Libros y cómic

SILLÓN OREJERO

Tedward, un héroe torpe, inocente e idiota

El último volumen de Josh Pettinger es un spin-off de uno de sus personajes más gloriosos de Goiter

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Estamos a pocos meses de que la cultura popular, y quizá también la elitista, den un cambio de no retorno hacia la automatización. Puede que a las generaciones que ya tenemos cierta edad nos cueste más el cambio, pero los que crezcan con la IA no es de extrañar que la vean como algo normal, más barato y eficaz que todo lo anterior. 

Creo que la gente llegará a casa y le hablará a la tele para que le genere una película con los ingredientes que le meta en ese momento. Ocurrirá algo similar con la música y si alguien sigue leyendo no será raro que se genere las lecturas que le divierten introduciendo brevemente las tramas y personajes que quiera que tengan. 

Me imagino que será así porque hay una línea de continuidad con eso que se llama mercado. Nada como la oferta y la demanda ha establecido fórmulas matemáticas en la creación de guiones, novelas y canciones. La industria ha trabajado siempre sobre derivaciones de ecuaciones de éxito y sigue haciéndolo. 

Por eso, ante un barranco de semejante altura, siento algo muy especial al tener entre mis manos Tedward de Johs Pettinger. Este autor, nacido en la isla de Wight, rompe el cebo fundamental del mercado: la expectativa. Una inmensa mayoría del público, del consumidor, necesita saber qué es lo que leer, ver o escuchar. Hay múltiples códigos aprendidos con la experiencia que lo anuncian, son los que se explotan y los que hay que satisfacer. Podríamos llamarlos géneros y subgéneros y están presentes por todas partes. Por desgracia, lo indie, que sufrió la paradoja de convertirse en mainstream en los 90, también los tiene y exprime. Sin embargo, Pettinger no anticipa cómo te va a satisfacer para que entres. El pacto con el lector aquí es diferente. 

Su primera obra, Goiter, era una sucesión de escenas sin sentido ninguno. Los giros eran surrealistas y el interés residía en los personajes que, generalmente, eran gente ninguneada, bloqueada, aislada, hundida, fracasada… Junto a ellos, la visión del mundo de Pettinger se mostraba de forma muy sutil, tras referencias combinadas y con un sentido del humor muy cruel. No hay un género que sustente este material como no sea la imaginación de su autor. Cuando lo lees, lo que más te gusta es la sorpresa. Lo inesperado.

Seguro que esto también se puede generar artificialmente algún día, pero creo que a la tecnología le va a costar un poco más reproducir algo así que las historias que se hacen con un molde. Aunque solo sea a corto plazo, esta creatividad es inexpugnable en un contexto en el que todo está amenazado. Ese es el valor que tienen estas viñetas, es algo inconmensurable. 

En su segundo trabajo, el título se refiere a Tedward, uno de los personajes de su primera obra, que aquí goza de un monográfico. Si se le quiere buscar un referente, sería Junior, de Peter Bagge, aquel grandullón que seguía viviendo con su madre y se negaba a enfrentarse a la vida. En este caso, el joven comienza su historia obteniendo un trabajo de limpiador de semen en orgías y el arco que describe ese argumento solo puede calificarse como espectacular. 

El hilo conductor es la estupidez del protagonista. Una mezcla de rectitud moral agresiva con necesidad, carencias afectivas y torpeza, dominada toda ella por una ausencia absoluta de inteligencia social. Es tan obvio cómo se autoboicotea, no tiene ninguna doblez, que la risa que produce tiene algo de bully por parte del lector. Es un pobre hombre, sí, pero no puedes parar de reírte de él por lo gilipollas que es. 

El momento más intenso en ese sentido es cuando Tedward liga con alguien que, como él, es aficionado a las scooters japonesas de los 80. Él no se entera, pero es obvio que el otro hombre quiere acostarse con él y le va planteando burdos chantajes emocionales para que no se le escape. Ver cómo el manipulador va tejiendo la red es de carcajada dantesca, pero cuando todo parece que va a ser lo que es, el autor revienta el argumento con salidas imposibles. 

De esta manera, las narraciones son a ráfagas violentas, con cortes y cambios brutales. En su pequeño universo, el autor juega con las piezas como un niño pequeño, maltratándolas, tirándolas… Y la composición final es un churro tan inimaginable que te deja sonriendo durante días. En serio, te vas acordando de escenas y giros del guión mientras haces la compra y te vas riendo por la calle. 

Pettinger vive en Estados Unidos desde hace más de diez años. Todo este material ha llegado a nosotros después de duro trabajo sacando fanzines con sus personajes. Con esta estrategia logró hacerse con un público fiel que fue en aumento, algo bonito de leer si se produjo en una década, los años 10, en los que fueron las redes sociales las que se comieron todo. 

Creció en una urbanización de protección social, de las más marginales de la Isla de Wight. Las probabilidades de que le pegasen con solo salir de casa eran altísimas, tal vez por eso se refugió en el dibujo y, más adelante, en el punk. Su casa estaba rodeada de bosques que eran idílicos, pero cuenta que cuando trataba de disfrutar de esa naturaleza, lo poco que podía hacer gente tan pobre como su familia, siempre acababa encontrándose entre la maleza a gente follando o completamente drogada. 

No tuvo acceso a cómics de niño, todo le llegó por Los Simpson en televisión y poca cosa más. En cambio, cuando se fue a la universidad a Londres entró en contacto con todo el underground estadounidense: Daniel Clowes, Chester Brown, Julie Doucet… Y siguió viendo la tele, en concreto, joyas nunca superadas ni tan siquiera igualadas como Peep Show… 

Finalmente, en Estados Unidos, alternando trabajos en tiendas de ropa o como camarero fue como se lanzó a dibujar con miras a publicar algo. Tenemos dos volúmenes de ese curro, ahora acaba de salir en Estados Unidos Pleasure Beach, pero solo tiene 40 páginas. De todos modos, tanto por sus referencias como por lo que ya ha acreditado, lo importante es que estamos ante un di noi

 

 

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo