buen provecho

La represión que precede a la lujuria

La historia y la sociología nos advierten de que la contención pandémica nos aboca al hedonismo

| 22/01/2021 | 6 min, 21 seg

Al inicio de la Iliada, durante el asedio a Troya, Apolo lanza unas flechas contaminadas contra las tropas de Agamenón. Así queda registrada en la literatura y por primera vez una pandemia. Desde la ficción y hasta la historia de ‘los locos años 20’ del pasado siglo, la causa, reacción y consecuencias de estos contagios masivos se repiten. Esa es la inspiración del último ensayo publicado por Nicholas Christakis, profesor de la Universidad de Yale y uno de los 100 pensadores más influyentes según la revista Time. En el momento más gris que se recuerde para la hostelería y el comercio local, inspiramos fuerte, aguantamos la respiración y tratamos de poner la vista en la lujuria que sucederá a la represión social.

En Apollo's arrow: the profound and enduring impact of coronavirus on the way we live, este sociólogo y médico pronostica dos escenarios a partir de la historia y nuestras circunstancias: el mundo se contraerá, se volverá conservador, ahorrador, pacato, abrazará la fe y desconfiará del encuentro con los otros; y, a su consecuencia, el efecto rebote nos abocará a una etapa de derroche, gula, lujuria, hedonismo. Esos periodos se resumen de manera muy sencilla en el impacto, de 2020 a 2021, la contracción, de 2022 a 2023, y el desenfreno que se desatará a partir de 2024. La mente, de nuevo y sin perder la perspectiva, en el hedonismo y el final de cualquier mojigatería en el medio plazo.

Esa etapa final es la que Christakis define como “pospandemia”. “Si revisas lo que ha ocurrido durante los últimos 2000 años, cuando las pandemias terminan, hay una fiesta”, comenta en una entrevista con BBC para promocionar el ensayo. Los pensamientos de este trabajo elaborado a lo largo de 2020 sirven hoy, sobre todo, con la persiana bajada de ese entramado social que conforma una pierna de nuestro ritmo vital –bares, barras y casas de comida–, para tomar distancia sobre las situaciones. La perspectiva que aquellos a los que no nos pesan los trabajadores en ERTE, impuestos inaplazables y costes fijos –del sector comidista o de cualquier otro– podemos permitirnos.

La receta de Christakis es más optimista que de costumbre y pone en valor un hito de la humanidad que lo cambia todo: tenemos una vacuna. “Eso nunca había ocurrido en la historia. En apenas 10 meses. Sin embargo, aún hay que producir cientos de millones de dosis, distribuirlas y, aún más importante, persuadir a la gente para que se vacune”. Ese proceso durará al menos otro año más en el más optimista de los plazos, con el compromiso público del Gobierno de España de que el 70% de la población estará inmunizada a finales de agosto de 2021.

Pero la contracción no se revertirá de la noche a la mañana. El proceso durará, según el profesor, hasta 2024. En boca de muchas de las propietarias y camareros que este viernes hicieron –otra vez– limpieza de neveras, vaciado de arcones y escandallo de producto, ese periodo es el que obliga a tomar decisiones. ¿Hasta dónde puede subir la marea de la deuda, de los avales, de los créditos y compromisos de pago? ¿Tiene sentido ahogarse hasta que nos alcance la lujuria colectiva?

El periodo al que nos abocamos es el más agotador. Es el tiempo en que se evidenciarán las secuelas sociales, las psicológicas y las económicas. El virus ya no provoca reacciones creativas y la adrenalina de la supervivencia. Poco queda del “saldremos mejores”, los aplausos públicos y la confianza innata. De hecho, es la ausencia de certezas –el más terrible de los pensamientos– la que domina el presente. Un periodo que, no se ustedes, se intuye menos hostil a orillas del Mediterráneo, con una climatología benévola y una cohesión social inspirada en nuestros antepasados.

El tiempo que se avecina, a corto plazo, será sucio en lo dialéctico también. Según Christakis, se intensificará la búsqueda de culpas y de soluciones sencillas y populistas: “culpar a otros es algo típico de las pandemias. Por ejemplo, en las plagas de la época medieval culparon a los judíos; cuando apareció el VIH fueron culpados los homosexuales”. En Atenas, de donde parte el título de este revelador ensayo, la culpa la tenían los espartanos. El contrario siempre se sitúa a 180 grados del punto de vista, pero rara vez las soluciones están tan alejadas.

Para definir el peor momento, el de los récords de contagios y fallecidos en España y en la Comunidad Valenciana, Christakis es firme: “no creo que estemos en el principio del fin de esta pandemia. Creo que estamos al final del principio”. El final del principio, recuerden. Y el principio de la etapa intermedia: aversión al riesgo, distancia social real (dejar de ver a los amigos), reducción de las interacciones, más religiosos, más ahorradoras, más casa que nunca (esta vez, con Netflix, podcast y redes sociales online) y en una progresiva y lenta apertura. Una búsqueda a tientas de la lujuria hasta descubrir que las ciudades que visitar, los vinos que beber y los festivales en que homenajearse eran mucho más importantes de lo que nuestro yo de 2019 sabía.

Y, entonces, la lujuria. “La gente buscará inexorablemente más interacción social. Clubes nocturnos, restaurantes, manifestaciones políticas, eventos deportivos, conciertos…”. Y no solo eso, Christakis asegura que las aguas de la Fe se contraerán también. “Como en los locos años 20 del siglo pasado […], la religiosidad disminuirá, habrá una mayor tolerancia al riesgo y la gente gastará el dinero que no ha podido gastar”. Incluso, ¿el que no ha podido ganar? “Después de la pandemia puede venir una época de desenfreno sexual y derroche económico”.

¿Qué y quién quedará en pie cuando baje el nivel del agua? ¿Cómo saldremos, ahora que no cuesta aceptar que no lo haremos “mejores”? Habrá porqués y tiempo para la perspectiva y el cuándo, cada vez, parece mucho más claro una vez pasada la inflamación de las buenas esperanzas. Los que resistamos estamos invitados al banquete de los ateos. Porque la Biblia, que todo lo atraviesa culturalmente, habla exactamente de lo contrario. Por eso en El jardín de las delicias o en la apabullante pintura flamenca que corona este texto la cronología es inversa: el desenfreno, los excesos y la irracionalidad preceden a las catástrofes (el diluvio universal en este caso, al fondo de la pintura). 

La vida, una vez más, gira en el sentido contrario a las flechas de Apolo: es su celebración excesiva, la lujuria, la gula, es el hedonismo lo que pondrá verdadero punto y final a la pesadilla de la Covid-19. Invitados a ese festín están aquellos que tomen perspectiva, que combatan con cada pequeño pensamiento cotidiano la represión que todo lo domina hoy. La contención que precede a la lujuria. En los bares, festivales y banquetes nos espera una constelación de miradas brillantes, de autoexigencias y extinción de tabúes para apurar la vida. Entonces y, quizá, solo entonces, este amargo trago tenga sentido. Hoy toca el esfuerzo de ficcionar los días y hacer como si mereciera la pena.

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