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grand place / OPINIÓN

Muertos en el móvil

8/10/2019 - 

VALÈNCIA. ¿Alguien se ha encontrado alguna vez un muerto en el móvil? Sí, ya sé, suena crudo. A mí me pasa a veces. No los borro. No tacho de mi agenda a la gente de mi entorno que ha ido desapareciendo con el paso del tiempo…, especialmente si significaron algo en mi vida. Es una forma de traerlos de nuevo a la memoria, así, en abstracto, a la memoria personal y colectiva. Me pasó la primera vez con Javier Cañadas, optimista sindicalista de CCOO en los juzgados de Valencia. Fue todo un ejemplo y así le recordamos el día de su despedida. Creía en la justicia. Seguí recordándole durante algún tiempo cuando me tropezaba con su número, hasta que un día apareció en mi whatsapp -hace 15 años no teníamos- con un avatar con la foto de un desconocido. Tal vez un desconocido ha heredado su número sin imaginar los secretos, luchas y anhelos que se perdieron con él y sus sms’s de la época.   

Porque alguien borra los chats de nuestros familiares y amigos que nos dejaron…., ¿no? Alguien se dedica a limpiar las migajas de vida esparcidas por el teléfono móvil, como quien deja rastros de comida en la mesa y pasa un cepillo rápido y cruel sobre el mantel. En algunos casos es un familiar que, de inmediato, nos comunica el fallecimiento, la hora del sepelio y cambia la foto por una corona de flores. El chat se inunda de condolencias, palabras de ánimos y disculpas por no poder asistir. Qué sorpresa. No sabes cuánto lo siento. Te acompaño en el sentimiento. ¿Cómo están los niños? Recuerdos a la “tata”. Allí estaremos. No podremos acudir por la abuela. Lo siento, estoy de viaje… 

Han ido apareciendo en el historial de mi agenda conforme se han ido. Cada vez son más y más cercanos, más dolorosos. Pero me resisto a hacerlos desaparecer para siempre. Por eso guardo en el recuerdo de mi móvil el número de mi tía Paca. No están sus chats, porque no existían… Era un teléfono móvil para hablar, para lo que se supone que son los teléfonos, como su nombre indica: hablar, de lejos. Su número, bonito y facilito, lo heredó mi sobrino con gran orgullo. Ahora sí hay chats… e historias…, que de repente se acaban y desaparecen. Que mueren.

Existe jurídicamente el testamento vital para dejar la últimas voluntades sobre cómo prefieres morir y qué hacer con tus restos. Porque hasta aquí vamos a llegar todos, solos o acompañados. Siempre digo que la vida es un camino a ninguna parte. Por lo tanto, disfruta del trayecto. También existe el testamento digital. Está previsto en la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de derechos digitales (LOPD-GDD), del 5 de diciembre de 2018, en su artículo 96. No remite directamente a una disposición testamentaria, sino que permite que familiares o amigos puedan pedir el acceso a los contenidos gestionados por los prestadores de servicios para su utilización, destino o supresión. Decidir a quién le dejas los restos de tu vida online o su borrado es tan importante como decidir a quién le dejas la casa de la playa, las joyas de la abuela o el periquito. 

Es duro decidir borrar de un plumazo tu vida y tus recuerdos, por lo que aconsejo que se tenga un perfil digital en redes inmaculado, ya que es público, y hacer limpieza periódica del ordenador y del móvil. Más que nada porque no sólo la muerte nos puede hacer desaparecer físicamente de este mundo, sino también los restos de nuestra vida, nuestras migajas, convertidas en historias, recuerdos, chats, fotos, ilusiones, amor, dolor…  

 

Que se lo pregunten a las comisarias nominadas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, a propuesta de los Estados, y que no han pasado el examen del Parlamento Europeo. Prueba rotunda de la democracia que comienza a asentarse en las instituciones europeas a través de la soberanía popular. Es decir, de los representantes políticos que han votado los ciudadanos. La primera fue la comisaria designada por Rumanía como responsable de Transporte, Rovana Plumb, que ha sido vetada por no haber incluido en sus declaraciones de bienes dos préstamos por un millón de euros.

No es la única. También ha visto cómo hacían desaparecer su carrera política en Europa el comisario húngaro Laszlo Trocsanyi. En este caso, preocupan su participación en un despacho de abogados y su relación con Rusia, especialmente cuando fue ministro de Justicia. Ádemás, hay otras dos figuras cuestionadas, el belga Didier Reynders, con una investigación en su país por corrupción y que logró superar el examen diciendo que la Fiscalía le había exonerado. Y, por último, la francesa Sylvie Goulard, a quien se investiga por el uso de fondos del Parlamento Europeo por parte de la OLAF y a quien le han dado otra oportunidad. Una segunda oportunidad para que no te borren en un click, como desaparecen las esperanzas y las ilusiones de tu vida online. 

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