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tendencias escénicas

La danza se asoma a las pantallas de la Mostra de València

El festival de cine programa dos documentales sobre las artes del movimiento: la pedagógica Danzantes y el dedicado a Sol Picó, De rodillas, corazón

31/07/2019 - 

VALÈNCIA. “Que bailarina más poco convencional, comiendo tortilla”. En esta frase musitada por Sol Picó (Alicante, 1967) para sí misma durante el documental De rodillas, corazón, se resume su atípica trayectoria profesional. La bailarina y coreógrafa de Alcoi no es una estilizada sílfide como las que acostumbran a girar en las cajas de música, sino un metro cincuenta de nervio y socarronería.

Su trayectoria ha sido glosada en una película escrita y dirigida por Susanna Barranco que se ha programado en la Mostra de València, que tendrá lugar del 24 de octubre al 3 de noviembre.

La iniciativa busca sinergias con el festival Dansa València, y también incluye la proyección de Danzantes, una panorámica sobre las artes del movimiento con paradas en España, Italia, Finlandia, Japón, México, Estados Unidos, República Dominicana y Brasil.

Su director, Juan Vicente Chuliá, ha querido darle un enfoque transversal, en el que se brinda idéntica atención y valor al director del Ballet Nacional de España, Antonio Najarro, que a un grupo de bailarines con discapacidad intelectual pertenecientes a la compañía Danza Down, Compañia Elías Lafuente.

Coreógrafa de las emociones

De rodillas, corazón hace referencia literal en su título a la grave lesión de rodilla que ha sufrido Sol Picó y que le ha llevado a asumir un control exhaustivo de sus pasos de baile para no superar los límites físicos de su cuerpo, así como a replantearse su carrera después de cumplir 50 años.

En opinión de la gerente de su compañía, Pía Mazuela, “el paso del tiempo es uno de los grandes retos que tiene que superar Sol. Está físicamente estupenda, pero le pesa por una cuestión psicológica”.

El documental, coproducido por À Punt y Televisió de Catalunya, realiza un repaso a la vida personal y profesional de la bailarina arriba y debajo de las tablas tras haber ganado el Premio Nacional de Danza 2016 en la modalidad de creación.

La cámara hace altos en coreografías míticas como Razona la vaca, Bésame el cactus, La dona manca o Barbie Superestar y las recientes We Women y Dancing With Frogs.

“Sol es la coreógrafa de las emociones. Probablemente baila a partir del estómago. Su danza es mucho más intuitiva que intelectual. Y eso es más popular, y conecta con un grupo más amplio de espectadores que otros coreógrafos”, argumenta el director del Festival Grec, Francesc Casadesús, durante el filme.

La creadora estrenó este pasado sábado, precisamente en el contexto del festival de Barcelona, su pieza Animal de sèquia, una exploración de la cultura popular valenciana a través de la danza contemporánea donde ella se ha reservado un cameo.

“Al hacer coreografías para gente joven y traspasarles mi material, me doy cuenta de que es difícil, enérgicamente complejo y muy duro. Y pienso: “Ni de coña quiero hacerlo más”. ¡Si lo que no entiendo es cómo estoy viva!”, confiesa durante el metraje.

Hace 30 años que siempre que se levanta, le duele algo. “Esto es lo que hace que quieras dejar de subir a un escenario”. No obstante, no renuncia a bailar: “Con esta edad tienes que empezar a pensar cosas que ya hace tiempo que te rondan la cabeza, pero que ahora has de dirigir y focalizar un poquito más. A pesar de todo, de momento, son unos muy buenos 50 años, porque el cuerpo me está permitiendo hacer todo lo que quiero”.

Patchwork de baile

Juan Vicente Chuliá no proviene del mundo de la danza, pero le interesa rodar documentales sobre disciplinas artísticas. En su trayectoria como director, figuran Temperado, un recorrido único por la escena actual de la música contemporánea en la ciudad de Madrid; y El proceso, donde explora la senda que recorre una obra musical, desde su concepción hasta su estreno.

Ahora, ha fijado su cámara en el baile. Su película Danzantes es una panorámica de los lenguajes del movimiento grabada en 14 ciudades de nueve países distintos. El realizador se ha acercado a su sujeto de examen desde la transversalidad y la diversidad, con aspiración pedagógica.

En ese mosaico hay piezas del ballet de élite y de la danza integrada, propuestas de calado social y de género, con hincapié en las migraciones, la violencia de género y la vejez.

Chuliá entrevista a las primeras bailarinas del Ballet de Helsinki y de la Compañía Nacional de Danza, Minna Tervamäki y Cristina Casa, respectivamente, pero también a Erina Sanders, directora de ¡Oh! Project, una plataforma de educación en valores a través del baile, con proyectos para devolver la confianza a menores víctimas de acoso escolar. Descubre la afición al flamenco en Tokio, pero también en Laponia. Contrasta el raigambre místico de la Compañía Andrágora, de México, y la indagación en la enfermedad y la decrepitud de la directora del festival italiano Corpografie, Anouscka Brodacz.

“El documental intenta explorar todas las aplicaciones que tiene la danza: valores de superación personal, perfección física, integración social, forja de comunidades… Este último aspecto lo ves sobre todo en los más desfavorecidos. No hay una competitividad entre los bailarines, sino que se unen para defenderse juntos”, destaca Chuliá.

El objetivo ha sido democratizar la danza, otorgando idéntico interés a todos sus protagonistas.

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