pam!pam!21

Mi primera exposición: la nueva hornada de artistas valencianos despega

La muestra de arte emergente PAM!PAM!21 traslada a los artistas de la Facultad de Bellas Artes a su primera vez en diálogo con el mundo, a través de una exposición que residirá en la Sala Atarazanas hasta el 27 de marzo 

14/02/2022 - 

VALÈNCIA. Las primeras veces se temen y ansían casi a la par, hay muchas expectativas sobre ellas y generalmente no suelen ser para tanto, aunque eso sí... se recuerdan toda la vida. Cuatro artistas han vivido su primera vez en la Sala Atarazanas de València, donde han expuesto de forma totalmente inédita sus obras para un público que no son solo conocidos de primera mano, en este espacio han podido contar con una oportunidad única para demostrar que son profesionales hechos y derechos (o al menos que van en camino). La muestra PAM!PAM!21 reconoce cada año 10 nombres clave recién salidos de la Facultad de Bellas Arte y les dota de recursos económicos para desarrollar su obra en un espacio en el que transitan visitantes de todo tipo, que se acercan a conocer los nuevos nombres que resonarán en la escena artística valenciana de aquí en adelante. 

De entre un centenar de propuestas se salvan 10 historias, que son contadas por sus respectivos 10 estudiantes que por fin disponen de los recursos necesarios para desarrollarlas en una galería de arte. Para hacer esta criba se cuenta con el criterio de diferentes agentes del mundo del arte y de la cultura valencianos, un jurado de prestigio que alguna vez estuvo donde se encuentran los futuros expositores y que a día de hoy les forman en el buen camino. La galerista Rosa Santos es una de las encargadas de dar el sí y el no, desde su profesionalidad, a los futuros artistas valencianos, que “trabajan muchísimo y se plantean el arte desde conceptos importantes”, Santos es una gran defensora de la idea de que en el paseo por la Sala Atarazanas se puede ver cómo cada artista busca su discurso propio, dejando que florezca la magia y energía de las generaciones emergentes. 

Laura Silvestre, vicedecana de cultura de la Facultad de Bellas Artes y comisaria de la muestra, ha luchado por mantener esta gran oportunidad para los alumnos a pesar de la situación provocada por la pandemia. Silvestre, quien también forma parte del jurado, planteó en este caso un sistema de votación y exposición previa online, donde los alumnos pudieron plantear su idea inicial al jurado que hizo su elección de forma telemática. Así pues los nervios de la “primera vez” se agravaron por el factor externo que supuso la pandemia. En el caso excepcional de PAM!PAM!21 los proyectos de los alumnos de la Facultad no pudieron exponerse en sus pasillos, sino que se alojaron en una web a través de la que el jurado pudo analizarlos. 

Para Santos esta situación supuso una desmejora, ya que en casos anteriores siempre podían recorrer los pasillos llenos de arte con los propios alumnos y comentar las obras con ellos de viva voz: “Se pierde la magia de hablar con el artista, que te explique su trabajo y verlos rodeados del trabajo de otros compañeros”, aclara apenada. Para los alumnos también supuso un cambio, ya que con este planteamiento no podían comparar su trabajo con el de otros artistas, y se veían obligados a dejar su obra en un vis a vis entre la pantalla y los expertos. Sin embargo, y sin ponerlas en común en ningún momento previo a la instalación, ha pasado algo en esta edición poco común en PAM y es que las 10 obras expuestas hablan en cierto modo de la conexión, la conversación y la necesidad de comunicarnos unos con otro, fruto (tal vez) del contexto en el que se crearon. 

Los cuatro artistas que exponen por primera vez en esta muestra son Marcel·la Giner, Macarena, Pedro Bella y Sergio Martín, cuando les preguntamos por sus sensaciones al exponer se repiten mucho las palabras: nervios, ilusión y ganas. Todos coinciden en que PAM!PAM!21 ha supuesto un altavoz para su arte, y un empujón casi obligatorio a ponerse las pilas con la materialización de los proyectos que siempre les rondaban la mente: “Cuando estás empezando tienes ideas pero no trabajos palpables”, aclara Pedro, “esto nos da un empujón a materializar las piezas que igual en otro contexto no nos hubiéramos planteado”. Para esta materialización los alumnos cuentan con un recurso económico de 600€ para poder adaptar su obra al espacio en el que se expone. 

Algo que resulta interesante también es que estos artistas se sintieron atemorizados la primera vez que visitaron la Sala Atarazanas, ya que a la mayoría les parecía enorme, por lo que muchas de las obras tuvieron que repensarse para este espacio que “había que llenar”. Martín compara el espacio con lo que puede suponer uno institucional: “Es la primera vez que me veo en esta experiencia, da miedo pero a la vez es todo un lujo… y ojalá sea siempre así”. Se repite la palabra lujo cuando les planteamos a los artistas algunas dudas sobre el montaje de sus obras, y es que una de las cosas de exponer en un gran espacio supone contar con terceras personas, tanto comisarios como montadores. “En general gastas tanto tiempo en que la obra esté bien… y aquí llegamos y teníamos técnicos y montadores, por lo que fue todo una pasada”, aclara Marcel·la, autora de la obra Tejas/Lluvia.

Otra de las cuestiones cruciales a tener en cuenta es el apoyo que reciben los artistas, que han vivido su primera vez y una vez sobrepasado el miedo y los nervios pueden disfrutar de lo cosechado. Marcel·la lo ve como una forma de demostrar que los años de grado y máster tienen su premio (al fin) y su compañera Macarena lo comprende como “un reconocimiento muy fuerte que te da fuerzas para seguir creando y produciendo”. A lo largo del recorrido de la sala se pueden ver tanto videoinstalaciones con performances, como piezas cerámica, cuadros, vestidos hechos con cientos de folios y hasta pequeños ecosistemas con vida propia… y es que si de algo sirve PAM es para poder dar voz a todo tipo de trabajos incluyendo a los grandes incomprendidos: “Hay muchos artistas contemporáneos de libro, se amparan en el cuadro y en cosas muy clásicas”, comenta Macarena, “sin embargo desde la universidad abogan por nuestras acciones que a veces son poco capitalizables o difíciles de exponer en algunos casos”.

Los proyectos merecen el reconocimiento que tienen, y es que esta vez en una gran sala por fin pueden contar con el mimo necesario, algo que no hubiera sido posible sin esta propuesta y sin el presupuesto tal y como lo ve Sergio: “PAM nos permite hacer aquello que no podemos con nuestro presupuesto de estudiantes”. Queda claro que los proyectos han dado el salto, de los pequeños estudios y talleres a las salas, y de las cabezas de sus creadores a la realidad. Los artistas han llevado a cabo un ejercicio totalmente práctico para trasladar y demostrar la teoría de las aulas de la Facultad de Bellas Artes, y están a la espera de expandirse más aún ya que esto solo es el comienzo. Los artistas aquí citados están esperando ansiosos una llamada de otras salas, así que Nuria Enguita y Jose Luis Perez Pont si leéis esto apuntad sus nombres, que prometen.

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