‘Purgar al Diablo’, el retorno de la posesión a nuestras vidas

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Mutatis Mutandis publica este ensayo de Grafton Tanner sobre la inquietante presencia de lo demoníaco en las interpretaciones que hacemos de una realidad tan incierta como violenta

  • Fotograma de la serie The Exorcist
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VALÈNCIA. Cuernos, patas de cabra, una semblanza nada casual con el dios Pan; la oscura luz y belleza del ángel prometeico más orgulloso y arrogante según algunas versiones, o bien aquel que más preguntas se hacía en su rebelión contra la sumisión. Un ser corrupto dedicado a destruir la obra de lo divino, el Gran Tentador, una entidad ominosa mucho más abstracta, una antifuerza del cosmos, el anverso tenebroso de la omnipotencia, el Enemigo, la alternativa, la perdición, un rastro de malignidad y decisiones destructivas que se extiende a través de los seres con libre albedrío, y por tanto, responsabilidad. El mal encarnado ha adoptado, desde la perspectiva de las religiones que lo contemplan, estas y otras muchas personalidades y tantos otros aspectos. Se suele decir que su gran triunfo ha sido habernos hecho creer que no existe, pero eso parece estar cambiando, ¿para su desgracia? Sus planes son también inescrutables.

La historia del Maligno en las sociedades donde se profesa –ciñendo el contexto– el cristianismo, se ha desarrollado por medio de altibajos en lo que a creencia se refiere, y con ella, la de los ritos que hemos diseñado para expulsarlo de nuestras vidas. La propia Iglesia ha cambiado su perspectiva sobre sus capacidades: la posesión demoníaca ha acabado resultando, desde hace siglos, una cuestión incómoda y controvertida. Si bien la Biblia recoge posesiones y exorcismos contra Satanás y sus legiones, el catolicismo ha manejado el supuesto fenómeno con mucha cautela en función del signo de los tiempos y de su propia evolución como casa de la fe. Antes del amanecer del estudio científico de la mente, las posesiones y su terapia en forma de exorcismo ya pasaron a ser extremadamente infrecuentes, pero a partir él, los protocolos para determinar si un caso exigía la intervención de un exorcista han requerido todo tipo de análisis médicos y psiquiátricos.

  • Purgar al Diablo. Exorcismo y posesión tras la muerte de Dios, de Grafton Tanner -

Aparentemente la influencia luciferina había quedado relegada a la ficción, donde siempre ha sido muy popular, siendo un género en sí mismo en el cine caracterizado por un esquema, por lo general con pocas variaciones, que culmina siempre en un clímax en el que el sacerdote torturado por una crisis de fe terminal se ve obligado a tomar las riendas del rito, y en su peor momento vuelve a ver la luz, resurgiendo convertido en un nuevo exorcista de la Iglesia, sometiendo al demonio y obligándolo a decir su nombre, ante lo cual el ángel caído, visiblemente sorprendido y aterrorizado, no tiene más remedio que abandonar a su víctima. El tema es en realidad tan sugerente que incluso sin apenas novedades se pueden hacer historias tan brillantes como El exorcismo de Emily Rose, o la sensacional serie de The Exorcist. 

Ahora, sin embargo, el Enemigo ha vuelto de su retiro de la mano de aquellos que de nuevo lo ven en todas partes, especialmente en quienes se encuentran al otro lado del espectro ideológico. Purgar al Diablo. Exorcismo y posesión tras la muerte de Dios, del filósofo Grafton Tanner en el estupendo catálogo de Mutatis Mutandis (con traducción y prólogo de Federico Fernández Giordano), estudia este renacer de los señalamientos a endemoniados y de las peticiones de exorcismos, así como su paradójica relación, precisamente, con grotescas deformaciones de los tratamientos mentales como la desprogramación –aplicada en origen con terribles resultados a víctimas de sectas, y luego a otras muchas situaciones– para revertir lavados de cerebro.

Pero no solo ha vuelto el Diablo, sino también Dios: es evidente en la cultura pop, como en la música, o en el discurso de una juventud que en pleno terremoto incesante existencial y social abraza los valores tradicionales, y además –oficialmente– en las instituciones de las más poderosas naciones, tradicionalmente seculares y con separación Iglesia-Estado. Todo en este asunto es una paradoja. De nuevo se alzan dedos que apuntan a casi cualquier disidencia para señalar que sus convicciones, su rebeldía, es un claro indicio de influencia demoníaca, y que por tanto no son sujetos políticos sino enemigos del ser humano y deben ser combatidos con los medios que sean, terapéuticos, religiosos, o mucho más expeditivos. Algunos de los mayores estafadores de la fe han visto una fantástica oportunidad en esta coyuntura, consejeros espirituales ávidos de hacer negocio que, de nuevo, son paradójicamente identificables con todo lo contrario. Agentes dobles del Anticristo:

“Todas las sociedades tienen sus demonios. Siempre intentan sacarlos fuera, purgarlos, expulsarlos, curarlos o exorcizarlos. No por casualidad, para aquellas sociedades que valoran el individualismo, el cristianismo, la raza blanca y el capitalismo, las religiones alternativas, el socialismo y los movimientos por la justicia social suelen ser demonizados; y las personas que desafían esos valores son acusadas con frecuencia de estar poseídas, o peor aún, de ser ellas mismas demonios. El 9 de agosto de 2014, el agente de policía Darren Wilson disparó y mató a Michael Brown, un joven afroamericano de dieciocho años de Ferguson, Misuri. En su testimonio ante el jurado, Wilson declaró que se sintió amenazado y respondió con fuerza porque Brown le parecía un demonio. «Me miró y tenía la expresión más intensamente agresiva –dijo Wilson al jurado–. La única manera de describirlo es que parecía un demonio». 

La demonización del joven Brown sirvió para convencer al jurado en favor de Wilson, pero también avivó el espíritu de protesta. Poco después, los ciudadanos de todo Ferguson se manifestaban contra los asesinatos brutales de personas negras desarmadas a manos de una fuerza policial cada vez más militarizada. Si Michael Brown fue visto como un demonio, entonces su muerte fue tratada como una purificación ritual”. He aquí la clave: lo demoníaco weaponized, convertido en un arma. Una moderna caza de brujas: la historia, probablemente, más antigua de la humanidad.

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