VALÈNCIA. La artista valenciana Sophía Bodí, la voz e idea creativa tras el proyecto musical Sanspok, nunca llegó a ver Alicia en el país de las maravillas cuando era pequeña. Sea como fuere, se libró durante años de ver esa película animada del gigante de la animación, Disney, que llevaba fascinando a cientos de niños desde 1951. Se podría decir que se libró durante medio siglo de ver la película, hasta que le pilló por banda en la vida adulta y ya no pudo escapar, aunque por suerte no tenía a un conejo blanco persiguiéndole -y dando por saco- diciéndole que se le acababa el tiempo, porque si no la espera hubiera sido bastante más desesperante.
Ahora, en pleno siglo XXI, el conejo y la película que adapta el cuento de Lewis Carroll le ha pillado, y de pleno. Lo hace con un proyecto musical a través de Visual, una propuesta arriesgada y experimental del Palau de la Música en la que se proyectan clásicos de cine proyectados con bandas de “rock, punk o electrónica” que reinterpretan la banda sonora de estos films en directo. A Sanspok le ha tocado Alicia, y más allá de reinterpretar la película a través de su música, se ha inventado un proyecto completo -con manifiesto incluído- para convertir el país de las maravillas en el país del capital.

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Tras esta propuesta, Bodí vuelca cuerpo y alma, lo hace con un trabajo en el que se esfuerza de más, como cuando era pequeña y se “curraba muchísimo los trabajos de religión aunque no era ni creyente, y se montaba historietas tremendas con las cartulinas”. Comprendiendo su manera peculiar de acercarse a los proyectos creativos, se acerca a la película, comprendiéndola casi como una alucinación para enganchar su historia con la de un mundo capitalista que no nos permite a nosotros, los humanos, escapar de la producción ni visitando una exposición sobre la película en sí misma, ni bebiendo cien pócimas ni comiendo un enorme trozo de tarta.
Para hacerlo, permite que le acompañen Marc Pitarch Dos Santos a las teclas y con el sound design, Guillem Jovani Albalat a la batería y Andreu Pesudo Bonet al bajo. Bajo el escenario deja hueco para todos esos humanitos que quieran formar parte de la experiencia y revivir Alicia en el país de las maravillas de una forma totalmente nueva, tanto casi que parece otra película, y es ahí donde reside la verdadera magia: “Esta interpretación nace de la conexión que hago con la película y el capitalismo. Desde que me llegó el proyecto sabía que quería hacer algo político con esta película y creo que Alicia me lo pone fácil para hacerlo. Siento que la película tiene un significado muy potente a nivel colectivo y que su personaje ya habla de una batalla entre dos mundos”.

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- Foto: JUAN CARLOS BERNAL CEPEDA
“Para mí, la película ayuda a comprender cómo podemos escapar entre espacios que comprenden el ocio y el trabajo y que nos ayudan a mantenernos cuerdos”, o como diría Albalat, su batería: “Que el mundo creativo es lo real y que lo falso está ahí fuera”. Jugando con esta dicotomía entre lo real y lo ficticio, Sanpok le reza en su manifiesto a un nuevo mundo que nos pisa los talones y que hace que el ser humano produzca-duerma-coma-y-vuelta-a-empezar para que no se salga de lo establecido.
“Nada de lo que este Manifiesto predique es novedad para nadie, todos los que experimentamos la realidad bajo este sistema coincidimos en los mismos argumentos”, destaca la artista, y expone las siguientes verdades. “La vivienda es inaccesible. La política se ha subordinado a la economía. Las ocho horas de jornada laboral y el salario no compensan. No tenemos tiempo para dedicar a nuestras pasiones. No tenemos tiempo para el amor. El planeta se va a la mierda”, destaca la artista entre una vergonzosa cantidad de verdades, contra las que se puede luchar con un mismo lema: “Arriba las flores, abajo el capital”.

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Ah, y con la música. Los sonidos que construyen a Sanspok y que según la artista surgen “gracias a que está muy conectada con el proceso creativo y la intuición”: “Nunca hay una gran premeditación sobre mis trabajos, me dejo llevar. Sí que empiezo con una cover más tranquila de la primera canción porque no quiero ser tan disruptiva desde el principio, pero poco a poco voy introduciendo al espectador en este universo”. Un mundo en el que florecen los billetes donde debería haber flores y en el que los dodos se han comprado jet-packs para volar aunque no tengan ni idea.
Entre la imagen, el manifiesto, el arte, el diseño y la música, Sanpok llega al Palau para convertir el cine en un arte “aún más total” dándole su toque propio y demostrando como puede recalar Alicia en el país de las maravillas cuando uno ya tiene desarrollado el córtex prefrontal. Con un acercamiento único a este clásico animado, recala en València para mostrar la inocencia de Alicia y su poder, que es la dulzura y su capacidad de preguntar para adentrarse en un mundo desconocido. “Independientemente de lo hostil y raro que es todo a su alrededor, Alicia conecta con su mundo preguntando y con su dulzura, con una predisposición única que le hace abrir todas las puertas”.
“El problema es que esta dulzura se asocia solo con lo femenino y ya no nos conecta, como pasa con Alicia, y en la película esto es casi su superpoder”, explica la artista. ¿El suyo? Ver siempre lo bueno de las cosas, le encanta trabajar en este proyecto y reflexionar sobre cómo contar la película de nuevo. No le gustan tanto las referencias constantes que se hacen a Cristóbal Colón, como un gran salvador: “No entiendo por qué, si es una película para niños”. ¿Lo curioso de todo esto? Que Alicia en el país del capital se convierte irónicamente en una paradoja, en un evento con el que huir del trabajo y disfrutar del ocio con la cultural. Un lugar en el que poder pensar durante más de media hora en la dulzura, la inocencia, la infancia antes de que existiera el dinero y la música como poder sanador.