VALÈNCIA. Aunque un disco funcione en su momento y tenga recorrido, en las periferias de la historia nadie tiene garantizado que el tiempo le trate bien. Cotó-en-pèl podría ser un buen ejemplo de ello: grupo pionero en el rock progresivo valenciano, con músicos de altura y cierta repercusión mientras estuvieron en activo, pero caídos en el olvido. Sin ser profetas en su pueblo, su único disco, Holocaust, se convirtió en un rumor: citado en libros especializados, rastreado en ferias de coleccionismo internacional y convertido en objeto de deseo en países como Japón.
Mascarat Records, como viene siendo habitual en su catálogo, ha desempolvado un disco de gran valor pero casi inencontrable para volver a ponerlo en el foco. Lo hace con una remasterización que hace sonar las cuatro canciones “mejor que nunca”.
Cotó-en-pèl fue, desde su origen, una anomalía. No tanto por sus referentes —King Crimson o Yes, entre otros— como por el lugar desde el que decidió dialogar con ellos: en la València de finales de los setenta, el grupo apostó por hacer canciones atmosféricas y exigentes, en valenciano y sostenidas sobre teclados, mellotrones y sintetizadores poco habituales en el contexto estatal. “En aquella época hacer algo así era una locura”, recuerda Pep Llopis, líder de la banda. “Apenas estaba arrancando la canción en valenciano y hacer rock progresivo en nuestra lengua te convertía en un bicho raro”.
Antes de ser grupo, Cotó-en-pèl fue teatro. La ópera rock L’home de cotó-en-pèl, estrenada en el Teatre Principal, funcionó como un espacio de ensayo creativo del que acabaría emergiendo la banda. “Cuando surgió la idea de L’home de Cotó-en-pèl, nadie tenía en la cabeza montar un grupo”, explica Llopis. “Era un proyecto colectivo, muy ligado al teatro, pero después Carles Picó y yo empezamos a darle vueltas a hacer algo más musical, más cerrado”.

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El salto al formato de grupo implicó un año entero de encierro creativo, con ensayos diarios y la construcción paciente de un lenguaje propio. Holocaust, además, se concibió como una obra unitaria, especialmente en su cara B, donde el grupo desarrolló una suite para hablar del sacrificio, la destrucción y el renacimiento: “El motivo es el mismo todo el tiempo y la idea estaba muy basada en representar un holocausto, un sacrificio”, comenta Llopis.
Tras meses de arduo trabajo de composición, el disco finalmente se grabó en Madrid, en los estudios Kirios, con unos medios técnicos “muy superiores a los que podían encontrarse entonces en València”. Pero justo antes de su publicación, la trayectoria del grupo quedó marcada por el golpe irreversible de la muerte del bajista Paco Cintero —“Paco grabó el disco, pero cuando salió ya no estaba”, recuerda Llopis.
“Eso nos rompió completamente la dinámica del grupo”, añade. Su ausencia no fue solo un golpe emocional; el bajo en Holocaust funciona como un instrumento solista, con una presencia que define buena parte del carácter del álbum.
Tras aquel golpe, Cotó-en-pèl continuó unos años más, con cambios de formación y una evolución hacia terrenos más cercanos al jazz rock, pero el proyecto inicial ya no volvió a recomponerse del todo. El segundo disco quedó en el aire y el grupo se disolvió definitivamente a principios de los ochenta, dejando tras de sí un único LP que con el tiempo adquiriría un estatus casi mítico.
Reedición
Ese estatus se construyó, paradójicamente, fuera de València. Jaume Ivars, responsable de Mascarat Records y artífice de la reedición, llegó a Holocaust por una mezcla de curiosidad y azar. “Encontré un ejemplar de segunda mano y aluciné con el precio. Era un disco prácticamente imposible de conseguir y, al mismo tiempo, aquí nadie hablaba de él”, explica. Lo que más le sorprendió fue su circulación internacional: “Hoy en día es un disco que se está reivindicando en Corea o en Japón, con gente pagando mucho dinero por él”.
La reedición quiso escapar de la nostalgia y que fuera la recuperación rigurosa de una obra que nunca acabó de sonar como debía. El proceso de remasterización ha sido supervisado por el propio Llopis, conocido por su meticulosidad con el sonido: “Soy muy pesado con la producción. Cuando escuché la primera premasterización no me convenció y decidí hacerlo yo mismo”. El trabajo implicó adaptar un material grabado en analógico a las exigencias actuales del vinilo. “Ha sido casi como hacer una producción nueva”, resume, tras meses de pruebas y ajustes técnicos.
Para Ivars, el valor de Holocaust va más allá de su condición de rareza valenciana —los artículos de internet lo reducen muchas veces a un ‘King Crimson a la valenciana’ . “Es un disco con una personalidad muy marcada, sobre todo por el uso de sintetizadores y texturas que aquí no se utilizaban en aquel momento”. Un sonido que, visto con perspectiva, anticipa la trayectoria posterior de Llopis en el ámbito de la experimentación sonora y la composición para escena.