CASTELLÓ. Hay grupos que nacen para recorrer escenarios, grabar discos y mantenerse unidos durante años. Y luego está G-5. Una banda que, en sus propios términos, es un "grupo fantasma" porque existe, pero no termina de existir. ¿El motivo? Una vez se reúnen y graban canciones vuelven a separarse sin saber cuándo será el próximo encuentro. Detrás de este peculiar nombre están los músicos Kiko Veneno, El Canijo de Jerez y Diego Pozo 'Ratón' (de Los Delinqüentes), Muchachito Bombo Infierno y Tomasito.
El proyecto nació en 2006 y aquel mismo año publicaron 'Tucaratupapi', el único álbum de la formación hasta entonces. Después llegó el silencio. El disco quedó descatalogado y durante años ni siquiera fue posible escucharlo en las plataformas digitales. Dieciocho años después, en 2024, los cinco volvieron a encontrarse de manera esporádica para componer y grabar nuevas canciones. Lo que inicialmente iba a ser una reunión puntual acabó tomando otra dimensión y aquel grupo que parecía condenado a habitar únicamente en el recuerdo regresó con música nueva.
Pero quizá la mejor manera de entender qué es G-5 sea no considerarlo una banda al uso. En una charla mantenida minutos antes de saltar al escenario de Benicàssim, El Canijo de Jerez explica que "no lo somos porque lo único que verdaderamente somos es amigos. La gente que se quiere se junta para comer, beber, cantar, tocar… A nosotros nos gusta tener una guitarra en las manos y escribir canciones, y todo eso ha provocado que grabemos canciones. Pero eso es secundario porque lo importante es la reunión".
'Ratón' coincide en que la música aparece casi como una consecuencia natural de esos encuentros. "Es imposible que nos juntemos y no hagamos canciones nuevas", asegura, y nos da cuenta de que el nacimiento de G-5 nunca respondió a un plan trazado de antemano sino que "fue algo no premeditado. Fue la juntera la que vino a nosotros". La palabra que mejor parece definir al quinteto es precisamente esa, la de juntarse. Sin grandes planes ni calendarios cerrados. Por eso ellos mismos han terminado bautizándose como el "grupo fantasma". Muchachito Bombo Infierno lo explica con una lógica difícil de rebatir: "Es que la banda no existe, y como tal, no nos podemos disolver nunca. Es imposible".
La broma, sin embargo, esconde un proyecto con un trabajo muy real detrás. "Es cierto que hablamos de nosotros como grupo fantasma, pero hay detrás un trabajo sólido", puntualiza Muchachito. Y en ese camino concede un papel fundamental a Kiko Veneno. "Es gracias a él que hay un orden y un camino por delante a recorrer en esta andadura. Para nosotros es una suerte estar con Kiko y tocar a su lado. Ten en cuenta que hemos crecido con su música y lo admiramos".

Esta nueva etapa de G-5 que ha llegado a uno de sus momentos más relevantes con su presencia en el Rototom tampoco estaba prevista. El objetivo inicial era mucho más modesto. Solo buscaban recuperar 'Tucaratupapi'. "Queríamos hacer una canción para reeditar ese álbum y acabamos grabando un disco nuevo", cuenta Muchachito. El salto de una canción a un álbum resume bastante bien la naturaleza imprevisible de este proyecto.
¿Y después? Ahí vuelve a aparecer la esencia del grupo fantasma. "A partir de ahí, desconocemos si habrá algún otro álbum o gira", reconoce Muchachito. Lo único que parece seguro es lo que sucede cuando vuelven a encontrarse. "Eso no falla nunca. Lo que tenemos por cierto sí o sí es que sabemos los cinco conformamos una familia con la que disfrutamos de cada encuentro".
Esa filosofía ha llegado también al Rototom, donde G-5 ha llevado su particular mezcla de estilos y sensibilidades. Para El Canijo de Jerez, el festival de Benicàssim era un escenario especialmente apropiado para la propuesta de la banda. "En el Rototom hemos mostrado un abanico multicolor de canciones para el alma, para la gente con sentimiento y corazón, que es el público del Rototom", explica.
El Canijo reivindica además la conexión entre el espíritu del festival y la manera de entender la música de G-5. "La que viene aquí es gente de buen rollo, buena onda, y es lo que queremos transmitir también nosotros con nuestra música. Canciones de verdad". El concierto se trufó de un repertorio repertorio que sirvió para recorrer la trayectoria de la formación "de la mano de los temas de los dos álbumes".
Porque si algo une las diferentes músicas que confluyen en G-5 y en un festival como el Rototom es precisamente su carácter popular, su capacidad para mezclarse y escapar de las etiquetas. "Las músicas populares están todas hermanadas de una manera u otra, es música hecha por la gente de la calle", sostiene El Canijo.
Y quizá ahí esté también la explicación de por qué G-5 sigue apareciendo cuando menos se espera. No hay una hoja de ruta, ni una obligación de mantener viva una banda que, paradójicamente, ellos mismos dicen que no existe. Hay cinco músicos que son amigos, que disfrutan encontrándose y que, cuando tienen una guitarra entre las manos, difícilmente pueden evitar hacer canciones. "Es imposible que nos juntemos y no hagamos canciones nuevas", indica 'Ratón'.
El grupo fantasma, por tanto, sigue haciendo honor a su nombre. Nadie sabe exactamente cuándo aparecerá de nuevo. Pero mientras exista la juntera, parece difícil que desaparezca del todo. Porque, como recuerda El Canijo, "la música es invencible".
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