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La historia olvidada del payés mallorquín precursor del helicóptero

El Teatre Micalet acoge el estreno de L’home del vol vertical

24/11/2021 - 

VALÈNCIA. El sexto episodio de la última temporada de El ministerio del Tiempo fue noticia el año pasado porque era el primero dedicado por la serie a la ciencia española. En aquel capítulo se reivindicaba al impulsor de la escafandra estratonáutica, precedente del traje espacial, un ingeniero militar granadino llamado Emilio Herrera. Su gesta coincidió con una eclosión de la ciencia en nuestro país, con inventos de vanguardia como el submarino de Isaac Peral, el funicular de Leonardo Torres Quevedo, la calculadora de Ramón Verea y el autogiro de Juan de la Cierva. Pero hubo un payés mallorquín, muerto en la pobreza más absoluta, que diseñó y construyó un prototipo de helicóptero antes que el ingeniero, aviador y político español, lo que ha propiciado no pocas especulaciones sobre un plagio por parte de de la Cierva, Pere Sastre. A este hombre humilde dedica su último montaje la compañía La Formal d’EspectaclesL’home del vol vertical, programada del 2 al 5 de diciembre en el Teatre Micalet.

Al descubrir su historia personal, su autor, Joan Gomila, pretende poner el acento, no sólo en la necesidad del apoyo público a la innovación tecnológica, sino también y sobre todo, al acceso democrático a la educación.

“La obra habla de que todos deberíamos estar en la misma línea de salida, porque quien pone a la gente a cero es la educación. El texto es una lucha contra el determinismo y a favor de la igualdad de oportunidades”, se extiende el dramaturgo, actor y director de la pieza, que recorre con ella la historia de España desde los años veinte hasta el final de la Segunda República.

Profesores que te cambian la vida


La idea para este montaje nació de la lectura del libro El precursor llucmajorer del helicóptero. Pere Sastre de Son Gall (1895-1965), de Joan Salvà i Caldés. La obra de divulgación forma parte de una colección titulada Libros de nuestra tierra, que busca impulsar temáticas ligadas al conocimiento de la historia de Mallorca. Pero en este personaje local, Gomila intuyó un potencial global.

“Es una vida que podría funcionar incluso cinematográficamente. A mí me sedujo porque me encuentro muy cómodo en la parte ideológica y me identifico con un rasgo de la existencia de Pere Sastre: la aparición de un docente que le estimuló para formarse. De hecho, si hubiera tenido ayuda, hubiera podido cursar estudios y habría sido un gran inventor”, lamenta el intérprete.

El campesino balear no pudo terminar sus estudios por correspondencia de perito agrícola en el Instituto Popular Politécnico de Sevilla debido al fallecimiento de su padre, lo que le obligó a hacerse cargo de su trabajo en las tierras. Sastre se matriculó, no obstante, en un curso de piloto de aviación en la Escuela Internacional Libre de Estudios Superiores de València y perteneció a la Lliga Aeronàutica de Catalunya, pero su biógrafo no cree que llegara a volar. Con el tiempo y un afán absolutamente autodidacta, el hombre de campo diseñó un aparato que se levantó un metro del suelo, el cometagiroavión.

El despertar del cometagiroavión

El inventor buscó entonces apoyo institucional, pero le cerraron todas las puertas. Tanto el presidente de la Diputación balear, el socialista Francesc Julià, como el presidente del Real Aeroclub de Baleares, el marqués de Zayas. Antes, en los años veinte, ya lo hizo el ministro de la Guerra, Juan de la Cierva, padre del inventor que ha pasado a la historia.

“El primer problema que tuvo fue que en aquella época había mucha gente volcada en inventos aeronáuticos. Formó parte de una carrera como la de los expedicionarios que querían ser los primeros en llegar al Polo Norte. En esa carrera, Sastre fue discriminado por no tener estudios suficientes, por no ser un científico. Si hubiera tenido otra cuna, le hubieran tomado en serio. Así le sucedió a Juan de la Cierva, un señor que además de ser muy inteligente, era de buena familia”, opina Gomila, que ha planteado la obra en el lecho de muerte del payés, en un monólogo poético.

Acerca del posible plagio, el dramaturgo declara que ambos proyectos tenían aspectos en común. “Pere cometió el error de mandar los planos al Ministerio sin tenerlos patentados del todo. La leyenda del hurto de la idea surge porque de la Cierva aplicó el mismo principio qué Sastre había inventado”.

En su afán didáctico, la pieza da voz tanto a de la Cierva como al pedagogo Rufino Carpena y al primer piloto en cruzar el océano Atlántico, Charles Lindbergh.

Joan Gomila no ha querido que el espectador se quedé con un poso amargo tras conocer la historia del inteligente y entusiasta campesino. Para evitarlo, hace hincapié en la necesidad de soñar. En ese propósito se sirve de unos versos de La tempestad, de Shakespeare. “Estamos hechos de la misma esencia de los sueños y nuestra corta vida termina durmiendo”.

En febrero de este año, coincidiendo con el centenario de su petición de ayuda al Gobierno de la Segunda República, el pueblo de Pere Sastre, Llucmajor, dedicó una exposición a su legado. El homenaje constó de una reproducción a pequeña escala del cometagiroavión, de la exposición de las cartas al Ministerio y el billete a París para adquirir el motor de su invento. La quimera del payés ha despertado de su sueño.

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