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Łódź, un Manchester en Polonia

Conocida como la Manchester de Polonia, la tercera ciudad más importante del país se renueva con decisión para abrazar un futuro que no olvida su pasado

19/10/2021 - 

VALÈNCIA.- Lo sé, al leer Łódź has fruncido el ceño por no saber dónde está y te has bloqueado al intentar pronunciarla. Tranquilidad absoluta porque es normal. La primera duda es sencilla de solventar, pues se trata de la tercera ciudad más grande de Polonia, y la segunda… por hacerlo fácil diré que su pronunciación es muy similar a la palabra inglesa wood. Y como en Hollywood, Łódź fue una tierra de oportunidades para personas venidas de otros países y con distintas creencias. Un puzle que se resquebrajó por los distintos conflictos históricos pero que hoy es posible de recomponer gracias a que la ciudad ha sabido reinventarse sin olvidar su legado, vinculado al textil y al cine. 

Un próspero pasado que comienza cuando numerosos empresarios alemanes y judíos acudieron a Łódź atraídos por las atractivas condiciones laborales que había para cubrir la demanda de la industria textil en Rusia. Al establecerse aquí construyeron una ciudad que poco —o nada— se asemeja a las que he visto hasta ahora en Polonia. 

Un recorrido en el que me acompaña la música de ArthurRubinstein, más conocido como El pianista gracias a la película de Roman Polanski; nombres que también forman parte de la historia de Łódź. De hecho, paseando por la calle Piotrkowska me encuentro con su escultura y no puedo evitar hacerme la típica foto sentada junto a él, simulando que toco el piano. No es el único postureo, porque también me encuentro con el banco de Tuwim o el baúl de Reymont. Sin olvidar todas esas estrellas que, como en el Paseo de la Fama de Hollywood, están dedicadas a actores, directores, escenógrafos y camarógrafos —Łódź es el hogar de la prestigiosa Escuela Superior de Cine—. 

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El día está nublado pero aun así la calle Piotrkowska rebosa vida, con viajeros que, como yo, pasean por la avenida más larga de Europa, jalonada por tiendas, restaurantes y palacios hoy convertidos en edificios gubernamentales. También hay adoquines con el nombre de algunos de los habitantes de la ciudad y murales en las fachadas de los edificios. A pesar de ser una calle de casi cinco kilómetros de longitud tengo la sensación de que estoy en la típica plaza del mercado, esa donde siempre pasa todo y debes dejarte ver. Por eso, no es de extrañar que los empresarios del textil quisieran instalarse en ella y mostrar su opulencia a través de mansiones. Hasta puedo imaginarme la escena, edificando según lo que hizo su vecino y posiblemente rival en el sector. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 84 (octubre 2021) de la revista Plaza

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