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'LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR'

L-Kan y aquellas noches pasándolo en grande en el Ochoymedio

17/04/2016 - 

VALENCIA. L-Kan, el grupo madrileño formado por Belén Chanes, Luis García Morais, Olav Fernández y Javier Marugán celebra sus 15 años con una recopilación, Lo nuevo y lo viejo, canciones fósiles y canciones flamantes, un buen momento para recordar los años en las que el pop electrónico de los ochenta volvió para quedarse, la diversión era obligatoria si ibas al Ochoymedio y ninguna ciudad, incluida Valencia, pasó por alto que el indie y la electrónica pop habían llegado a clubes y discotecas.

El de 2003 fue un año muy divertido. En realidad,  el cachondeo comenzó un poco antes, en el 2002, y se prolongó hasta el 2005 más o menos. Debió ser una reacción inconsciente al incalificable atentado del 11-S, que hizo que la escena musical neoyorquina incrementara una efervescencia que ya estaba en marcha. La década que acababa de nacer quedó automáticamente condicionada por aquel terrorífico acontecimiento y uno de los efectos fue esa imperiosa necesidad de pasarlo bien que acabó contagiando a otras ciudades, a Londres, Berlín, Barcelona y Madrid.  De este modo, en el sobrecogedor comienzo de esa década, el rock de guitarras que revivía con The Strokes y The White Stripes, coexistió con una modalidad de música electrónica que regresaba a sus propias raíces, al tecnopop de la era analógica. Después de la abrasión grunge, de la pesadumbre del trip hop, de la electrónica cerebral y el déja vu del Britpop, la música volvió a ser hedonista y muy divertida. Y después de muchos años estigmatizada por pertenecer a una época a la que se le reprochaban cosas feas, comenzó el proceso de reivindicación de la música hecha con sintes.

Belén, Ordovás y fans en el Wah Wah

Esa música que tan mal vista estaba

Esa corriente que los anglosajones llamaron electroclash no pasó desapercibida en España. Animados por la presencia de unos recuperados Fangoria –definitivamente reactivados a nivel popular con No sé qué me das- y la tonificante presencia de Astrud e Hidrogenesse, el pop electrónico a la española volvió a proliferar como a principios de los ochenta, como en los tiempos de Aviador Dro, Oviformia Sci, Línea Vienesa, Todo Todo. Un fenómeno detectable únicamente en el underground local y que dio visibilidad a gente como Chico y Chica, Feria y L Kan. La desinhibición de estas y otras bandas le hizo acreedores de la etiqueta tontipop, porque como por lo visto los españoles padecemos un complejo de inferioridad cultural, tenemos que machacar  aquello que nos pueda dejar en ridículo, no vaya a ser que se den cuenta de que ni hemos leído nunca a Cortázar ni jamás hemos pisado El Prado.

Indie en el Flamingo

A mediados de 2000, los miembros principales de L Kan, Belén Chanes y Luis García Morais habían creado, junto a David Smart Pardo,  el Ochoymedio, un club que se cobraba vida los viernes en plena Gran Vía Madrileña, en una discoteca que en 2011 dejó de existir cuando  una macrotienda de ropa compró el edificio en cuyo sótano se alojaba. El local en cuestión, el Flamingo, había dejado huella en la noche madrileña durante la década anterior cambiando de clientela de una noche a otra, alternando públicos. Había una sesión gay, otra de música negra y con la llegada del Ochoymedio, el indie se introdujo también en el Flamingo. Automáticamente, el local se convirtió en un patio de juegos donde volver a pasarlo bien por las noches, ese lugar al que  acudir a sabiendas de que no te aburrirás. 

