella contestó también lo de siempre: solo si estás tocado del ala. 

Un ejemplo paradigmático son ellos mismos, como les explicó el periodista Didrik Søderlind, entrevistado por Sistiaga, primero los Venom británicos interpretaron sus personajes satánicos en unos elepés que se llamaron At war with Satan o Black Metal, el que dio nombre a todo, como algo divertido, una especie de parodia, pero cuando sus discos llegaron a Noruega, los jóvenes imitaron su sonido, pero lo llevaron más allá y encima la parafernalia se la tomaron en serio. 

Lo mejor del reportaje fue sin duda la entrevista a Necrobutcher de Mayhem en Helvete, la tienda donde se reunían los capos del Inner Circle, la organización de pirómanos. Jørn Stubberud, que así se llama realmente, contó que tras el incidente de las fotos del cadáver de su cantante, se tiró un farol y le dijo a Euronymous que no le llamase hasta que se deshiciera de ellas. Nunca más le llamaron. Cogieron a Vikernes como bajista y ya se sabe lo que pasó después. El bajista original de Mayhem explicó que de ninguna manera se esperaba que la cosa fuese a terminar como acabó. Encima, cuando todo esto sucedía, él era padre por primera vez y tenía otras obligaciones.

Más interesante y cuestionable es cuando se habló de que los integrantes de estos grupos se rebelaban contra la socialdemocracia, contra una sociedad igualitaria. Pal Dimmen, no obstante, contó que el género forma parte ya del folclore noruego. Hay cursos para que los diplomáticos sepan de qué iba porque siempre se encuentran con la misma conversación en sus embajadas. Es ahí donde se encuentra la verdadera noticia que da este documental. Para el gobierno noruego, el black metal está en su agenda política de intereses nacionales. Son conscientes de los miles de personas que no solo situaron Noruega en el mapa gracias a esta música, sino que encima decidieron hacer turismo en el país atraídos por ella. Hay un dato determinante. El estado sufraga y financia a los grupos noruegos que salen de gira internacional. El black metal es una de sus exportaciones más importantes. No es algo que no suceda en España, donde también se subvenciona la proyección exterior de la cultura, pero dice mucho de Noruega que lo haga con un género creado por semejantes personajes.

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