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atracón de pantallas

‘La batalla de Chile’: el documental censurado que conquista la televisión en abierto

Se cumplen 48 años del golpe de estado militar en Chile. Casi medio siglo después de rodarse en cine directo el último año del gobierno de Salvador Allende, se emite este fin de semana por primera vez en su país, a través de una televisión en abierto, y en prime time, el mítico documental de Patricio Guzman, La batalla de Chile

11/09/2021 - 

VALÈNCIA. “La Televisión Nacional de Chile siempre fue hostil conmigo y con otros documentalistas de este país. No querían saber nada del cine de la realidad chilena”, explicó el pasado jueves Patricio Guzman al canal de televisión chileno en abierto, La Red, en una entrevista en horario de máxima audiencia. Para el documentalista se trataba de un claro acto de “censura política, ideológica y temática”. 

‘La batalla de Chile’ es el registro histórico más completo sobre los últimos y agónicos doce meses de gobierno socialista. También es el documento más impactante sobre la lucha de un pueblo sin armas hasta la toma definitiva del palacio de la Moneda por Augusto Pinochet. Dividido en tres partes (La insurrección de la burguesía (1972), El golpe de’ Estado (1973) y Poder popular (1979)), la trilogía no pudo ser exhibida en una sala de cine de su país hasta 1.997 con 300 personas de público. Aquel año, el realizador pudo proyectar además algunos extractos del documental en unos pocos colegios. Pidió permiso para hacerlo en más de cuarenta escuelas, pero solo le permitieron ir a cuatro. “En el resto me dijeron que los chicos se podían traumatizar, que el pasado había que olvidarlo”, dijo por entonces en una entrevista a El País.


Por suerte, en aquella época circulaban las copias piratas en VHS, y gracias a maestros y estudiantes principalmente, a través del siempre infalible boca-oreja, se distribuyó de forma privada, manteniéndose así vivo dentro de la cultura popular.

Este fin de semana se ha dicho adiós a su censura por televisión, aunque queda todavía, como asignatura pendiente, que sea la televisión pública chilena quien lo haga  El especial de este fin de semana es además un logro en realidad para un público minoritario, porque La Red es el quinto canal de televisión en abierto del país desde el punto de vista de audiencias. Aunque, como paradoja, el documental conquistó hace ya un lustro Youtube, donde se puede encontrar fácilmente para su visionado. Por lo que, esta deuda pendiente, es más un gesto simbólico, una herida pendiente de cerrarse, que lamentablemente, en la televisión pública no se ha consumado.

En España, a través de Filmin, está disponible actualmente otro documental del propio Patricio Guzmán, y coproducido por Mediapro, que resume en cierta forma la trilogía, con el título de Salvador Allende (2004), y que les recomendamos ver.

“Sin balas. Sin necesidad de morir. Sin necesidad de matar. Es el chile que reflexiona”, apuntaba la conductora del programa Mentiras Verdaderas, Mónica González, durante su entrevista a Guzmán el pasado jueves, consciente de que su emisión era un hito histórico.


Historia de una película

El cómo se hizo es igual de épico y trágico. Patricio Guzmán había estudiado cine en la Escuela Oficial de Cinematografía en Madrid. Al terminar sus estudios, volvió a Chile y comenzó a filmar el presente, que coincidió con el primer año de gobierno de Allende. 

La producción era de mínimos: una cámara de 16 milímetros, tres baterías, dos chasis, un trípode, un grabador de sonido, un micrófono y un Citröen dos caballos. El equipo estaba formado por cinco personas: Jorge Müller, director de fotografía, que desapareció, tras ser secuestrado, un año después del golpe de estado; Federico Elton, jefe de producción, quien consiguió poner a buen recaudo todo el material en la Embajada de Suecia en Santiago de Chile cuando Pinochet tomó el país; Bernardo Menz como sonidista; el español José Bartolomé como ayudante de dirección, que logró regresar a España. Y, por último, el propio Guzmán como guionista y director.

Tan paupérrima fue su aventura que Guzmán tuvo que vender al director de cine francés, Chris Marker, su primer trabajo documental, El primer año (1972), a cambio de que este le enviara desde Francia una gran cantidad de película virgen y cintas de sonido, imposibles de encontrar en Chile por la falta de abastecimiento. Aquel golpe de suerte les permitió seguir rodando lo que, años después, sería la mítica trilogía.

En la foto, Jorge Müller y Patricio Guzmán.

El largometraje sobre el primer año de gobierno de Allende fue exhibido en algunas salas de París. Y como anécdota colateral, Chris Marker logró después un amplio reconocimiento internacional tras vender los derechos de autor su cortometraje, La Jetée, que sirvió de inspiración a Terry Gilliam en Doce monos. Patricio Guzmán afirma estar eternamente agradecido a Chris Marker por haberle hecho llegar ese material virgen con el que pudo continuar su rodaje.

Exilio, distribución y pieza clave de la memoria histórica

Tras el golpe de Estado, Patricio Guzmán fue detenido durante dos semanas en el Estadio Nacional. Consiguió salir airoso por el simple hecho de saber escribir a máquina. “Los soldados entraron y preguntaron quién sabía escribir a máquina. Salimos tres”, cuenta en la entrevista en La Red, mientras fusilaban o se llevaban a otros presos a destinos desconocidos. Su jefe de producción, Federico Elton, tuvo también suerte y fue liberado tras estar detenido 24 horas en la Escuela Militar de Santiago. Sin embargo, Jorge Müller continúa en paradero desconocido. A él está dedicada la tercera parte del documental.

Gracias a la colaboración del embajador de Suecia, Harald Edelstam, Patricio y Federico lograron salir del país hacia Estocolmo y después hacia Cuba. También lograron sacar, en dos viajes, todo el material que había estado escondido en un baúl dentro de la casa del tío de Patricio. “Conforme la derecha comenzó a hacer acciones cada vez más agresivas, decidimos esconderlas. Solo yo sabía dónde estaban”.

En Cuba, con el apoyo del Instituto de Arte y la Industria Cinematográfica de Cuba y el trabajo del montador Pedro Chaskel, pudieron montar por fin el documental. Fue un proceso, en total, de seis años. Una larga aventura que una vez se exhibió en festivales como Cannes o Berlín, se vio en las salas de 34 países, y recopiló numerosos premios, se transformó en el valiosísimo documento en favor de la memoria histórica chilena. “Necesita ser vista en la televisión pública, con esos oficiales gubernamentales, quienes moldearon nuestra política hacia Allende, explicando qué intereses estaban promoviendo”, escribió The New Yorker para sus lectores estadounidenses, conscientes del papel activo de los EEUU a través del boicot económico y de la financiación de las huelgas más importantes, que estrangularon al gobierno de Allende, además de las cuantiosas donaciones que entregó Nixon al ejército chileno.

Con el fin de este silencio obligatorio alrededor de la obra, se ha superado el capítulo más negro de la televisión chilena. Aunque su televisión pública continúe dando la espalda a su historia.

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