Señores y señoras  que ponen música porque sí

Aquellos primeros años 2000 impusieron la figura del entendido que pone música no por ser disc jockey  profesional sino porque sabe lo que se trae entre manos aunque sea incapaz –como es mi caso- de cuadrar un bombo cuando mezcla una canción con otra. Había hecho mis pinitos en los ochenta en Valencia en fiestas que se organizaban en Brillante.Tres lustros más tarde, ese ambiente nocturno que reivindicaba cosas que me habían hecho disfrutar muchos años atrás –el tecnopop, la movida, la locura de las noches- me hizo volver a un pasado que había sido tan deslumbrante que en realidad era como regresar al futuro. No se me olvida la sensación al escuchar por primera vez Losing my edge con Gerardo Cartón en las oficinas de PIAS, quedar fascinado con la oferta musical de sellos como Output y DFA, lo mucho que me gustaba el álbum de Playgroup y todo lo que hacía entonces Trevor Jackson, lo brutal que me pareció Agenda Suicide de The Faint, descubrir a Fischerspooner, Felix Da Housecat, Ladytron, las remezclas de Phones (seudónimo del hoy afamado productor Paul Epworth), el Take Me Out de Franz Ferdinand. Era música que escuchabas en casa y que tambén sonaba en los sitios a los que ibas. Es más, tú mismo podías hacerla sonar en ciertos locales, en el Ocho y Medio o alguna noche en el Chicote. Recuerdo un par de sesiones en el Ocho con Moli (pinchando en la foto lateral), bajo el apodo Ni Pincho Ni Corto Dj’s, mezclando todas esas novedades con cosas viejas que tenían conexión con todo aquello. La sensación de ver la sala repleta y la gente enloquecida bailando la música que pones que es la misma que bailabas tú cuando otros la ponían. ¡Y Pepe Verde bailando como un poseso junto a uno de los laterales de la cabina!

Discazo…

Mi vinculación con Belén y Luis (en la foto lateral) no se circunscribe únicamente al club, el cual se ha convertido ya en un evento de sobra conocido dentro y fuera de la capital. En aquellos años, L Kan publicaron discos refrescantes, que reflejaban el espíritu que, aunque fuese a una pequeña escala, se vivía en aquel momento. Seguramente la obra que mejor captó todo aquello fue Discazo, una obra de canciones pegadizas que proclamaban su afán de divertir sin complejos, a pesar de ser mucho más inteligentes de lo que sus detractores quisieran. En Discazo está Yo ya no, título que acabó impreso en una de las camisetas del merchandising del grupo. Quién me iba a decir a mí el día que me compré la camiseta con tan lúcida inscripción, que aquella frase iba a ser tan premonitoria, tan polivalente. 

…y conciertazo

Pero en los días en que yo ya sí, tuve el placer de participar en momentos muy divertidos, compartiendo sesión de música con Moli, Roberta Marrero y Manolo Crespo –artífice de la web Viva el pop que tan importante fue para toda esta escena- en la sala Arena cuando los Kan presentaron allí Discazo con un evento llamado  Conciertazo. Y cómo olvidar uno de sus primeros conciertos valencianos, en el Wah Wah, con las fallas de 2005 a punto de comenzar. Jesús Ordovás se encargaba de poner la música y como teloneros, tuvieron a un lujo llamado Serpentina, el dúo formado por Paco y Marieta Tamarit. Nadie recuerda el motivo, pero entre el público había un individuo disfrazado de pitufo, pintado de azul, con un barretina blanca y un pañal gigante. La gente pensaba que formaba parte del espectáculo, pero no.

L Kan hicieron mucho más divertidas las noches y los días de aquel primer lustro del siglo XXI. Belén y Luis tienen un grupo llamado Bla, pero L Kan sigue ahí, celebrando ahora su aniversario que es todo un triunfo si tenemos en cuenta el tipo de música que hacen y el país en el que operan. Lo pasé muy bien en su club y lo paso muy bien con su música, antes y ahora, incluso cuando llevo puesta la famosa camiseta del yo ya no. En realidad, he de reconocer que hay veces que me gusta lucirla solamente para despistar.


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