Libros y cómic

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Vaporwave, backrooms y la extrañeza nostálgica por la realidad que no existió

Interfaces de formas curvas, reflejos y apariencia de realidad, pop higpnagógico, sonidos ralentizados, evocaciones de centros comerciales existentes solo en la nostalgia, Windows 95, ¿has estado allí?

  • Portada de Floral Shoppe, Macintosh Plus, 2011
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VALÈNCIA. Tiene apariencia de sueño, y ni siquiera es tranquilizador, o lo es solo en parte. Un escenario reconfortante pese a ser sustancia de pesadilla moderna: un centro comercial despojado de vida, canciones a base de samples vagamente irreconocibles o ni siquiera eso que sin embargo activan una melancolía de un pasado que un par de generaciones de las últimas décadas, de esta época en que estas comprenden espacios psicotemporales cada vez más breves, consideran hogar. Un imaginario amenazante para los seres humanos en un limbo entre la promesa de un futuro y un futuro inminente en descomposición. La estética transfigurada en A E S T H E T I C, una fórmula cargada de un significado nuevo con mucho más sentido de lo que los que precedieron pueden comprender o tener en cuenta. En medio de la vorágine, canales lo-fi, doomers postsoviéticos, postpunk, backrooms, poolrooms, horas y horas de ventanas con lluvia, refugios cyberpunk, cabañas digitales en bosques diseñados. El origen de todo ello, no obstante, es un sistema operativo. La intro de unos documentales. Paisajes tropicales en videojuegos, la OST de un mundo de Super Mario 64, esculturas neoclásicas, tucanes levantando el vuelo, una base de damero –el patrón geométrico de cuadrados bicolores blancos y negros– y ritmo de enciclopedia Encarta. Para gran parte de la gente que habita este instante preciso de un sistema global tendente al extremo, no significa nada. Para otra multitud, es el paraíso perdido. Pero como todo paraíso, es pura mitología, ensoñación. O dicho de otro modo: vaporwave, y dreamcore, y weirdcore.

Opening del documental Eyewitness, epítome de un futuro prometido que nunca existió

A estas alturas de la descripción un porcentaje de quienes estén leyendo este artículo y no lo hayan abandonado por falta de identificación sentirán solo curiosidad, y otro porcentaje sentirá una sedación placentera y las ganas narcóticamente irrefrenables de estar en otro lugar, en otro tiempo. Ese tiempo no se puede encajar en una cronología natural, porque existe en paralelo a los procesos históricos habituales y a los territorios geográficos que figuran en los mapas. Este jardín del Edén es obra de la computación generalizada pionera y del internet que todavía era promesa de libertad y evasión. De esa red previa a las redes sociales y a los magnates ávidos de datos personales. Sin idealizarlos, hablamos de neohippies del valle de silicio que creían –en algo–, que tenían fe en una revolución descentralizadora, que imaginaban más allá del algoritmo. Quienes no se saltaron de la rueda aplanadora del presente fueron fagocitados, pero en algún momento fueron. Se puede ver una serie documental, Preserving Worlds, que puede servir de contexto a todo esto, que es difuso esencialmente. Llega al cine una película basada en una creepypasta que se trata como terror por quien no lo ha entendido –y es comprensible– porque no es materia de sus mejores recuerdos. ¿Cómo podría ser un alterespacio laberíntico y solitario hasta la locura un lugar por el cual sentir apego? Quien ha tratado de introducir un monstruo en él, un enemigo que persigue, no ha entendido nada.

  • Estéticas liminales, de Valentina Tanni (Caja Negra, 2026) -

Valentina Tanni, sin embargo, en esa casa de las mejores explicaciones del presente que es la editorial Caja Negra y con traducción de Alejo Ponce de León, puede servir de ayuda: Estéticas Liminales. Vaporwave, Backrooms, weirdcore o cómo la cultura de internet está enrareciendo la realidad es un objeto literario extremadamente necesario y a la vez no; el porqué de esta ambivalencia es su premisa, explicar con palabras lo que debe sentirse. Habrá quien opine que esto puede aplicarse a cualquier movimiento cultural, pero no es así: la razón es que el vaporwave, o lo que el vaporwave ha originado y en lo que ha derivado, se caracteriza por ser un fenómeno original, en la acepción más profunda de la idea, de ese mundo virtual que es internet. El concepto internet es a nuestra actualidad tecnológica lo que las matemáticas a la física: es el sustrato sobre el que ha crecido lo siguiente. Pero la matriz, lo que subyace a todo, es esa inconmensurable disrupción de la historia humana que ha sido internet, un continente (o una galaxia) de nuevo terra incognita, y además, intangible. Es una terrible imprecisión referirse al auténtico Nuevo Mundo como un espacio no físico. No hay nada en nuestro prosaico día a día –ajeno a las creencias religiosas– que no sea físico. Del mismo modo que las vacaciones también son la vida real –qué oscuro creer que solo es real una jornada laboral–, internet y lo virtual es lógicamente físico. Lo son los electrones que cimentan los códigos binarios que traducen casi cualquier aspecto de la vida del siglo veintiuno.

Tanni, en la línea de la mejor divulgación científica y cultural que es sin duda la italiana, lo manifiesta a la perfección en una obra tan compleja por lo inmaterial como esta. Sirva esta cita que emplea la autora, un comentario de Reddit, para definir o delimitar lo inasible –no se pretende nada más en este artículo–: “Siempre que alguien me pide que le explique qué es el vaporwave, le digo que es como estar recordando el futuro”, Samuel Carmona, comentario en YouTube, 2020. Increíblemente lúcido. O esta referencia a lo fantasmal: “La gente dice que el vaporwave es el sonido de un centro comercial vacío”, Whoissnake, Reddit, 2021. Frutiger Aero, ¿te suena? Windows XP, descarga de canciones, colinas, bienestar. Más referencias fuera de la academia, o desde la nueva academia: “Estoy seguro de que escuché esta música en un sueño, me desperté con una sensación maravillada y luego la olvidé momentos después”, Swaxxn, YouTube, 2021. “Es como estar atrapado en un centro comercial por toda la eternidad, como un niño, en la sección de juguetes, escuchando esa música que sale por el sistema de altavoces y sin poder escapar porque alguna fuerza inconcebible te lo impide. Pero también es como querer estar ahí, por la sensación de comodidad, nostalgia y extraño placer tranquilizador que la situación le proporciona a tus oídos”, Diogo Pereira, YouTube, 2018. ¿Sientes el cosquilleo?

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