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Las dos Mónicas

6/05/2021 - 

Madrid ya votó. Y qué descanso. ¿Servirá esto para que a partir de ahora se reduzcan los decibelios de confrontación política, las estrategias de apuntar al otro desde el desprecio o el hablar de la realidad como si todas las preocupaciones de la población se redujesen en tomarse unas bravas con una cervecita? Ojalá, pero creo que lo responsable es decirles a ustedes que no se hagan ilusiones.

Si me permiten el símil futbolero, lo del 4M ha sido como un partido en el que ningún equipo parece haber confiado en sus recursos propios (ideas y hechos). Todas las candidaturas -con la honrosa excepción de Más Madrid- han condicionado sus estrategias a encharcar el campo para impedir que el rival pueda desarrollar su juego, olvidándose que el barro mancha a todos por igual. Seguramente, como apuntó recientemente el filósofo Daniel Innerarity, algunos ayer estaban intentando entender cómo han podido perder el encuentro enfrentándose a adversarias y adversarios tan 'malos'.

La política populista hace tiempo que se instaló en España, como ya hemos contado alguna vez en esta columna, y quedó claro en el martes electoral madrileño. Como también ha quedado claro que existe un espacio para un discurso centrado también en la evidencia de los datos, en el funcionamiento digno de los servicios que usamos la mayoría de la ciudadanía y del que la izquierda no se puede despegar. Es un discurso menos efervescente que el de Trump o Isabel Díaz Ayuso, con menos eco mediático y absolutamente alérgico a los algoritmos de Silicon Valley, pero que ha servido a Más Madrid y Mónica García para auparse como segunda fuerza en el ecosistema político de Madrid.

El PP seguirá ostentando la presidencia de la Comunidad de Madrid gracias a una campaña en la que la emocionalidad volvió a arrasar con mantras que podrían verse perfectamente impresos en camisetas de una tienda de souvenir en la Plaza del Sol. Vivir a la madrileña (concepto que para sus defensores aúna básicamente tres actividades: levantarse temprano, trabajar y luego tener múltiples oportunidades de tomarte una caña) resume un estilo de vida y un sentido de la libertad que, de tanto que nos lo han repetido, va a parecer único en España. 

Este 4M el marketing político venció a la realidad madrileña. O a la realidad gestionable, la cuantificable, la que habitamos. Hablamos de ese espacio de la cosa pública en el que hay que dirigir las residencias de mayores que más muertos han registrado en el último año, en la que hay gestionar una sanidad que todavía hoy mantienen en la UCI 600 pacientes graves de Covid, y sí, también una economía, que por mucho que nos anuncien el milagro económico que vive la capital, sufre tanto o más que las de aquellas autonomías que han llevado a cabo más restricciones contra la pandemia que las del gobierno de la Comunidad de Madrid. Ahí están las previsiones del BBVA, que no es precisamente el polit buró soviético.

Y aunque Madrid pueda oler a populismo en estos días, el 4M deja sin embargo una sensación con aroma valenciano que me retrotrae a las autonómicas de 2011. Mónica García no ha tenido ningún medio detrás, ni siquiera grupos de presión que la aupen a esa segunda posición que ha conseguido. Me recuerda a otra Mónica que en el debate de aquellas elecciones autonómicas de  2011 fue invitada por primera vez a la televisión valenciana a debatir. ¡¡La primera vez en dos años y medio como portavoz del tercer partido entonces en Les Corts Valencianes!! Como Más Madrid hoy, Mónica Oltra estuvo entonces sola hablando de los recortes en sanidad, en educación y en tantos otros aspectos que intentaban ocultarse mediante los espejismos producidos desde un bipartidismo, hasta entonces, intocable.

Aquel 2011 fue el año que marcó el inicio de una época que marcó la transición al lugar donde se encuentra hoy el País Valencià, fueron años de un discurso que se extendió a gran parte de la izquierda valenciana en 2015 y que puso a las personas en el centro del debate, sin el boato mediático que se concede a otras formaciones, denunciando la desigualdad y la corrupción, la gestión para los amiguetes. Y hoy como entonces, lo realmente valiente en política, la épica auténtica, reside en hablar de lo que importa a las personas sin lenguajes bélicos, hablando de lo que no interesa al poder que se hable e intentar hacérselo entender al conjunto de la sociedad.

Menos Trumps y Ayusos y más Mónicas. A trabajar, que quedan dos años para volver a votar.

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