CONJUROS CULTURALES

Manual para invocar a la lluvia

Naufragios japoneses, vacas galesas y otras recomendaciones para que caiga agua del cielo

8/05/2023 - 

VALÈNCIA. Nada, que no llueve. El firmamento hace mucho que no se rompe sobre nuestras cabezas. No hay gotas repiqueteando en los tejados, ni llenando embalses, ni regando huertas, ni dejándonos fingir que protagonizamos una novela victoriana. Tras un abril que decidió mancillar el honor del refranero (¿dónde están esas aguas mil, eh?), la sequía nos hace pedorretas desde la esquina, la muy sinvergüenza.

Cosechas en peligro y posibles cortes de suministro por aquí y por allá son solo algunos de los spoilers que la ausencia de chubascos nos está dejando en el camino. No cae agua del cielo… y necesitamos desesperadamente que lo haga. Al fin y al cabo, el cocktail de altas temperaturas y falta de recursos hídricos plantea escenarios de futuro muy poco ilusionantes (a no ser que tu idea de ‘ilusión’ sea vivir una experiencia inmersiva en Mad Max: Fury Road, claro).

Presos del pánico, hemos rogado a algunos expertos en conjuros culturales que lancen sus recomendaciones para invocar a la lluvia o, al menos, para reflexionar sobre los vínculos que mantenemos con ella. Para asumir el papel que juega el agua en nuestras vidas y tomar conciencia ante su escasez. Para exigir soluciones que se conjuguen en colectivo. 

El resultado es un mapa mental sobre acuíferos, naufragios, desertificación, fango, inundaciones y privatización. ¡Líquido elemento, ven a nosotros!

Andrea Moliner, librera en La Primera, escritora y crítica literaria

Este año me he topado con un libro que toma el tema de la lluvia como metáfora sobre las relaciones humanas. Se trata de Tiempo sin lluvia, de Cynan Jones. Está publicado por Chai, una editorial muy interesante y a la que se debería prestar más atención. En este texto, se invoca a la lluvia, como también se pueden invocar a esos pequeños acontecimientos que pueden trastocar la existencia humana de una forma u otra.

Cuenta la historia de una familia que vive en un páramo de Gales aparentemente inhóspito. Un día se le escapa una vaca del establo y deben buscarla. Tiene una narración tremendamente pausada, de hecho hay veces que parece que no pase nada, pero, si te fijas, pasan muchas cosas. Al mismo tiempo, los personajes de esta novela anhelan que llueva para regar los campos, salvar la cosecha de la temporada y poder seguir adelante con su trabajo y sus vidas sin que se quiebre ese ciclo vital que se establece entre los que trabajan la tierra y la propia tierra. Pero además de estar esperando esa lluvia que no llega, también están esperando algo que lo cambie todo… La desaparición de su querida vaca quizás sea el acontecimiento extraordinario que les permita vivir cierta novedad en un lugar y un tiempo que parecen inmóviles y en los que el tedio y las circunstancias personales de esta familia tan particular no les dejan casi respirar. La novela también está llena de parajes húmedos, de barro, de zanjas, de campos abandonados… Es desolador ver todo ese paisaje de abandono de la tierra porque ya no resulta rentable, por las circunstancias climáticas…

Por otro lado, como recomendación general, en los tiempos que corren es bastante pertinente asomarse a libros que tratan del cambio climático. No solamente a ensayos, sino también a lo que se conoce como ficción climática: novelas que abordan distintos futuros marcados por los asuntos medioambientales y lo que el ser humano puede hacer para prevenir o frenar esos problemas. Algunos de esos futuros son más plausibles que otros, más o menos distópicos o incluso los hay que se enmarcan fuera de la distopía…

Nuria Molines, traductora editorial y docente

En el ámbito literario, pienso en Naufragios, de Akira Yoshimura y con traducción de Marina Bornas (Marbot Ediciones). Aborda los desastres marítimos que a veces llevan restos de barcos a las costas de un pequeño pueblo pesquero. Aunque para el resto del mundo esos sucesos sean una tragedia, en esa localidad tan aislada viven de lo que encuentran en los naufragios. Es un relato sobre la muerte, sobre cómo el mar reclama su peaje y cómo esa comunidad tiene una serie de rituales para provocar los naufragios que facilitan su subsistencia.

