entrevista al alcalde de llíria

Manolo Civera: "En pocos meses ya podremos abastecernos de nuestra energía térmica"

10/11/2017 - 

VALÈNCIA. Llíria presentó este jueves los primeros resultados de SimBioTIC, un estudio pionero en bioeconomía circular que aborda la viabilidad y rentabilidad económica de aprovechar los residuos naturales agroforestales para la creación de suministro energético sostenible.

El proyecto, desarrollado por el Instituto ITACA de la Universitat Politècnica de València (UPV), persigue aplicar en la localidad un modelo de ahorro en el suministro energético que además suponga una transición hacia un paradigma de crecimiento basado en la utilización de energías renovables locales, en mejorar la calidad de los servicios públicos y en ampliar las oportunidades de empleo en sectores como el forestal.

"Es un reto municipalista, la mejor forma de participar en los objetivos del milenio de sostenibilidad, estabilidad y bienestar de nuestros ciudadanos, al tiempo que convertimos Llíria en una ciudad inteligente que aprovecha su potencial natural para hacer asequible la energía", afirmó al respecto en la presentación de resultados el alcalde de Llíria, Manolo Civera, que desgrana a este diario los próximos pasos a seguir por la localidad para aplicar este modelo.

-¿Qué persigue SimBioTIC?

-Busca obtener herramientas que sean útiles no solo para Llíria, sino para el resto de municipios. La intención es utilizar los avances obtenidos en esta investigación para crear un laboratorio que nos dé claves sobre cómo reducir las emisiones y sobre cómo podemos aprovechar las bioenergías que tenemos alrededor. Llíria podría ser la localidad pionera a la que sigan otras muchas.

-¿Qué aplicación concreta tendrá en la localidad?

-Nosotros sabemos que tenemos una factura energética muy alta. Cada vez que un vecino va a utilizar la piscina climatizada, el pabellón, el polideportivo o cualquiera de los centros que tenemos, el Ayuntamiento tiene unos costes, y tenemos que, entre todos, buscar la racionalidad de esos costes. Desde esta perspectiva, teniendo en cuenta que tenemos estos equipamientos y grandes posibilidades de generar energía térmica, podemos plantearnos que la climatización de estos edificios se aborde con nuestros propios biocombustibles para reducir la factura de la luz, el gas, y el gasóleo. Ello generaría empleo verde, minimizaría nuestro consumo de energías fósiles, reduciría nuestros costes y serviría para la prevención de incendios forestales.


-¿En qué lugares concretos y cuándo se aplicará?

-Lo que hemos hecho durante un año ha sido estudiar cómo somos como consumidores energéticos, cómo utilizamos la energía. Los resultados dicen que tenemos una concentración de equipamientos, un anillo de energía térmica, que nos permite abordarlo con energías alternativas. No se trata de un proyecto a largo plazo. Puede ser a corto plazo y podemos trabajarlo con recursos propios. No dependemos más que de la inversión de hacer la caldera. Además nuestra idea es utilizar esta energía en barrios como el casco antiguo, la ciudad medieval, donde se ha producido una despoblación. Allí tenemos situaciones de gente mayor y de bajas economías que padecen pobreza energética a la que nos planteamos ayudar con esta iniciativa.

-¿Manejan ya un calendario?

-La aplicación va a ser inmediata. Lo que necesitábamos hacer bien era el año de investigación, el estudio de cómo utilizamos la energía y de los rendimientos que nos pueden dar los biocombustibles. Ahora ya sabemos cómo podemos aplicarlo. En el primer anillo, como tenemos una gran concentración de equipamientos, en meses podemos construir ese anillo de energía térmica, y una vez construido ya estaremos aplicando recursos de nuestro entorno, ya estaremos abaratando la factura directa de la luz. 

-¿Cuánta biomasa hace falta y de dónde se obtendrá?

-Ahora estamos en ese diseño, definiendo qué tenemos para dar una respuesta a esa demanda. Necesitamos saber de cuantas toneladas de biomasa forestal disponemos al año y en qué momento la debemos utilizar, y del mismo modo con los bioresiduos, las podas de jardinería -que llegan a ser de 20.000 toneladas- o las podas del sector agrario -que actualmente se queman en el campo-.

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