VALÈNCIA. El escritor valenciano David Aliaga se ha escondido en un rincón de su cráneo para dar forma a su primer libro: Gabinete de canciones tristes, una publicación experimental abrazada por la editorial valenciana independiente Brillo Editorial. En el libro, que va sobre el lenguaje en sí mismo, reflexiona sobre el habla, la lectura y la escucha entre poesía, frases repetidas como mantras e imágenes embaucadoras. Lo hace con un propósito: no seguir ninguno, tan solo “reflexionar sobre la creación” y encontrar su propio lenguaje. Basándose en un mensaje de WhatsApp -las cartas románticas del siglo XXI- de un chico a un amigo suyo, comienza a construir los cimientos de este libro en el que hasta el propio lenguaje se pierde.
“En los mensajes privados encuentro una vía activa al lirismo de algún modo, los mensajes me ayudan a situarme a mí mismo en el tiempo para hablar de la comunicación, el lenguaje y el querer”. Entre conversaciones en las que parece que el lector se inmiscuye, Aliaga hace que salga a flote una correspondencia inacabada que le ayuda a reflexionar sobre el lenguaje que en su contraportada “le abandona mientras los cambios suceden fuera de las palabras”. Entre versos e imágenes, el valenciano consigue, junto a Brillo Editorial, conformar una historia única que podría leerse en cualquier orden, aunque ordena cuidadosamente por capítulos visuales en los que las letras funcionan como una declaración de intenciones.

- Imágenes cedidas por Brillo Editorial -
Entre las conversaciones hay imágenes de unos pequeños relicarios que van desde una cajita de madera hasta un collar de pinchos, imágenes que sirven para entender una comunicación que hay entre quienes se envían cartas dentro de Gabinete de canciones tristes. “El libro funciona entre pensamientos y nace después de la creación de un poemario sin publicar. En este trabajo entro en contacto con la filosofía hermenéutica, la poesía y el arte para hablar del lenguaje y la acción de la escritura en sí misma”, explica el creador y artesano tras este texto que se compone de letras de todos los tamaños y formas.
Debatiendo sobre aprender y desaprender, busca huir de la “representación elitista” del lenguaje y conformar su idioma propio, se siente abrazado, durante todo el camino, por Brillo Editorial. Miguel Alejos, codirector y editor de este proyecto editorial valenciano, explica que les gusta comprender las publicaciones como “un espacio disponible, como en otros momentos ha podido ser una sala de exposiciones”, bajo esa premisa comprenden los libros como un espacio con características propias como la seriación, su capacidad de reproducción o su construcción a modo de secuencia.

- Imágenes cedidas por Brillo Editorial -
“Intentamos alejarnos del libro como ente sólido y legitimador, para asemejarse más a un campo de pruebas o una pista de baile. Algo que, por otro lado, no es nada nuevo si entendemos nuestra forma de edición y creación como una práctica cada vez más extendida en las prácticas artísticas que va desde las primeras apariciones de libros de artista durante las Vanguardias, la autoedición, el fanzine o las publicaciones asociadas a movimientos contraculturales y políticos que proliferaron en el pasado siglo”, explica Alejos.
“Asumido este viaje, si entendemos más riesgo en cuanto a nuestra propia condición de editorial pequeña, deslocalizada, sin gran distribución y sobre todo con corta tirada de ejemplares. Características que nos permiten cuidar el proceso, pero también nos colocan en una esfera alejada de lógicas comerciales estables y estandarizadas. Una condición con la que, desde el inicio como artistas y ahora como editoras, estamos plenamente familiarizadas y hasta en ciertos momentos cómodas”.
“Y donde creemos que tiene sentido situar el tipo de prácticas que llevamos a cabo: entre los márgenes y el disfrute, por realizar publicaciones que se constituyen por el mero gusto de hacerlas, que pueden ser raras, caprichosas, confusas, disfrutables…”. Publicaciones como Gabinete de canciones tristes, en las que hay espacio para la duda, la reflexión, la poesía y el disfrute visual, simplemente por eso, por el placer de leer, ver, aprender y enfrascarse en lecturas únicas que hacen que se salga un poco de la rutina.

- Imágenes cedidas por Brillo Editorial -