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crónicas por los otros / OPINIÓN

Las cuatro

Burkina Faso. Verano 2012. Cuatro amigas se embarcan en un viaje que sin duda marcará sus vidas para siempre. Un antes y un después

15/04/2017 - 

“Colaboro desde hace años con La Fundación Amigos de Rimkieta (FAR). En 2009 quise conocer el proyecto de primera mano y me fui a Burkina Faso, tras ese viaje, quedé enamorada de África y del proyecto y volví un par de veces más. En marzo de 2011 Maria Vázquez-Dodero, persona responsable de la fundación en Burkina, se casó con un burkinabe y aprovechando el viaje para la boda, tuve la oportunidad de conocer más cosa de Rimkieta y Ouagadougou. Maria nos llevó a conocer el proyecto Home Kisito, estuvimos pasando la mañana con los niños y conociendo el proyecto. Tras esta visita comenté con mis amigas Carla, Cristina y Marta mi experiencia y decidimos pasar un verano de voluntarias en Home Kisito.” Carmen Silla fue la organizadora de un viaje que les cambiaría la perspectiva de vida.

Carla, Marta, Cristina y Carmen son cuatro chicas valencianas que han pasado la barrera de los 35 años y que desde que el colegio las juntara en preescolar nunca se han separado. Comparten sus vidas desde que tienen uso de razón y están acostumbradas a vivir sus vidas juntas apoyándose, acoplándose y queriéndose las unas a las otras.

Son de esas amigas que dan envidia “sana”, esas amigas de toda una vida, esas amigas que pasan a ser “hermanas” … y lo más bonito de todo es que forman parte de un grupo de amigas y amigos mucho más grande. Son una gran pandilla que se forjó en el colegio Jesús-Maria de Valencia y que desde entonces no ha hecho más que crecer. Al viaje se fueron ellas cuatro.

El viaje

Carla acababa de aprobar las oposiciones a Inspectora de Tributos que estuvo preparando durante casi 9 años, Marta y Cristina tenían vacaciones en el banco y en la empresa castellonense para la que trabajaba y Carmen las animó para que todas juntas vivieran la experiencia de ser voluntarias en un orfanato de Burkina Faso, un orfanato donde conviven niños/as que son adoptados y niños y niñas discapacitados que rara vez son adoptados. Y allí se marcharon. Era la primera experiencia para ellas. Una experiencia que ha llegado el momento de compartir. Cuando el objetivo se ha cumplido: construir un espacio adaptado para los niños y niñas discapacitados.

Desde ese verano no pararon de moverse hasta conseguir la financiación para construir un local adaptado a las necesidades de los niños y niñas discapacitados que no son adoptados y que les espera un futuro sin futuro.

Desde que volvieran a sus realidades y a sus vidas acomodadas que permiten viajar como voluntario/ a terreno y vivir experiencias maravillosas, las cuatro no pararon y consiguieron recaudar el dinero que se necesitaba para que esos niños pudieran vivir en mejores condiciones. Aprovecharon su red de contactos y organizaron todo tipo de eventos. Desde lotería de Navidad, torneos de pádel, subastas benéficas o consiguieron aportaciones directas de empresarios o particulares que se juntaron con alguna subvención del colegio de arquitectos de Barcelona que tramitó el propio arquitecto, Albert Faus, que ha diseñado un espacio especial. Un espacio que aúna varios conceptos.

Un espacio que se convertirá, cuando obtengan la licencia definitiva, en la casa de estos niños y niñas que por sus discapacidades no son adoptados.

Una vez levantado el espacio tienen sensaciones contrariadas. Han conseguido su objetivo pero guardan una sensación contradictoria. Carmen asegura que la primera sensación debería ser satisfacción pero no es así. Es más bien una sensación de conformismo ante cómo funcionan las cosas en Burkina. Asegura: “Es imposible que un país funcione con esa falta de recursos y ese ritmo de vida.”

Carla por su parte señala: “Ha pasado tanto tiempo desde que empezamos (cuando fuimos era el verano de 2012) que parece mentira, es una sensación extraña... Mucha alegría por un lado pero también un poco de desasosiego al ver cuánto cuestan las cosas y cuántas necesidades faltan por cubrir”.

Ambas coinciden en lo complicado que les ha resultado conseguir la financiación. Y es que después de venir del viaje pensaron sinceramente que recogerían una barbaridad de dinero. Pensaron que seguro que cada persona que conocían entre las cuatro amigas les daría 50 euros que solo les supone renunciar a una cena en un restaurante a las que suelen ir…. Pero nada mas lejos de la realidad. Jamás imaginaron que les iba a costar tanto esfuerzo en conseguir el dinero que necesitaban.

Y es que a veces resulta bastante desalentador ver la poca empatía que tenemos las sociedades más desarrolladas y la escasa colaboración de una gran mayoría. Los que están mentalizados, colaboran mucho, pero los que no lo están, es muy difícil que ni siquiera escuchen este tipo de proyectos y más si les pilla tan lejos. Con Carmen y con Carla hemos hablado sobre su experiencia como voluntarias en terreno.

Carmen

Para Carmen África tiene algo especial, que realmente enamora y engancha. Es difícil de explicar pero a ella le cautivó desde la primera vez que pisó Africa. De he hecho ha estado en otras partes del continente africano y ha sentido ese feeling especial. Pero si tuviera que decir algo que conserva más fuerte de Burkina es las sonrisas y miradas profundas de la gente y sobre todo de los niños.

