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grand place / OPINIÓN

Los terribles tigres gamba

5/11/2019 - 

Este fin de semana he nacido a la vida. Escribo esto mientras escucho “Almost blue” de Chet Baker -por favor, pinchen el enlace a la canción- y espero impaciente a terminar para engancharme al siguiente capítulo en Netflix. Esta frase, que parecería muy normal hoy en día, no ha estado en mi vocabulario hasta ahora mismo -ahorita, que dicen por ahí-. Y es que al final he claudicado. Pero que conste que aún no tengo un Facebook -un “feissssh”, en “lenguaje Rosalía”-. 

Tenía que pasar. A mí, que no me gusta el fútbol ni tengo “feishhh” ni “Insta", ya me estaban dejando atrás todos mis coetáneos en el bache -o, mejor, acantilado- intergeneracional. Yo, que fui la primera en mi periódico con Internet y correo electrónico. Mi generación, que pasó de la Olivetti al Mac directamente, sin PC’s sucedáneos. Como que ya no tenía tema de conversación… Y, como además no fumo, ni tomo café, ni bebo cerveza…, parece como si no fuera de este mundo. Así que he decidido, además de nacer a la vida, recuperar viejas costumbres para no olvidar mis orígenes analógicos, como ir al cine o pasear por las librerías. 

“Yes”, existen. Y acabo de hacer un gran descubrimiento. La librería NiJiNSKi, en la Chaussé d’Ixelles, tiene joyas como las obras completas de Paul Élouard, Borges, Nabokov o Milan Kundera. Son libros de segunda mano que, además, de cultura, guardan algún secreto entre sus páginas. Una vez me encontré un tesoro escondido: un amarillento y ajado telegrama de la guerra civil española, con un críptico mensaje que podría ser el inicio de una batalla. Aunque también puedes hallar un pétalo de rosa.

FOTO: REGINA LAGUNA

Pero lo más asombroso ha sido tropezarme con varias joyas del siglo XIX en un cajón de madera, a la puerta de una casa de la Rue de la Station, esperando a que las recogiera el primero que pasara. Y he pasado yo. Había una nota manuscrita en el fondo: “Servez-vous si cela vous interes…”. Más o menos, sírvase usted mismo. Maravillosa invitación. Así que me detuve y me agaché a escudriñar. 

Había varios tomos encuadernados en piel y en tela de seda. He cogido dos. Una biografía de Molière de 1877, encuadernado en piel y con pan de oro en el filo de cada hoja, que le he regalado a un amigo que sé que lo apreciará. Y me he quedado un curioso ejemplar en tela y lomo de cuero, de 1882, un estudio astronómico de la bóveda estelar, con la descripción de los planetas y estrellas hasta entonces conocidas, escrito por el Director del Observatorio de Bruselas, J. C. Houzeau, “Le ciel”. Me he dejado allí, con todo el dolor de mi corazón, dos novelas de aventuras bélicas, “Terre et mer”, de la misma época.

Hay otras formas de hacer acopio de literatura. Los amigos. Porque, a estas alturas de la vida, todos mis amigos y amigas escriben libros… Entre los más recientes, un ensayo de política y geoestrategia, que tengo empezado, “Angola in the African Peace and Security Architecture”, del teniente-coronel portugués Luis Brás Bernardino. No es el primero ni el último libro de este especialista en África. Y el último obsequio, “Crónicas Jemeres”, de Rafael Dochao Moreno, diplomático europeo que narra sus aventuras en Camboya, poco antes de su experiencia como enviado de la Unión Europea en Chile. “En mi primer viaje a Phnom Penh, pedí visitar el campo de fútbol…”, comienza el primero de los breves capítulos que hacen la lectura amena y ligera. Para leer tomando un vermut…

FOTO: REGINA LAGUNA

Mi amiga Fina Cardona-Bosch nos recuerda en estas “páginas” digitales que se celebra en Valencia la “7ª Plaça del Llibre”, la quedada literаria de la Fundació Full, acusada de independentista por el PP local, como si fuera el demonio con rabo y cuernos. Y en plena campaña electoral. Claro. La derecha no se da cuenta de que nunca se ha llevado bien con la cultura. Por eso en los años 30, el nazismo comenzó quemando libros durante la trágica noche de los cristales rotos, la “Kristallnacht” del 9 de noviembre de 1938, a recordar estos días. 

Los alemanes lo han ido superando más bien que mal. Aquí, además del desprecio a la cultura y, sobre todo, a las otras culturas, no se ha superado nada el ser hijos del franquismo. Que menudo “show” se montó con la exhumación de los restos del Dictador del Valle de los Caídos. Deberían haberse alegrado los franquistas allí congregados brazo en alto, en saludo fascista, al ver que Franco salía de su tumba… Vaya, ya me ha salido el chiste malo. Mientras tanto, España se prepara para sus enésimas elecciones generales y Europa sigue su camino hacia una reforma de la unión monetaria, un aumento fiscal del IVA y el impuesto digital. Ya lo dijo Oettinger, el comisario de presupuestos: “Hay que recaudar más”. Menos mal que siempre nos quedarán los terribles tigres gamba…

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