Ya que hablamos de asuntos acuáticos, La Señora Dalloway es una novela que, a través del flujo de conciencia, te arrastra como un río tanto por el Londres posterior a la Primera Guerra Mundial como por el pensamiento de su protagonista. Este año me he obsesionado con este libro maravilloso de Virginia Woolf , que leí en traducción de José Luis López Muñoz (Alianza Editorial). Además, es un volumen corto, que eso también ahorra agua.

Y una referencia fundamental: la película El Agua, de Elena López Riera, que fue de lo mejor que se pudo ver en salas el año pasado. En este caso, se trata el tema desde el exceso de lluvia, no desde su falta. Y juega con ello de una forma fascinante.

Mònica Llop, directora creativa i periodista

Sed de sombra, d’Alex Muriana, és un fanzine/fotollibre que parla de la desertificació i sobreexplotació d’aqüífers en Andalusia. L’obra és el resultat d'anys de treball fotografiant un entorn en procés de desertificació. La intenció de l’autor és visibilitzar l'accelerat canvi ecològic cap a un entorn àrid.

D’altra banda, la pel·lícula También la lluvia, d’Icíar Bollaín visibilitza la crueltat de la ‘Guerra de l'aigua’ que va tindre lloc a Bolívia durant l’any 2000. Crec que és molt important parlar de la privatització d’un dret com ho és l’aigua.

I tenim també Pray for rain, de Massive Attack. La cançó seria una referència menys literal que les altres dues, més mística i amb un títol molt suggerent. Com una dansa per a convocar a la pluja del segle XXI. És un tema que m’ha acompanyat molt i ha sonat molt a la meua vida, sobretot quan he fet dansa contemporània. És un tema genial per a ballar, per a fluir!

Óscar Brox, librero en Ramon Llull

Empiezo con el libro Los hermanos Vonnegut. Ciencia y ficción en la casa de la magia, de Ginger Strand (Es Pop ediciones). Todos conocemos a Kurt Vonnegut, pero este libro explora, también, la vida de su hermano Bernard. Aquel fue científico en la General Electric y uno de los integrantes del proyecto CIRRO, que investigaba la alteración de la climatología y la creación de lluvia artificial. El repaso que hace a los sucesivos intentos y pruebas, regadas por innumerables cantidades de yoduro de plata y toneladas de hielo seco, roza casi lo mitológico. Por ejemplo, cuando se empeñaron en fabricar lluvia para paliar la sequía que azotaba a Nueva York. 

Una instalación: The Raft, de Bill Viola. La última vez que la vi fue, si no recuerdo mal, en un museo de Atenas. Un grupo de personas de diferente escala social y un colosal chaparrón filmado a cámara superlenta. Viola captura el ímpetu del agua, su violencia y cómo incide sobre cada uno de los protagonistas. Aquí lo acuático es metáfora y también acción directa. Golpea, arrastra y coloca a cada uno, más allá de la clase o la posición social, en su escala humana.

Y acabo con algo de música. No son pocos los compositores que se han atrevido a capturar el agua o la lluvia en sus partituras. Ahí está Chopin y su Preludio de la gota de lluvia, la tormenta vista por Rossini en la obertura de Guillermo Tell o La tempestad de Jean Sibelius. Mención especial a la Creedence Clearwater Revival, quizá la banda que más canciones dedicó a la lluvia, literal o metafóricamente. Definitivamente, la mejor banda sonora para invocarla.  

