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ilustres veraneantes

Mª José Ferrer San Segundo encontró la luz en Dénia

22/07/2017 - 

VALÈNCIA. El rostro más mediático de la bancada popular es sin duda el de María José Ferrer San Segundo. Una mujer con una gran humanidad, profesional y cercana. Es jurista, maestra, músico, comunicadora, politóloga y política y vive enamorada de la luz y el mar de Dénia.

—Mª José, eres una apasionada del mar y de la música, ¿están estos elementos vinculados a tu infancia y a tus veranos?

—Los recuerdos más remotos que tengo de un verano son en lugares como Bejís o Serra y también de la Puebla de Farnals, y las palabras que me vienen a la mente son alegría, familia, luz y mar. Éramos muy felices, mis padres se volcaron mucho en nuestra educación y formación integral. Recuerdo la época en que íbamos al Perelló, siempre tenía muchos viajes relacionados con la música porque era miembro de la Orquesta Conservatorio de Valencia, tocábamos por toda Europa: Italia, Holanda, Alemania,….

—¿Algún recuerdo especial de esos viajes musicales?

—Hay un verano crucial, cuando tenía 17 años me presenté a las pruebas de la joven Orquesta de Cámara de España y las pasé, estuve en el Moncayo –antiguo sanatorio– y a los pocos meses no vi claro mi futuro y me volví a Valencia. Así que empecé a estudiar COU en enero y también me matriculé en el Conservatorio pero aquí en Valencia.

—Y tu vocación jurídica fue en aumento…de hecho has sido profesora muchos años en la Facultad de Derecho.

—En segundo de Derecho estuve en la UIMP en Santander donde hice un curso sobre ‘Derechos individuales y razón de Estado’, fue el primer verano que realicé actividades al margen de la carrera pero vinculadas a ésta y no a la música. Los grandes juristas que impartían las sesiones me impresionaron y me motivaron para ir adentrándome cada vez más en el mundo del Derecho.

—Acabas la universidad, comienzas a trabajar, cambian los veranos imagino.

—Y tanto, con apenas veinte años y tras un revés personal encontré el lugar perfecto: Dénia. La capital de la Marina Alta fue mi gran descubrimiento, ahí hallé la luz que anhelaba y junto a mi hijo pequeño encontré la paz y la serenidad que necesitaba tanto para desconectar de la actividad profesional como para inspirarme y desarrollar mi actividad musical. Llevo 27 años en Dénia con absoluta fidelidad y sigo enamorada de su luz y su mar.

—Por lo que veo y por tu pasión por Dénia, no se si también aprovechas el verano para irte de viaje.

—Desde hace muchos años, los veranos los pasamos en Dénia todos juntos, en familia y disfrutando del maravilloso mar Mediterráneo, sus playas y su belleza. Los viajes los dejamos para febrero, coincidiendo con nuestro aniversario de bodas. Por cierto, en uno de esos viajes, estando en la Patagonia me enteré que estaba embarazada de mi hija, a la que pusimos de nombre Gracia de Mar.  

M ª José Ferrer San Segundo ha compaginado siempre sus estudios con su gran pasión: la música.  Prueba de ello es que los compañeros de la Facultad de Derecho la llamaban la violinista. Nuestra protagonista llegó  a tocar en la Orquesta de Valencia. Y se decantó por las leyes casi in extremis en la cola de la matrícula

¿Qué sensaciones tienes un día de verano?

La primera sensación es levantarme y ver el mar con esa intensidad, esa luz, esa calma y serenidad que transmite, me encanta desayunar frente al mar y poner música —Memorias de África, Cinema Paradiso…—. Ahora bien, también te he de decir que siempre estoy ocupada, de hecho en Dénia es donde he realizado mi tesis doctoral, he acabado la carrera de Políticas, he escrito libros –publicados y sin publicar–; es decir, que además de descansar siempre estoy haciendo algo.

 —En esta agradable charla veo que la música y el mar son dos pasiones que caminan juntas en tu vida.

