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crítica

Les Arts trae al emperador René Pape para cerrar el ciclo lied

18/05/2021 - 

VALÈNCIA. Llegado ya el calor al Reina Sofía, en un frío recital, demostró ayer domingo René Pape por qué es uno de los bajos más aclamados del panorama lírico mundial. El alemán es dueño de un instrumento completo, y sabe manejarlo con elegancia y maestría. Sin embargo, de nuevo, demasiados huecos libres en la sala. El aficionado espera la especialidad de cada uno. Como otras veces, Les Arts es capaz de acercar a destacadísimas estrellas de la ópera, y es incapaz de crear el atractivo encuentro. Otra histórica oportunidad perdida.

En cualquier caso fue un gran disfrute para los amantes del canto, porque a pesar de todo, escuchar  al emperador Pape es un privilegio. Es bajo de voz homogénea, robusta, buen tronco, notable squillo, y de timbre brillante, a veces baritonal, plateado, y bello. Es un bajo cantante de volumen generoso, que practica un canto muy cuidadoso y de exquisita musicalidad, con una perfecta colocación cubierta, e impecable proyección. Lo mejor de ayer, además de la perfecta dicción, su timbre, su emisión espléndida, y la utilización redonda de los resonadores, especialmente en la voz de pecho.  

Es verdad que la flexibilidad en la evolución en los matices los podrá mejorar, que sus notas piano deberían buscar más los resonadores, y que el agudo pierde cuerpo, pero todo ello lo suple imperando con su canto bello, seguro, elegante, y rico en armónicos en su parte central. 

Repertorio complicado

El repertorio elegido no era para el lucimiento. Fue un reto complicado que tanto René Pape como su pianista acompañante Camillo Radicke asumieron, para inevitablemente resultar un acto algo frío y tirante; y no solo por el repertorio, sino por la falta de interiorización de texto y música. La clase magistral de canto de Pape fue dictada con demasiado ojo a la partitura, y demasiado poca fluidez en la expresión. El lied requiere un canto íntimo que ayer faltó.

Radicke acompañó al bajo, sin ofrecerle mucho más, exento de cierta sensibilidad y brillantez. Desde el momento de la cantata de Mozart Die ihr des unermesslichen weltalls schöpfer ehrt, el pianista se mostró en parte con una resolución imprecisa, mientras que Pape ya se presentó de inicio rotundo, brillante, y con su voz plena de armónicos. 

Las Canciones bíblicas de Dvorák fueron presentadas con una voz baritonal, imperiosa, y brillante, por parte de René Pape, con especial atención en la claridad del texto declamado del checo antiguo en el que están escritas este ciclo de canciones del Libro de los Salmos de la Biblia de Kralicey. En su sonoridad mística, Pape supo aprovechar para demostrar, a pesar de sus notas piano faltas de lucimiento, que pocos pueden igualarle en la utilización de recursos como el uso de los resonadores en la voz media y grave, amplia proyección, claridad tímbrica, adecuado volumen, extrema musicalidad, y aplicación del texto como impacto. Destacó el bajo en el salmo Slyš, ó Bože, volání mé -Escucha, oh Señor, mi amargo grito-, resuelto con un fervor, y una musicalidad propia de los grandes.  

La media voz de oro que posee Pape pudo exhibirla en su plenitud al abordar las casi cinematográficas Tres canciones de Shakespeare, muestra de la canción artística inglesa típica de Roger Quilter, con las que el bajo alemán demostró de nuevo su facilidad e interés en la adecuada pronunciación del texto. Con las melodías sencillas y ligeras del británico, René Pape sacó a relucir todos los brillos y colores de su voz, y dijo cómo se canta en la máschera, expresando las piezas y sus lamentos con una calidez y dulce pulcritud, que para sí la quisiera Radicke.

Terminó el recital con cinco deliciosas canciones de Jean Sibelius, en las que el romanticismo del finlandés fue contestado por Pape de una forma libre y segura, luciendo de nuevo su timbre brillante, sus graves de pecho soberbios y rotundos en Der Span auf den Wellen, y Schwarze Rosen. No supo Radicke acometer An den Abend con la sutileza que le imprimió el bajo alemán con su bellísimo canto apianado y legato, aunque remendó en las dos últimas piezas, Mädchen kam vom Stelldichein y Be still, my soul, al seguir a Pape en su particular festival de colores y dinámicas.

Schubert y Strauss de regalo

El momento de mayor disfrute vino con las dos piezas fuera de programa con las que los alemanes tuvieron a bien obsequiar al público. Y realmente fueron un regalo, porque se ejecutaron con mayor soltura y acierto, fruto de una interiorización más evidente que el traído en las piezas precedentes. 

Interpretaron el himno al arte que Schubert ideó con An die musik, a la que René Pape respondió con dramática sencillez, y una línea de canto que le convierten en un modelo. Y terminaron con verdadera devoción y alma con la Zueignung de su compatriota Strauss con la que el público quedó finalmente sometido.

No cabe duda que René Pape es un referente hoy día en el mundo de canto, por la belleza y densidad de su voz, y por la elegancia de su música refinada. Tiene aspecto de emperador. Y como es uno de los grandes, ojalá de la mano de la ópera pueda pronto venir a darnos lo mejor de sí y de su arte consumado.


FICHA TÉCNICA

Palau de Les Arts Reina Sofía. 16/05/2021

Recital canción

Obras de Mozart, Dvorák, Quilter, y Sibelius

Bajo, René Pape 

Pianista, Camillo Radicke

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