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el cudolet / OPINIÓN

La vida del Sidi Saler en una cinta VHS

Foto: KIKE TABERNER
11/05/2019 - 

El sistema VHS revolucionó las televisiones de los hogares españoles. Prisioneros de la tecnología somos huéspedes de cualquier revolución. Estarán de acuerdo conmigo muchos de ustedes en que somos hijos de la generación del video. Se sentirán identificados al VHS, Beta o 2000. La vida es una cinta, a ser posible métrica, regla larga, flexible y amarillenta que servía para tomar medidas en los bajos de los pantalones o las faldas de una España de costuras, moralizada en su carta de ajuste por los dos rombos. La hemeroteca familiar habita en la piel de muchos de los angostos casetes que buscan refugio en cajones o baúles, con el único fin de no acabar en el exilio de las modernas paredes de las repúblicas suecas. ¿Y qué hacemos con ellos?, pues los enterramos sin honores, sin ceremonias, no siendo justos con sus vidas, las nuestras. Jubiladas sin pensión, las cintas de video no son alimentos perecederos. No se prestan a nada. Solo el polvo de las vitrinas las envejece. En ellas circulan recuerdos memorables del pasado. Viajes, bodas, bautizos o comuniones, testimonios gráficos se esfuman por el camino sin soltar una sola lágrima perdiendo un gran valor sentimental. Quien conserva en casa uno de estos dinosaurios fosilizados puede refrescar el pasado, reír con el humor negro de Eugenio, o divertirse con las ácidas películas de Luis García Berlanga.  

 Las cámaras de video cumplieron su función social. Custodiaron el recuerdo a través del tiempo, transmitiendo la memoria familiar del pasado al presente. He rebobinado una de las cintas, la tomada en el año 2000, video de larga duración con el enlace matrimonial de mi hermana Dolores y mi cuñado Pepe. En el escenario, al fondo, radica el Hotel Sidi Saler, lugar de celebración del evento familiar. Cuando lean estás líneas se solidarizarán con el bello paraje y espectacular paisaje que rodea al estelar complejo hotelero dotado con la categoría de cinco estrellas. En la actualidad la persiana del hotel está bajada y el cerrojo echado. La propiedad del inmueble pertenece a la banca y la toma de decisiones sobre su función pública a Costas. El gobierno municipal valenciano, alineado a las tesis del ideario ecologista de Agró, ha valorado el derribo del edificio como primera opción pese a tener la licencia prorrogada, en un claro ajuste de cuentas por las salvajes tropelías cometidas por una sociedad militarizada y dictatorial que pulverizó de cemento El Saler.

El Sidi Saler es un referente turístico de la transición española. Un símbolo de la libertad económica. El Sidi Saler no es el hotel del resplandor. Importantes personalidades del mundo de la cultura descansaron en las estancias del complejo setentón. La misma dirección del Hotel homenajeó un 29 de mayo de 1980 con un ágape a la plantilla, cuerpo técnico y directiva del Valencia CF en su proclamación como campeón del extinto torneo de la Recopa. El Saler tampoco es Mururoa, su costa queda lejos del pacífico. Recuerdo las protestas vertidas contra el gobierno francés por las pruebas nucleares realizadas en la Polinesia Francesa sumándome a ellas como cientos de valencianos. No creo en el derribo como solución, lo encuentro exagerado. Los vecinos de la zona han barajado al Regidor de Govern Interior, Sergi Campillo, la reconversión del Hotel en un centro para personas de la tercera edad. Cualquier actividad de las dos es válida menos la entrada de la piqueta en el inmueble. El impacto económico que generará la reapertura del hotel o la inversión en una residencia para mayores es favorable para la coyuntura económica de la zona con la creación de puestos de trabajo beneficiando a vecinos de las pedanías colindantes que blindan los Poblados del sur. El Parador Nacional es un claro ejemplo. Reutilicemos la propiedad por el bien común de todos.

Foto: KIKE TABERNER

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