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GRAND PLACE / OPINIÓN

Los que pasaron al OtroLado

28/04/2020 - 

Paradójicamente, no fueron los jóvenes los que se rebelaron. La generación “millennial" y posteriores acataron escrupulosamente el confinamiento como fieles creyentes de una ciencia exacta y universal. Incluso los más niños, los primeros en salir, afirmaban tener “miedo al bicho” y cumplían las reglas impuestas de distanciamiento social. Paradójicamente, fue la generación analógica -la que logró sobrevivir al Covid-19-, la que decidió volver a la vida anterior a ELLA -la red-, abandonar el mundo digital en pos de su privacidad y de su libertad. Señalados despectivamente como LosOtros, decidieron ser libres para pensar.

“Somos la generación que va a hacer la revolución de tirar el móvil a la basura. Renunciar a todo lo que el móvil te ofrece por conservar tu libertad es un gesto de una valentía sin precedentes”. Lo avanzaba en un periódico -comunicación de cosas que pasan en un medio digital o no, más o menos tangible- un gurú de la época en las postrimerías del mundo libre, antes del CaosPrevio. Esteban González Pons había sido un político conservador exiliado en Bruselas, o algo así, me dijo la Tieta… Fue de los primeros en pasar al OtroLado desechando el teléfono móvil con el que se vivía y trabajaba en el AñoZero. Fue uno de los líderes de LaResistencia, de LosOtros.

Faltaba poco para que se levantara el Alarm State V con el que los gobiernos habían recluido a la población en sus hogares -núcleos de varias personas interrelacionadas llamados familias-. Para salir del confinamiento, varios Estados del Territorio-Europa impusieron a sus ciudadanos el uso de protectores faciales que ocultaban medio rostro. La finalidad era evitar el trasvase de fluidos en el aire, claro… Desde entonces, hace ya 50 años, nuestros protectores bucales se llaman “mascarillas”.

 Estación de tren de Estrasburgo. Firmada: RL  

Era la primera condición impuesta para salir a la calle, especialmente para el uso de los transportes públicos. Alemania y Bélgica fueron los primeros en imponerlo. Con el lema #MoveSafe, la SNBC belga -el sistema nacional de transporte ferroviario- lo notificó a sus usuarios por comunicación electrónica: “El gobierno ha decidido obligar, a partir del 4 de mayo, el uso de la máscara en el transporte público, para cualquier persona mayor de 12 años. Esta máscara debe usarse en todo momento en estaciones, plataformas y trenes. Se permiten alternativas a la máscara siempre que la nariz y la boca estén cubiertas”.

Más controvertido fue el uso de aplicaciones móviles para rastrear y alertar de los contagios. Dos gigantes de LasTec se aliaron para ofrecer a los gobiernos del mundo su “humilde” colaboración, excepto LaGranFábrica, que iba por libre. Google y Apple decidieron obviar el nombre común de la aplicación “rastreo de contagio, por las connotaciones negativas de control y estigmatización que tenían esas palabras entre aquellas generaciones casi obsoletas. Usaron el eufemismo “notificación de exposición”.

En realidad era un rastreo de contagios que funcionaba con la tecnología “bluetooth". Los teléfonos registraban códigos de otros teléfonos de las personas con las que el usuario tenía un contacto significativo, por ejemplo, más de cinco minutos a menos de tres metros. Y ese usuario recibía el aviso para hacerse un test o ponerse en cuarentena si alguno de esos contactos notificaba en los siguientes 14 días que había dado positivo.

En un primero momento, por imperativo de las leyes de protección de datos y otras libertades  del Territorio-Europa, para mí ininteligibles, la aplicación era voluntaria. Con el CaosPrevio y la caída de lo que se conocía como Unión Europea, la actualización del sistema operativo era automática y, tras el permiso del usuario, funcionaba directamente sin la necesidad de descargar una app. Cuando el sistema detectaba que el usuario podía haber sido contagiado, el teléfono móvil advertía para que descargara la app correspondiente y siguiera los consejos de las autoridades sanitarias. Si alguien había tenido una “visita delicada” o quería eliminar cualquier vestigio de contacto con la persona que iba a ver, podía desactivar temporalmente el emisor y receptor de códigos a través de “bluetooth”.(*)

Cuando impusieron su app, similar a la Privat Kit Safe Paths (PKSP), los representantes de Apple y Google en el Territorio-Europa insistieron en que todos los cambios se hacían “para mejorar la privacidad de sus usuarios y para ayudar con humildad a las autoridades”. Esto ocurría en medio de las revueltas y llamadas a la subversión de LosOtros, que comenzaron a dejarse el móvil en casa tras surgir el movimiento #MeDejoElMóvilEnCasa, iniciado por La Tieta y su amigo Marc.

Las otras condiciones para el desescalamiento ya eran comúnmente aceptadas y estaban perfectamente asimiladas. Hasta los niños aprendieron en menos de dos meses de confinamiento que no había que darse besos ni abrazos, que había que saludar con la mano levantada y que había que mantener la distancia de seguridad de dos metros, como hasta hoy… Excepto si tienes la mala pata de subir a un dron biplaza ya ocupado, por saturación de la red aérea. Vaya, se me olvidó llamar a David para que alertara a la aplicación de contagio…

-¿David? Perdona que te llame sin avisar por el chip. Es por la aplicación de contagio. A mí me dio negativo, así que no creo que haya problema. Mejor que no la actives tú, así no sabrán que la desactivaste ni que estuvimos juntos en la terraza de la ZonaZero-BRX. Como mi chip sigue descontrolado, no hay problema de mi parte. Sí, claro que quiero repetir. Me encantaría volver a sentir tu aliento…, esta vez sin mascarilla. No te preocupes. La Tieta me explicó cómo era eso del “beso”. Ves pensando cuándo nos vemos y dónde. Tú tienes más puntos para viajar, así que utilizamos tu PT -Permiso del Transbordador- para el TRAM -Travel And Mobility-.

*(NOTA DEL AUTOR): Esta información es completamente veraz y actual, publicada hace días en los medios. Se trata de la propuesta de Google y Apple trasladada a Estados miembros de la Unión Europea para poner en marcha una aplicación móvil que alerta de los contagiados, similar a la que ya se está utilizando en China y Cora del Sur.

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