—Absolutamente, en la casa de Dénia tengo un piano frente al mar y me gusta tocarlo y mi hija ha heredado la afición, de hecho ella está estudiando en la Berklee College of Music, una auténtico privilegio que tenemos en Valencia y del que debemos sentirnos orgullosos. Y además en casa pasamos grandes noches en verano con amigos cantando, tocando el piano y bailando, me encanta bailar y mi marido Santiago canta muy bien.  

—Llevas dos años como diputada, siempre has estado en la empresa privada ¿cambia mucho el verano trabajando en lo público respecto al sector privado?

—A ver, no tengo la angustia del plazo judicial, o las llamadas de clientes y amigos que lo están pasando mal —me dedicaba al derecho civil y de familia—, además a veces era gente cercana y era una presión lógica. Pero estando en la vida pública también me gusta estar pendiente de la actualidad, preparar iniciativas para el nuevo curso, escribir artículos, mejorar mi presencia en redes sociales, leer. Además, antes intentaba junto a mi marido Santiago hacer una pequeña escapada a Mallorca a finales de julio, pero desde que me dedico a la política ese viaje no lo podemos hacer porque me debo a mi responsabilidad como parlamentaria. En uno de esos viajes recuerdo que vivimos la final de la Eurocopa 2008 que España ganó a Alemania y estábamos en Deià rodeados de alemanes.

Nuestra protagonista me cuenta que jugaba mucho a tenis hasta que una lesión grave le obligó a dejarlo y confiesa que le produjo “hasta miedo escénico”. Y me reconoce que desde pequeña le apasiona el deporte de la raqueta y siempre decía que le gustaría vivir “un golpe ganador en Roland Garros”.

—Y esa agenda intensa con gran presencia pública y con las obligaciones propias de un cargo público ¿cómo lo lleva tu marido?

—Santiago es una gran persona, además de un buen marido es un gran compañero de vida, me ha ayudado muchísimo mientras hacía la tesis doctoral, la mitad de lo que he hecho es suyo y quiero que se sepa. Encontrarlo a él fue encontrar la luz, siempre me apoya en todo lo que hago.  

Siempre has estado implicada tanto a nivel profesional, político y de la sociedad civil. Un espíritu propio del Renacimiento. 

—Bueno, como dijo Kennedy me gusta la idea de qué puedes hacer tú por tu país y no qué puede hacer tu país por ti. Eso llevado a nuestro entorno creo que hay que inculcárselo a los más jóvenes. Yo ahora estoy en política con absoluta vocación, pero me he dedicado a la música, al Derecho como profesora durante 25 años, a la comunicación en radio y TV. También mi espíritu inquieto me ha hecho implicarme en diferentes entidades como el Colegio de Abogados, el Club de Encuentro, etc.

—¿Y también tienes vocación de escritora?

Te contaré una historia, me gusta guiarme mucho por la intuición y empecé a escribir una novela sobre el sentido de la vida, pensaba escribir primero la novela y luego música para escucharla mientras leías la novela, así volvería a mis orígenes musicales. Un día tuve la intuición de que no me moriría sin escribirla y por ello la guardé en un cajón, porque aún no veo el momento de marcharme y más adelante la completaré. Así que al guardarla considero que es mi seguro de vida, porque antes de dejar este mundo tendré que completar esa obra.

—Si cierras los ojos y piensas en verano, ¿qué imagen visualizas?

 —El paseo por Las Rotas todas las tardes con mi marido Santiago y mi perro respirando el mar y disfrutando de esa luz increíble que tiene el Mediterráneo, es un mar cristalino y auténtico. Pero otro de los momento que me viene a la mente son las siestas mirando al cielo desde el mar en la zona del Cabo de la Nao. Me parece un entorno mágico donde me gustaría reposar cuando deje esta vida.

—Mezclas la vitalidad mediterránea y la disciplina nórdica ¿veranos nocturnos o diurnos? 

—Absolutamente nocturnos, aunque intentamos ganarle muchas horas al día para ir al Mercado de Dénia o salir a pasear. Pero nos gusta mucho hablar y las cenas en torno a una buena mesa y con buenos amigos se hacen eternas, tanto en casa como fuera de ella, estamos en una capital gastronómica de referencia como Dénia, yo creo que el lugar con más sitios recomendables por metro cuadrado. Disfrutamos del verano con intensidad, de los amigos junto al mar y con buena música.

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