VALENCIA. Conciertos de Viveros ha vivido estos dos últimos años en el eterno titular y por diferentes razones. La más grave tal vez sea que el ciclo de conciertos ha perdido desde 2023 a más de un tercio de su público. Otra, la viralización de propuestas estrambóticas para una propuesta hecha desde un ayuntamiento como Bertín Osborne en 2024 (que tuvo que cancelar tras el fiasco en la taquilla) y el grupo ultracatólico Hakuna en 2025 (uno de los dos únicos conciertos que vendieron todas las entradas disponibles).
Tercera, y tal vez la menos conocida, las promotoras de conciertos denunciaron, en un comunicado, un desprecio de la concejalía “a la mayoría de las promotoras musicales locales, favoreciendo a programadores de fuera de la Comunitat Valenciana así como a empresas no vinculadas al sector profesional de la música en directo”.
Y aunque la programación y la decisión final depende del criterio de la Concejalía, hay una figura que es precisamente la que se encarga de acortar las distancias con estas empresas. Es la del Coordinador de Conciertos de Viveros.
En este sentido, el Ayuntamiento de València ha vuelto a contratar a Iván Labarta, el mismo profesional que también ocupó este puesto durante los años del Govern del Rialto. Precisamente con el cambio de gobierno no desapareció esta figura pero el contrato menor se adjudicó a otro profesional.
El puesto de coordinación se encarga de consultar y recoger propuestas y es la principal interlocución entre la Concejalía y las promotoras. Labarta ocupó este puesto durante los años que Viveros sí gozaron de más popularidad —en el sentido más estricto de la palabra popular.
Otro escenario
Pero en estos dos años, ¿qué ha cambiado? En realidad algo se rompió, o se acabo de romper, en 2025 con dos movimientos que pueden determinar el medio plazo del ciclo. Para entenderlos es importante saber que, cuando una promotora hace una propuesta al Ayuntamiento, ya ha hecho la gestión y la negociación (a diferentes niveles) con el artista.
El año pasado, muchas promotoras se encontraron con la imposibilidad de llevar a cabo propuestas potentes que, ante la falta de interés del Ayuntamiento, organizaron un ciclo paralelo en las mismas fechas, FAR. Por otra parte, Nits de Vivers, otro ciclo que ya se organizaba años antes del cambio de gobierno, ha ido ganando público y ha cambiado sus fechas para pasar a celebrarse antes de los conciertos municipales.
¿Qué significa todo esto? Que el panorama musical y el interés de las promotoras por el ciclo del Ayuntamiento también puede haber cambiado tras las tensiones de estos años. Como mínimo, los carteles tanto de FAR como de Nits de Vivers ya se han hecho públicos, mientras que de Conciertos de Viveros aún no se sabe nada.