Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Política de Cookies Aceptar

GRUPO PLAZA

LA CIUDAD Y SUS VICIOS

Mariscal en conflicto: razones para amar (o no) a un icono valenciano

Una guerra entre los partidarios y los detractores del diseñador se ha desencadenado. Por qué nos gusta tanto, por qué lo odiamos

24/10/2015 - 

VALENCIA. Es un jueves y voy junto a Mariscal en taxi. Curiosea, pregunta al taxista, husmea en su ciudad, que es cualquiera. Al llegar a la calle de destino consulta si el restaurante "muy bueno, já" que había sigue por aquí. "No me acuerdo cómo se llamaba... ¿el Canyar?". Se entusiasma al ver en una acera un telescopio -que aparenta ser de pega- con el que ver otros mundos. Buscamos juntos un estanco. Un coche casi lo atropella al cruzar sin cuidado. También anda tras un cargador para su teléfono, al que está a punto de consumírsele la batería.

Mariscal, ey. Unos días después se encenderá una gran fogata de virtudes y miserias en las que él arderá por combustión acelerada. Ha bastado que diga (otra vez) que está arruinado (de nuevo) para que se desate un conflicto de pasiones entre lovers y haters, que siempre dicen que son los más fieles de los admiradores.

En torno a Mariscal, que fue portadón de la revista Plaza de agosto, análisis desatados que van más allá del juicio a un creador. Su figura parece una patata caliente hinchándose con cada comentario. Personaje de trascendencia definitiva, para muchos. Para otros un locuelo sobrevalorado, algo así como conductor de un tren que ha arrancado dejándote en la cuneta justo cuando ibas a subir.

Estos días Mariscal se ha vuelto (y ya van varias) un conflicto encarnizado disputado en las redes. "Hay mucha gente queriendo hacer leña del Mariscal caído. Ya supongo que no es tu intención, pero cada vez que se escribe sobre él hay hordas de mediocres dispuestos a gritar "¡que se joda!", me cuenta un diseñador madrileño para excusar su participación . "Lo raro es que hubiera tenido trabajo dibujando esos moniatets", le leo a un amigo en Twitter. Los comentarios reacción se disparan con cada noticia encabezada por un apenas sensacionalista ¡¡Javier Mariscal está arruinado!! Por resumir: un "todavía le pasa pasa poco" contra un "con todo lo que nos ha dado".

Él ha hablado, pero qué dicen sus compañeros de profesión. ¿Estamos siendo justos con Mariscal?, ¿por qué nos gusta tanto que lo odiamos?

Un sí a Mariscal. "Los ilustradores dicen que les gusta mucho lo que hace pero que mejor se dedique a otra cosa. Los diseñadores dicen que es muy bueno, pero que no haga diseño. Los diseñadores de producto dicen que mejor no se dedique a hacer muebles aunque les encantan sus sofás y sus sillas que son verdaderos iconos, incluso los del cine alucinan con sus películas pero prefieren que deje un campo que no controla. A todo el mundo le gusta pero nadie quiere que se dedique a ello", dispara Víctor Palau, diseñador y editor de Gràffica, un medio mundial sobre el diseño hecho desde la plaça de l'Ajuntament. Pero al fin "Mariscal es el mejor y más reconocido creativo visual de España a nivel internacional. No hay prácticamente otro profesional de esta disciplina con el mismo reconocimiento a nivel mundial".

Un no a Mariscal. "Desde que lo descubrí, allá por los 80 en aquella aparición televisiva en La Edad de Oro, presentando su “diseño enrollao” de ceniceros ready-made y otras lindezas, no pude dejar de pensar que simplemente era un charlatán con divisas aprovechando el contexto de aquella España que se liaba sus primeros porros", descarga el ilustrador Luis Demano.