Burkina es uno de los países más pobres del mundo, les falta comida, agua, educación etc... Pero todos los niños tienen una mirada limpia cálida y una gran sonrisa, cree que su gente aporta mas a quien va de lo que tu le puedes aportar a ellos. Son un ejemplo de entrega, pasión y alegría, algo que en este primer mundo hemos perdido.

Ellas vivieron una experiencia inolvidable y recuerda la primera vez que entró en el orfanato:

—Los niños los tienen divididos por edades, cada una nos toco un grupo, teníamos que lavarlos por las mañana, darles el desayuno, jugar con ellos etc... Notábamos como ellos se iban abriendo cada día un poco mas y cada sonrisa que nos mostraban era un regalo para nosotras. Eran muchos, y las monjitas no pueden darles el mimo a los que aquí estamos acostumbrados, teníamos que controlarnos un poco ya que nos decían tampoco era bueno darle una atención tan mimada durante unas semanas y luego desaparecer...

Dentro del grupo de niños medianos y mayores, había varios con discapacidades, en mi grupo estaba Chirifa, que sufría encefalitis, y la pobre estaba en una cunita y no podía mover nada, todos los días pasaba tiempo con ella, acariciándola, dandole de comer y realmente sentía ella lo agradecía y lo percibía, esos momentos para mi eran los momentos mas tristes, felices y gratificantes del día.

Este y otras enfermedades que sufrían los niños discapacitados realmente requieren de una atención especial, es lo que vimos mas hacia falta en el orfanato y es lo que nos motivo a ayudarles, el personal de Home kisito esta muy entregado a los niños, pero tienen falta de medios para el desarrollo de los niños.

Carmen ha vivido este proceso de manera muy intensa y con mucha vinculación emocional.

“Ha sido un proceso muy muy largo, por la recaudación del dinero que muchas veces cuesta transmitir o que la gente empatice con algo que tu ves tan claro.

Ademá s los procesos y negociaciones en Burkina tienen otro ritmo y son muy complicados.. Pero aguantas porque sabes valdrá la pena y todo lo haces por darle una vida mas digna a esos niños discapacitados. Lo único me entristece en el transcurso de todo este tiempo, de negociaciones, recaudación etc. , Chirifa falleció, para mi fue el motor para seguir adelante pese a las dificultades. Hemos decidido poner su nombre al nuevo pabellón. “

Carmen tiene claro el objetivo a partir de ahora: “De momento queremos el nuevo pabellón se use, pueda acoger a mas niños y puedan ir ampliando dando mejor servicio y atención. Queremos seguir de cerca el tema y una vez todo este arrancado, junto a Home kisito veremos como podemos seguir colaborando. Y trabajar en garantizar las medicinas, pero sobre todo atención especializada para los discapacitados “

Carmen recomendaría vivir esta experiencia. Asegura que te hace ver el mundo desde otra perspectiva. Es bueno hacer un parón en tu vida, darte cuenta que somos unos privilegiados y aun así no sabemos ni valorar ni disfrutar de lo que tenemos. En cambio la gente en Burkina es muy agradecida. Y lo más importante, te aporta a ti mas de lo que puedes aportar.

Carla

Carla recuerda las calles de tierra sin asfaltar, el tráfico de coches y motos caótico, y el olor característico del primer día que visitamos el orfanato.

Para ella la experiencia fue muy buena y gratificante. Por suerte, asegura que el orfanato estaba en perfectas condiciones y los niños muy bien cuidado. Les faltaba cariño comparado con la atención que le damos a nuestros hijos, pero supone que es imposible prestarles tanta atención cuando son tantos o sin ir más lejos, en las familias con muchos hijos y poco recursos... Afirma que a las voluntarias les unió mucho y vivieron cosas estupendas.

Carla afirma que en el orfanato viven dignamente, allí se aseguran una ducha diaria, comida, una cama y atención médica cuando están enfermos.

“No obstante, cuando estuvimos allí se notaba la falta de cariño de la que hablaba antes. Todo el rato querían estar con nosotras, tocarnos, jugar... cuando cogías a uno de ellos, los otros también querían...al fin y al cabo, no hemos de olvidar que son niños y necesitan mucha atención. Pero casi siempre con la sonrisa en la cara, esa sonrisa tan característica que aunque pasen los años no se borra, afortunadamente, de nuestra memoria.”

La relación con la comida también es diferente. Carla destaca que les llamó la atención que cuando un niño no quería comer, no se le insistía mucho como hacemos aquí, pasaban a darle la comida al siguiente, y así sucesivamente... De esta forma, cuando el niño tenía realmente hambre, comía. La alimentación sigue siendo bastante escasa, y la variedad nula, y la medicina también escasea, sí que iba a veces un doctor, pero muchas veces, creo que ni siquiera ellos saben lo que les pasa a los niños.

Carla recuerda ese viaje como una experiencia única que enriquece como persona, te hace ser más sensible y darte cuenta de cuántas cosas innecesarias tenemos en nuestro día a día.

No olvidemos que, como hicieron Carmen, Carla, Marta y Cristina, algunas personas aprovechan las vacaciones de Semana Santa, Navidad o verano para hacer un voluntariado en terreno, vivir una experiencia diferente y embarcarse en proyectos de vida diferentes. Y a mi me encanta poder ser altavoz de todos ellos. ¡Enhorabuena a las cuatro!

La semana que viene… ¡más!

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