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'guerra comercial'

Los aranceles perjudicarán más a China que a Estados Unidos

Norteamericanos y chinos están librando una disputa comercial -de momento incipiente- que podría ir a mucho más como advierte el economista jefe de Robeco

12/07/2018 - 

MADRID. El pasado 6 de julio, el presidente estadounidense Donald Trump impuso un arancel del 25% a las importaciones chinas de diversas categorías de productos -desde maquinaria hasta componentes electrónicos-, por valor de 34.000 millones de dólares. China respondió con cantidades similares, centrándose en bienes agrícolas estadounidenses como la soja, para perjudicar a los estados afines a Trump y así influir posiblemente en el resultado de las elecciones parlamentarias de mitad de legislatura previstas para noviembre. 

En términos macroeconómicos, estos aranceles siguen sin resultar significativos, pues ascienden al 0,1% del PIB de ambos países. Sin embargo, Estados Unidos ya ha anunciado que, si China toma represalias, ellos harán lo mismo, por lo que la situación podría dar lugar a una guerra comercial a escala mundial. Trump ha amenazado con ampliar los aranceles a prácticamente todas las importaciones chinas, que actualmente rondan los 500.000 millones de dólares.

Y China no puede tomar represalias equivalentes, ya que sus importaciones de EE UU son mucho menores en términos absolutos. Posiblemente lo que sucedería sería una escalada de la tensión que complicaría mucho la vida a las empresas estadounidenses en China. Anticipándose a esta posible proliferación del conflicto comercial, China ha permitido que el yuan se deprecie más de un 3%.

En nuestra opinión, se trata de una señal de advertencia de que las autoridades chinas creen poder compensar fácilmente los aranceles del 25% utilizando la depreciación del yuan, y no prevemos que vayan a producirse nuevas depreciaciones, ya que eso iría en contra de los intereses económicos de China. Los flujos de salida de capital podrían incrementarse fácilmente si cunde el nerviosismo sobre el incremento futuro de los tipos de cambio, lo que podría forzar un endurecimiento monetario (esto es, una subida de los tipos de interés) y de las medidas de control sobre el capital. Esto iría en contra de la voluntad de las autoridades chinas de liberalizar su cuenta de capital e internacionalizar el yuan, de modo que cualquier presión en este sentido sería un paso atrás.

Por otra parte, la economía china se está viendo debilitada a causa de las medidas de endurecimiento de los mercados de crédito, de manera que cualquier incremento en los tipos de interés resultará contraproducente. La economía china necesita más una flexibilización monetaria. Y el mercado considera que la renta variable de China se encuentra ya en mercado bajista, debido a la preocupación suscitada por la disminución de su crecimiento. De modo que, por lo que parece, China será la principal perjudicada en este conflicto, mientras que los datos de julio demostraban que la economía estadounidense se ha reforzado, ya que las lecturas del ISM, tanto manufacturero como no manufacturero, han subido. Por otro lado, el mercado bursátil estadounidense prácticamente no ha reaccionado ante la retórica sobre la guerra comercial, ya que sus efectos sobre Estados Unidos serían muy limitados.

Mayor poder de China

La guerra comercial también podría formar parte de un plan mayor para frenar el aumento del poder de China en la escena internacional. Hay gente en la Administración estadounidense a quien atemoriza el creciente dominio tecnológico de China, y que busca contrarrestar las ambiciones de ‘Made in China 2025’, un plan trazado por China para consolidar una posición dominante en una serie de sectores tecnológicos clave para ese año. Por eso, buscan frenar el auge de China por todos los medios. Y hay otras maneras además de los aranceles, tales como bloquear la inversión china en sectores de la economía estadounidense considerados de importancia estratégica, restringir los visados para estudiantes chinos...

No obstante, también existe una desventaja para EE UU. Aunque los efectos directos del establecimiento de aranceles sobre los productos estadounidenses por parte de China son limitados, puede haber también multitud de efectos indirectos más difíciles de cuantificar, incluyendo la subida de la inflación, la disminución del crecimiento, y el riesgo de dañar la confianza de los productores. 


Algunas empresas ya han indicado a la Fed que están aplazando sus decisiones de inversión. Y, naturalmente, estos aranceles pueden perjudicar a las cadenas de suministro globales de diversas formas, complicadas de prever, que podrían reverberar en contra de EE UU. 

Mientras tanto se está abriendo un segundo frente contra la Unión Europea. Tras el anuncio de los aranceles de Trump sobre el acero y el aluminio producidos en la UE, China y Canadá, éstos han respondido a su vez estableciendo aranceles sobre los productos estadounidenses. A su vez, Estados Unidos ha amenazado ahora con imponer un arancel del 20% sobre los automóviles europeos, después de que Trump se quejara de que había demasiados BMW y Mercedes recorriendo Manhattan. Pero ésta tampoco es una calle de sentido único: la icónica fabricante de motocicletas estadounidense Harley-Davidson respondió anunciando su intención de aumentar su producción en Europa para eludir este incremento de costes.

El desplome del optimismo de los inversores a causa de la guerra comercial, irónicamente, sería beneficioso para la deuda pública estadounidense y para el dólar, tradicionalmente considerados refugios seguros. Podría ser positivo incluso para la renta variable estadounidense, percibida también como un mercado (más) seguro. Así que existe una especie de incentivo perverso para EE UU en todo esto. Al menos, Trump se ha mostrado susceptible a la presión del mercado bursátil, lo que para los inversores podría ser un consuelo si baja.

Léon Cornelissen es economista jefe de Robeco 

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