"En mi ignorancia, perdí su pista por años hasta que me di de bruces contra Cobi, ese brochazo de color que ya me pilló con el Informe Petras en la mano, por lo que no pude evitar hacer una lectura en clave económica de aquella figura hipertrofiada, sustraída con guante blanco del imaginario de Keith Haring, como el perro lazarillo de lo que realmente fueron las Olimpiadas del 92, la punta de lanza del actual saqueo neoliberal del país", sigue Demano.

Otro sí a Mariscal. El del diseñador Boke Bazán, al habla: “Además de ser premio nacional de diseño, y no sé cuántas cosas más, es historia viva del diseño de este país. Como creador ha trascendido las disciplinas, ¿cuántos pueden decir eso? comic, ilustración, diseño gráfico, industrial, cine, animación, arte.. hasta fue artista invitado a la Documenta de Kassel. Es un trabajador incansable. Me gustaría ver a cada uno de los que critica cuánto trabaja en horas y pasión”.

Un sí a Mariscal pero con matices. Es Jorge Lawerta, ilustrador, quien ajusta la balanza: "Creo que mucho del trabajo de lettering que hago tiene mucho de él. Cuando estuve en CuldeSac fuimos a visitar a Mariscal a su estudio y recuerdo estar tan nervioso como una quinceañera en un concierto de Justin Bieber. Para mí, lo exitoso de Mariscal ha sido que su trabajo personal, el de artista (sin ataduras), haya sido vendible para cualquier marca y cualquier formato. Que su particular visión del mundo, con personajes extravagantes, se pudiese aplicar a clientes tan distintos como Bancaja o Camper. Creo que ese éxito ha sido debido a su talento pero también a la gran difusión que ha tenido su persona, o mejor dicho personaje. Las marcas no querían el trabajo de Mariscal, querían la foto de Mariscal junto a su marca. Poder decir que su marca la había hecho Mariscal. Este “éxito" es el que ha provocado las críticas. “Esa marca la haría mi hijo de 3 años” “La mascota esa que parece que tenga problemas”. Y en el fondo es normal. Por muy bueno que alguien sea haciendo algo no significa que sea el idóneo para todos los proyectos".

Y ahora un porqué. "Ha hecho cosas maravillosas y creo que le adeudamos mucho. Pienso que su situación es un reflejo de lo que está pasando en la profesión. El diseño gráfico en particular es especialmente vulnerable a la crisis. Primero porque la industria todavía ve el diseño como 'un valor añadido', y no como parte integral del proceso industrial, consecuentemente si hay crisis eliminamos aquello añadido, lo superfluo. Pero no hay industria sin diseño. Como segundo motivo añadiría que hemos de tener presente que uno de los clientes importantes del diseño gráfico es el mundo de la cultura, que está como está. Culturalmente esto es un erial. Es indudable que la sociedad debe mucho al diseño en general y a los buenos diseñadores, como es el caso de Mariscal", propone Dídac Ballester, diseñador.

El no a Mariscal lo retoma Demano. Pase. "... luego vinieron encuentros fortuitos. Conferencias con unas copas de más encima, haciendo alarde de ese estilo suyo entre macarrra y bon vivant con el que jamás llegué a conectar y, finalmente, aquel logotipo demencial para la America´s Cup, trajinado a correprisas en un servilleta, como si el oficio del diseño fuera una ocurrencia de barra de bar. Chico y Rita (Fernando Trueba, 2010) ni la he visto, confieso que me da pereza mental. Y por último, diré que me interesan más dibujantes valencianos, coetáneos suyos, como Micharmut, un auténtico transgresor gráfico y una figura a reivindicar".

"Es muy común” -retoma Víctor Palau- “que el tipo ‘raro’ en este país siempre esté maltratado. Mariscal es un tipo libre que hace lo que quiere cuando quiere y no se pregunta nada más. Disfruta del viaje y nos regala destellos tan grandes que nadie lo entiende. Lo diferente siempre genera rechazo".

Mariscal en conflicto. Un diseñador convertido en emanador de pasiones extremas. Quizá definitivamente él sea su gran éxito, su mejor obra.

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email