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tribuna libre / OPINIÓN

La nueva Consellera y el falso y viejo dilema

Foto: EVA MÁÑEZ
1/07/2019 - 

La nueva consellera de Justicia valenciana, Grabriela Bravo Sanestanislao, decidió estrenarse el pasado lunes con un viejo dilema. Un dilema más que conocido por valencianos y valencianas. Una elección que hay que tildar de perversa, vieja y totalmente tramposa, pero que ha afectado prácticamente todos los espacios de la vida pública valenciana, de la administración y del gobierno. ¿Qué preferís? ¿Buenos profesionales o profesionales que hablen valenciano?

No han sido pocas las veces que por latitudes valencianas se ha puesto encima de la mesa esta elección, como si de un cara o cruz se tratase. ¿Qué preferís? ¿Un buen profesor, o un profesor que hable valenciano? ¿Queréis un sistema judicial con trabajadores competentes o que puedas defenderte en valenciano? Una elección entre profesionalidad o conocimiento de la lengua que la nueva Consellera ha usado para justificar la incompetencia en formación lingüística, esta vez, utilizando de ejemplo el campo de la Sanidad. Perversas intenciones.

¿Buena atención sanitaria o el título de valenciano? Esta es la disyuntiva que plantea Bravo apostando, como no puede ser de otra forma, por “garantizar la Salud del ciudadano”. Su planteamiento, totalmente erróneo y en blanco y negro, reabre además una pantalla que se creía superada en el campo de la Medicina. Otro falso dilema que la mala influencia del Dr. House puso en la cabeza de demasiada gente: ¿Hay que ser un buen médico (técnicamente bueno, científicamente bien formado) o un médico bueno (empático, respetuoso, de buen trato)? Como si ambas capacidades no fuesen indispensables para, efectivamente, ser un buen profesional. Estas son, y no otras, las disyuntivas que plantea la Consellera de Justícia, da la impresión de que sin vergüenza alguna. Vayamos por partes.

Primero, y es necesario que la Consellera sepa esto, la Salud del ciudadano no la garantiza el sistema sanitario ni la gran mayoría de sus profesionales. No, al menos, en su parte más importante. Es sabido, precisamente por cualquier ciudadano de a pie, que con plena salud pocas son las personas que acuden a un centro sanitario. ¿Por qué? Es simple, el sistema sanitario y sus trabajadores (los médicos entre ellos, pero no solo) se ocupan principalmente de “gestionar” la enfermedad. La gente acude a su Centro de Atención Primaria o a su Hospital cuando necesita atención, cuando está enferma, y no cuando está sana.

Es importante dejar esto claro, pues la salud de una población depende poco del sistema sanitario del lugar concreto, y se tiende a esconder esta realidad demostrada con numerosos estudios a nivel internacional.  ¿Por qué? Porque la salud depende mucho más de las condiciones de vida de la gente, de las condiciones laborales, de las condiciones sociales, de las condiciones habitacionales, etc., y de las judiciales también, el campo de la Consellera. Depende, por tanto, de las políticas públicas de los gobiernos y aún queda mucho por hacer aquí. Es fácil de entender que, si alguien tiene un trabajo precario, vive en una casa en condiciones más que mejorables o de la que le van a desahuciar, tiene familiares a su cargo, tiene constantes problemas económicos… su salud va a ser mala o muy mala, peor en cualquier caso. Es así, y esto es lo que hay que cambiar para mejorar la salud de la gente, sus condiciones de vida, como la propia OMS ha apuntado en reiteradas ocasiones.

Foto: RAFA MOLINA

La Salud es, por tanto, una asignatura colectiva, poblacional. Es muy difícil de entender y atajar desde un punto de vista individual y individualista. Y digo difícil porque a los que nos dedicamos a la ciencia nos cuesta decir imposible, que es lo que cabría decir en este caso. La enfermedad, en cambio, sí que es un problema de posible solución individual. A esto debía querer referirse la Consellera, y no a la Salud.

La otra parte, sin embargo, es más engañosa si cabe. ¿Un buen médico o un médico bueno? Intentaba sintetizar unas líneas más arriba. Pareciera que su homóloga de sanidad, Ana Barceló, se hubiese planteado contratar a un excelente jurista con amplios conocimientos de valenciano para operar a un recién nacido. ¡Qué barbaridad! Dudo que así sea, por suerte. El ejemplo le parecería una tontería a cualquiera, una absurdez, pero la Consellera plantea la disyuntiva en esos términos. Pareciera, pues, que hay que escoger entre un médico con cualificación científica o un médico que hable valenciano. Nada más lejos de la realidad.

Para ser médico y optar a una plaza pública en la querida tierra valenciana, como en el resto del Estado, hay que estudiar 6 años de carrera, 1 año para preparar el examen MIR, realizar prácticas durante 4 o 5 años de especialidad como residente y, después, demostrada la preparación científica, acceder a un puesto público. El sistema puede ser mejorable en algunos puntos y se debería hacer, pero funciona. Fin de la discusión sobre la capacidad científica. Habrá mejores y peores médicos, pero en este país, en general, se goza de magníficos trabajadores de la sanidad. Por supuesto, de magníficos médicos también.

Pero… ¿y los pacientes qué? Cuando se habla de la capacitación lingüística se habla de los pacientes. Se habla, concretamente, de su derecho a ser atendidos en su lengua. Se habla de la necesidad imprescindible de ser médicos buenos para ser buenos médicos. ¿Por qué? Porque en nuestra tierra la empatía, el buen trato, el respeto, etc., tan necesarios, incluyen, como en todas las partes del mundo, la comunicación. Y es que aquí la gente también se comunica en valenciano. Esto es un derecho reconocido y como tal debe ser garantizado por el gobierno y la administración. Este derecho le puede importar, como ha parecido en otras declaraciones de Bravo, o le puede dar igual, como se desprende de su perversa elección. Esperemos que la acción del nuevo Govern del Botànic vaya por la primera de las dos opciones.

Hay un problema y exige solución. Hay que buscar las herramientas para garantizar que los médicos, igual que otros profesionales, puedan comunicarse en las dos lenguas de esta tierra y no plantear disyuntivas falsas que no llevan a ninguna parte. Nadie entendería que un médico que trabaje en Madrid no sepa comunicarse en castellano, por mucho conocimiento científico que tuviese.

El mundo médico hace tiempo que enterró el falso dilema que la sombra del Dr. House puso en nuestras casas. Ahora se debe enterrar el fantasma que intentaba despertar la señora Bravo con su falso dilema. Tenemos buenos médicos, sí, pero son buenos médicos porqué también son médicos buenos.

Ferran Badenes Goterris es graduado en Medicina por la Universitat de Barcelona, participó en la creación de la Marea Blanca de Catalunya como estudiante de Medicina y actualmente es resident de Medicina Familiar y Comunitària en el Hospital General Universitari de València y al C.S. Fontsanta.

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