Clara Berenguer, editora a la Institució Alfons el Magnànim i membre de l'equip de Baba Kamo. Festival i fira del llibre il·lustrat

Per a recordar, enyorar i invocar els dies de pluja, un àlbum sempre és una deliciosa opció de lectura i podria ser alhora una bona crida al mal temps. Així, Plous o fas sol, de Mireia Vidal i Anna Font (Akiara Books), és un àlbum on plou. De fet, plou molt i tot són inconvenients, però l'àlbum ens fa recordar amb simpatia i bon humor la pluja i les molèsties d'un fenomen meteorològic que sorprenentment ara a València tant trobem a faltar. D'altra banda, Un gran dia de res, de Beatrice Alemagna (Combel), és un títol on la història i les il·lustracions ens endinsen en un dia plujós de vacances i en l'avorriment o, millor, en la necessitat d'avorrir-se per a despertar la imaginació d'un xiquet que vesteix un llampant impermeable taronja que ja el volguérem algunes. Un àlbum ple de detalls i petits descobriments que desperta tots els sentits de qui llegeix, fins i tot el de l'oïda, perquè si parem atenció, fins i tot podrem escoltar el soroll de les gotes de pluja. 

Finalment, no tant d'aigua, però si de condicions meteorològiques adverses i allunyat dels àlbums, Hi ha un país on la boira, de Gemma Gorga (Tushita), una autobiografia lectora per a passejar entre llibres i llibreries des del sofà el dia en què ens hàgem de quedar a casa perquè, per fi, l'anhelada pluja comence a caure.

Sara Mansanet, directora del festival La Cabina

La espectacular El agua, de Elena López Riera, me impactó mucho. Es su primer largometraje y está rodado en la Vega Baja, en el entorno de Orihuela, su lugar de origen. Resume las reflexiones previas que ya había hecho en sus cortos sobre la relación con el espacio en el que se vive, sobre cómo incide el paisaje y el clima en las costumbres y la cultura… En concreto, se acerca a las inundaciones que históricamente sufre la zona cada cierto tiempo y que en los últimos años suceden con mayor frecuencia. Además, lo aborda desde un punto de vista onírico, místico y habla de las leyendas a su alrededor, vinculadas al mundo femenino. Es decir, incluye esa parte mágica en la que hay espacio para lo desconocido y lo terrorífico, porque el agua es vida, pero también puede ser muerte, destrucción y miseria. Además, nos permite reflexionar sobre cómo la acción humana afecta al ecosistema y cómo el cambio climático hará que se incrementen las lluvias torrenciales y las sequías.

Y estos días estoy leyendo El palazzo inacabado: Arte, amor y vida en Venecia, de Judith Mackrell (Siruela), un texto que descubrí gracias al podcast Deforme Semanal. Es la biografía de tres mujeres –Luisa Casati, Doris Castlerosse y Peggy Guggenheim– que vivieron en este edificio en el Dorsoduro del Gran Canal. Lo empezó a construir la familia Venier y, como explica la autora, se trata de un enclave “diseñado para glorificar una dinastía patriarcal, y al que habían dejado pudrirse cuando esa dinastía se vino abajo, que finalmente fue rescatado de la oscuridad por tres mujeres solteras e independientes”. 

Las protagonistas habitaron el palacio en diferentes momentos del siglo XX, ya que lo fueron adquiriendo consecutivamente. Peggy Guggenheim, la última de ellas, alojó en él su colección de arte y hoy en día es un museo importantísimo. El libro narra el vínculo que establecieron con Venecia, sus canales, su luz y el tipo de tranquilidad y aislamiento que esa urbe les proporcionaba. En ese sentido, expone esa relación que tenemos con el agua, que nos alimenta, nos puede matar y nos fascina. Venecia es un ejemplo claro de la atracción tan extraña que sentimos hacia lo acuático. Hay algo en nosotros que ve esa ubicación como un límite entre la vida y la muerte, porque sabemos que no es un entorno completamente seguro.

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