De vinos por Jaén 

La belleza está en el interior (de Andalucía, tía) 

Hoy volvemos a viajar, que cuándo no y que nunca falte. Nos vamos a ciudad que es sublime por cada uno de sus rincones, taberneos y restaurantes. Ale palante.

| 12/05/2023 | 4 min, 23 seg

Hablamos de Jaén, que no sólo no cansa, sino que en cada nueva visita nos parece más bonita. Con la magia de sus callejas, las grandes y las estrechas. Avenidas rebién surtidas de la piedra más intensa. La que eleva edificios que son joyas. Unos sagrados y otros no tanto, pero que en todos los casos cuentan con todo el encanto. Ese que se refleja en sus gentes, que no pueden ser más presiozas. Las amistades que te agarran bien fuerte cuando vas por sus aceras resbalosas para que la caída no sea posible. Rodeados de paisajes que son patrimonio y con los que nos comprometemos en matrimonio. Con paseos por mercados y de darle a dos carrillos a base de viandas que son jacarandas. Empezando el recorrido en La Tabernilla de Jose con la Manzanilla Callejuela (Bodegas Callejuela), bienvenida que no se la salta ni su abuela. Clasicismo de hermandad que es toda bondad. En despacho que recordamos por sus vistas a Doñana y que viva Andalucía, tía. Porque nos da tantas alegrías que la queremos cada día en nuestra mesa. Para toda la comida y en este momento de aperitivo con un salpicón de bichos marinos que casi saltan de vivos. 

Hacemos la más grande de las pausas en lugar que es hogar y personas adoradas. Ese Bagá que es sorpresa y la admiración que produce que sean capaces de hacer lo único como tal cosa. Y nos sacan de la chistera una cosita bien rica, el Martiñolo Branco 2018 (Adega Entre Cantos). Godello y caíño de los que cuentan historias que son postal. Creciente con desenfreno y una auténtica gozada con el plato de perdiz y caviar. De llorar. 

La Barra nos atrae como polo que no es opuesto y que, ya puesto, nos propone un Rossini. Mezcolanza de tinto, gaseosa de limón, licor de melocotón y sus gotitas de angostura. Suerte de bebedizo de verano que, aun en invierno, nos pone tan contentos por refrescar boquitas y miradas. En el jaleo de esa barra donde todo cabe y que nos pone delante uno de los lujos de la tierra, esa morcilla que es maravilla.  

Damos triple salto mortal para conocer Baeza y cuidado, que es belleza. Paseo monumental con sus cuestas perfectas y lo de hacer hambre para ir a Vandelvira… qué mala vida. Entorno de espectáculo, sabiduría en cada receta y un servicio que es que es baile. Con sumiller de nota alta que nos aconseja el Steeger St. Jost Riesling Trocken 2016 (Ratzenberger). Mineralidad con su fruta conteniendo hidrocarburos. Sabores puros, directos y complejos, que nos dejan perplejos con el pañuelo de calamar.

De vuelta a la capital para liarla y tal

Retornamos a la capital jienense a por un par de novedades, comenzando con la Taberna Beluga. Bar de vinos con copeo del fino y gusto en cada detalle. Y le entramos con el Inocente en Rama (Valdespino). Alma de enorme que se mantiene a lo suyo pasando de modas y otras tonterías varias, porque encierra tan solo verdades. Realidades necesarias a cualquier hora y con una tapa de queso del país que lo acompañe.   

Nos lían y se lía cuando nos presentan otra de las novedades de la city: Bomborombillos. Cocina de raíces con un beber de lo más acertado y mención especial al bien recordado Finca Garabelos 2021 (Bodega Finca Garabelos). Carácter de su varietal y tal. Melocotones como los que cogemos del árbol. Un untuoso que es meloso, pero para nada goloso. Largura de pasar un rato largo y sorprender con la teja de almendras, gachas, caballa ahumada y perlas de aceite de oliva virgen.

Vamos con los últimos coletazos de unas jornadas de ensueño. Con clasicazo como es El Gorrión y su vino añejo. Entre generoso y abocado es diversión en pequeñito. Curiosidad que debe ser saciada, probada y reprobada, porque es de pedirlo cada vez. La sencillez de las cosas de toda la vida y que no nos falte. Saboreo sabrosillo de dar conversación y que nos gusta un montón con el salchichón. Sendra, claro. 

Y ahora sí, toca la despedida de hasta luego en El Hortelano, con más de lo típico y la Manzanilla La Goya (Bodega Delgado Zuleta). Regalito que nos viene estupendo con lo que toque de comer. Almendrados de trasfondo y esa caída de pestañas que es candor. Margaritas de arreglar lo que no puede estropearse, porque aquí hay demasiado arte. Como el que nos deja anonadados al tomar el bacalao ajoarriero que es acierto total. 

Así ponemos el punto y final, o más bien y aparte, que es bien sabido que volveremos muy pronto a paraje de olivares. Y con todos los demás en un tristrás.

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