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el tintero / OPINIÓN

La ciudad de la luz

Si por algo se caracterizó la Valencia de Rita Barberá, esa tan demonizada por Compromís cuando estaban en la oposición, era por la cantidad de luz que había en calles, parques y diferentes espacios públicos. Tal es así que se realizaron informes técnicos que avalaban la “contaminación lumínica”

23/01/2019 - 

Las grandes ciudades suelen tener una serie de problemas habituales, a saber: limpieza y recogida de basuras, movilidad y tráfico, seguridad ciudadana, servicios como jardines para niños, mayores y animales domésticos. Y también, el alumbrado. En algunas zonas por ausencia del necesario alumbrado que garantice comodidad y seguridad en las horas nocturnas, y en otras zonas, habitualmente las más céntricas, por exceso del mismo, es decir, por ubicar demasiadas luces, farolas, focos, etc. con una potencia que apenas dejan ver el cielo.

Cierto es que tradicionalmente llamamos a París la ciudad de la luz, por diferentes motivos que van desde la necesaria iluminación de la villa francesa allá por el siglo XVII para reducir las tasas de criminalidad hasta la metafórica comparación con la revolución francesa de 1789 y el siglo de las luces. En cualquier caso, Valencia es una ciudad de luz por la cantidad de horas de sol que disfrutamos al año y por lo radiante de nuestro cielo, como tantas veces representó nuestro magistral Joaquín Sorolla en sus magníficas pinturas que hoy en día nos siguen impresionando.

Valencia tiene una luz natural increíble, potente, arrebatadora, que quienes nos visitan, incluso aunque no vengan de ciudades grises (climatológicamente hablando), se sorprenden por la fuerza y el fulgor cuando contemplan una mañana soleada en nuestro cap i casal. Y quizá por esta fuerza del sol que nos alumbra, nuestros representantes se preocupan por mantener iluminada la ciudad durante las horas de la noche. En la etapa del gobierno del PP se iluminaron y urbanizaron muchas zonas de la ciudad, y hubo una crítica fundada y razonada por parte de la oposición sobre los excesos y los peligros de la contaminación lumínica, no sólo por el elevado consumo sino por las alteraciones para el medio ambiente e incluso la salud de las personas.   

No es cuestión de ponernos tremendistas y considerar el exceso de alumbrado un grave problema, pero sí es bueno mantener un equilibrio. Por ejemplo, cuando vemos parques con árboles históricos como los que podemos disfrutar en los jardines del Parterre o la Glorieta, el alumbrado nocturno continuo y excesivo de estos árboles altera a las especies naturales que tienen hábitats nocturnos. Pero bajando a la tierra, si paseamos por las zonas más céntricas de nuestra ciudad, apreciaremos la cantidad de puntos de luz o farolas que hay, gracias que son de una belleza estética que no rompe el entorno, pero la cantidad es considerable. Ahora bien, con las nuevas iluminaciones de LED se puede y se debe reducir el consumo y regular la intensidad para que ni vayamos a oscuras ni parezca que estamos saliendo al césped de Mestalla.

A vueltas con la ciudad y su luz, apenas a cuatro meses para las próximas elecciones, el gobierno municipal ha decididos iluminar más de medio centenar de monumentos y lugares emblemáticos de Valencia y alrededores. En un claro gesto de mejorar la imagen de la ciudad y que siendo ahora y no hace unos años, se me antoja claramente electoralista, al contrario que la curiosa idea de levantar más y más zanjas y alterar un poco más el tráfico de la ciudad. En los últimos meses, una de las quejas de los vecinos de la ciudad se ha centrado en la falta de limpieza, poda en jardines y falta de iluminación. Ahora nos encontramos con una ciudad que ilumina sus monumentos para mostrar su belleza y su historia, la iniciativa es loable pero seguro si hubiera sido una iniciativa del centro derecha, se les acusaría de frívolos y derrochones, sólo preocupados en “vender” la ciudad (como sucederá durante estas jornadas en FITUR) y de no estar atentos a los problemas reales de las personas, esas que venían a rescatar.


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