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cambios en la administración de la finca

La aparición de nuevos ocupas en Ciudad Gran Turia alimenta su leyenda negra

Foto: KIKE TABERNER
27/03/2019 - 

VALENCIA. De nuevo ocupas. De nuevo en Ciudad Gran Turia. El complejo de viviendas, ubicado en el linde entre Xirivella y València, junto al centro comercial, sigue haciendo honor a su carácter de icono de la burbuja del ladrillo (llegó a estar incluido en las llamadas Rutas del despilfarro) y vuelve a sufrir uno de los males heredados del crack inmobiliario: de nuevo se han detectado ocupas en el interior del complejo.

Según ha podido confirmar Valencia Plaza, los propietarios ya denunciaron en su día ante la Justicia a los anteriores ocupas. Pero este proceso aún no se ha terminado, explica un propietario de un inmueble. Y la situación, lejos de mejorar ha empeorado con la aparición de un nuevo inmueble ocupado. La tesis que manejan entre los propietarios es que los nuevos ocupas accedieron a las viviendas con contratos de unos pocos días y, a partir de ahí, se hicieron con copias de las llaves.

Entre los propietarios hay malestar. En el grupo de WhatsApp de vecinos del bloque Gran Turia se ha comunicado la presencia de estos nuevos ocupas, que se hallarían en pisos del bloque 5, viviendo aparentemente sin luz. Los propietarios se lo han comunicado a la nueva empresa encargada de la administración del complejo de viviendas.

Desde su creación, Ciudad Gran Turia, inicialmente bautizada Ros Casares, ha estado marcada por una mala suerte que le ha convertido en un recordatorio de que la Ley de Murphy siempre se cumple, y si algo puede salir mal, saldrá mal. Concebida para 10.000 personas, en su construcción, que se inició en octubre de 2006, participaron más de 1.000 personas diariamente, se emplearon más de 70.000 metros cúbicos de hormigón, 4,2 toneladas de acero, 1.000 kilómetros de cable…

El coste final de esta obra faraónica fue superior a 200 millones de euros. El proyecto fue redactado por el estudio de Mark Fenwick y Javier Iribarren, los mismos que han diseñado otro proyecto con errática fortuna: el Nou Mestalla. El complejo se bautizó Ros Casares, por hallarse en el solar de esta fábrica en el Polígono Vara de Quart, y pretendía ser un ejemplo de las nuevas formas constructivas del milenio.

Fue promovido por la familia propietaria de la histórica siderúrgica valenciana Ros Casares en colaboración con la antigua Caja Mediterráneo (CAM), que prestó la financiación y tomó una participación del 20% en la sociedad promotora, Ros Casares Espacios. Los problemas de financiación del complejo hicieron del inmueble una metáfora. Una de las empresas fundadoras, Somersen, entró en concurso y Ros Casares tuvo que asumir su parte. La obra se concluyó en 2009 y fue realizada por Acciona, Ferrovial, Elecnor, Ecisa y Augescon.

Foto: VP

Llegó la crisis y no se vendieron los lofts ni se alquilaron las oficinas. Como si con ello lograran exorcizar los demonios, en el Banco de Sabadell decidieron cambiarle el nombre cuando pasaron a detentar la propiedad, por ver si con ello se cambiaba su destino. Pero no parece que vaya a ser tan fácil. Y su leyenda negra se ajusta ahora a la perfección a la descripción de la RAE: “Opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo, generalmente infundada”. Ciudad Gran Turia, aka Ros Casares, es un cúmulo de sambenitos.

Entre los problemas que aquejan a Ciudad Gran Turia se halla su aislamiento. Separada de la trama urbana de la ciudad, con el polígono Vara de Quart, la avenida Tres Forques y la V-30 como fronteras, el complejo se ha convertido en una isla en sí misma, sin relación con su entorno. Por si fuera poco, la vecindad con las zonas más deprimidas de Fuensanta se ha traducido en incidentes de diversa consideración.

A esto se unen problemas de gestión interna. El año pasado la administradora del complejo dimitió. La nueva empresa administradora, elegida por los propietarios, decidió cambiar de empresa de conserjería al no llegar a un acuerdo en los honorarios a pagar, según consta en el acta de la Junta Directiva de fecha 21/01/2019, a la que ha tenido acceso Valencia Plaza. Los conserjes de la nueva empresa, explica un propietario, han tenido ya varios problemas con propietarios, bloquean el acceso a las cámaras a los de seguridad porque son de dos compañías diferentes y se han dado incidentes con la recogida de paquetes. Las capturas de pantalla de los grupos de WhatsApp certifican estos problemas.

La situación se ha vuelto tan rocambolesca, que algunos propietarios han expresado en privado su intención de marcharse del complejo pese a que dicen haber vivido muy a gusto durante un tiempo. Como resumía una de las personas consultadas, lo que debería haber sido un edificio de viviendas moderno y urbanita, ahora es poco menos que un mal remedo de las comunidades de vecinos de las series de televisión producidas por José Luis Moreno.

Cuando el complejo fue inaugurado hace diez años, en un acto que tuvo lugar una fría mañana de enero, al que acudió a un considerable número de empresarios y que estuvo presidido por la entonces alcaldesa de València Rita Barberá, ésta calificó a la construcción como “una apuesta decidida de futuro realizada desde la modernidad y la innovación, en la que se juntan vida residencial y vida laboral, creatividad y empresa”.

Asimismo, puso énfasis en que se trataba de un “gran barrio inteligente con fibra óptica, con aplicaciones domóticas, con un cerebro propio y preparado para aprovechar las sinergias entre universidad, empresa y juventud. Esto es un barrio con vida inteligente, que mira a la creatividad y al futuro”, vaticinó. Lo que nadie podía imaginar es que ese barrio del futuro llevaba ocupas incluidos; en su momento, construirlo pareció una buena idea.

Foto: KIKE TABERNER

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