NOSTÀLGIA DE FUTUR / OPINIÓN

Los súper alcaldes y la ciudad que viene

14/09/2017 - 

No sólo los que tienen hijos vienen marcados por el calendario escolar. Para muchos la vuelta al cole es mucho más que una metáfora, supone la celebración de la primavera del trabajo, el nacimiento de un nuevo año profesional lleno de expectativas.

En cuanto a la manera en que vivimos y los territorios que habitamos esas expectativas parecen desbordarse en medios especializados y charlas al estilo ted. Pero las predicciones sobre fascinantes futuros urbanos o rurales no han ido difiriendo mucho año a año en la última década. Nos hablan de coches que se conducen solos (¡la tecnología ya está ahí!), del internet de las cosas, del big data que lo controlará todo, y de los robots inteligentes que convertirán en redundante el trabajo de muchos. 

Sin negar la importancia de las grandes innovaciones es posible que el progreso tecnológico se haya frenado en seco. Mi predicción es que los temas más importantes a los que se enfrentarán las ciudades este curso, los asuntos que monopolizarán el debate, y las 'grandes' transformaciones que veremos, serán mucho más mundanas. La clave está para mí en esas instituciones hipertrofiadas y relativamente obsoletas que son los ayuntamientos. En ese viejo invento que se llama gestión y políticas públicas. 

Y el futuro inmediato de las políticas públicas se dirimirá en los mundanos campos de batalla de los procesos de toma de decisiones públicas; en las grandes ciudades gobernadas hoy en día por unas figuras que habíamos visto desaparecer. Las figuras de alcaldes reconocidos y carismáticos a nivel global. 

Algunas de las ciudades más importantes del mundo como son Londres (Sadiq Khan), Nueva York (Bill de Blasio), París (Anne Hidalgo), Barcelona (Ada Colau) o Madrid (Manuela Carmena), están gobernadas por alcaldes progresistas que se enfrentan al ecuador o el final de su primer mandato. Dichos alcaldes han ganado un peso importantísimo a la agenda política y se postulan incluso como un contrapeso de los gobiernos nacionales. No es baladí que los tres primeros de los nombrados tengan apellidos foráneos. Sadiq Khan es musulmán e hijo de inmigrantes paquistaníes; di Blasio tiene antepasados alemanes e italianos y Anne Hidalgo nació en Cádiz. Tampoco es intrascendente que los tres últimos sean mujeres.

Estas ciudades globales, y sus súper alcaldes progresistas, aciertan en poner el foco sobre temas que hasta ahora solo eran tratados en el margen de las discusiones. En Londres se ponen en duda la inversión inmobiliaria extranjera, en París se repiensa hasta el fondo el sistema de movilidad sostenible, en Nueva York se lucha contra la exclusión y la segregación social. Barcelona está liderando la discusión sobre los impactos del turismo y cómo combatir sus efectos negativos. 

Bruce Kratz, de Brookings Intitution, afirma de que estamos viviendo una auténtica revolución metropolitana, el economista Richard Florida esbozó recientemente una declaración de independencia urbana y Benjamin Barber, profesor de la City University of New York, se aventuró a diseñar un parlamento mundial de alcaldes. Lo que es cierto sin duda es que nos vamos dando cuenta que el poder local, el que controla la toma de decisiones que nos afectan de manera más cercana, es el que tiene mayor impacto sobre nuestra vida diaria. Y son las ciudades las que se están enfrentando con mayor o menor éxito a los desafíos más importantes de nuestra sociedad. La acción pública de estos súper alcaldes puede dibujar un resurgimiento de los poderes locales o ser simplemente una significativa anécdota. 

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