Música y ópera

TODO DA LO MISMO

Kathleen Hanna, vida de la primera punk feminista

  • Kathleen Hanna
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Kathleen Hanna lo advierte en el prólogo de sus memorias: su libro debería describir el proceso que le llevó a cantar, a componer, a tener grupos, a actuar y, sin embargo, nada de eso puede separarse de la violencia machista. Eso es Rebel Girl. Mi vida como una feminista punk, el relato de cómo la necesidad de superar traumas y encontrar la manera de expresarlos y de luchar contra ellos, empuja a la autora a fundar una de las primeras bandas de rock de mujeres que incorporó el feminismo a su discurso. Cuando Hanna, todavía buscando el medio de expresión que mejor se ajuste a sus necesidades, acude a un recital de spoken word de su admirada Kathy Acker, ese impulso se intensifica. Acker le pregunta por qué quiere escribir y Hanna contesta: “Porque nadie me ha escuchado en mi vida y realmente quiero que me escuchen”. Móntate un grupo de rock, le recomienda la escritora. La proyección que proporciona la música pop es infinitamente mayor que la que puedan darle mil recitales de textos. Hanna siguió su consejo. Nunca se arrepintió.

Trabajando en Safe Place, una organización que ofrece consejo y protección a mujeres que son o han sido víctimas de la violencia doméstica, Hanna detectó el origen de su dolor. Allí aprende que proviene de un “hogar incestuoso”. Su padre nunca se acostó con ella, pero ejerció un maltrato emocional que dejó marcada a su hija. Una simple anécdota basta para ilustrar la situación. Con cinco años, Hanna corre a enseñarle a su padre los zapatos de charol que está a punto de estrenar. Su respuesta es que parece una zorra. Su madre tampoco escapó a esa violencia. Sus amagos de pedir el divorcio fueron contestados con insultos y amenazas. La relación entre madre e hija acabará también marcada por las consecuencias de esa acumulación de malestar. A Hanna también le dicen en Safe Place que, las personas que vienen de entornos como el suyo, suelen alcanzar el éxito porque “viven intentando asegurarle al mundo y a sí mismos que todo está bien y que tienen algo que aportar”. 

Resulta muy revelador leer este libro, sobre todo si a principios de los noventa te dejaste contagiar por todo lo que pasó en ciudades como Seattle y Olympia, cunas ambas del underground que acabó derivando en grunge. Aquí hay una parte de la historia de la que todavía no se han contado las verdades necesarias. Uno de los movimientos que marcó esa época fue el riot grrrl, del cual Hanna se convirtió en cabecilla. Las riot grrrls iniciaron una revolución que no ha dejado de arder. Treinta años atrás, que las mujeres crearan sus propios fanzines, sus propios conciertos y sus propias discográficas era algo necesario. La escena independiente norteamericana de aquellos tiempos tenía el prestigio de ser progresista, y en muchos casos lo fue.

Julie Ruin
  • Julie Ruin -

Pero no lo suficiente. Hanna habla de cómo K Records priorizaba a las mujeres y luchaba contra unas masculinidades tóxicas, tan unidas siempre al rock. A pesar de todo, las mujeres seguían siendo tratadas con desprecio –en los conciertos de grupos punk a las chicas se las llamaba percheros- o con indulgencia, como les ocurre a Babes In Toyland, pioneras del rock alternativo en femenino, cuando actúan en Olympia. En ese concierto que le cambió la vida, Hanna escuchó comentarios despectivos acerca de la exagerada importancia que se le estaba otorgando al grupo, todoe ellos por parte de hombres. También había notables excepciones, como Kurt Cobain. “Fue el primer hombre feminista que conocí -cuenta Hanna- que nunca pensó que ser un aliado significaba que no podías defender a una mujer a capa y espada porque se suponía que ella tenía que resolverlo todo por sí misma”. Cuando Nirvana se convirtieron en una banda de éxito mundial, Cobain destacó por su discurso anti sexista y anti homofóbico. Cobain tuvo una breve pero sincera amistad con Hanna. Fue ella quien escribió encima de su cama “Kurt smells like teen spirit” (Kurt huele a espíritu adolescente). Meses después, él le pidió permiso para usar la frase en la que se convertiría en su canción más célebre.

La relación con Courtney Love fue muy distinta. En Rebel Girl, Hanna la acusa de haberse apropiado de su actitud feminista para luego reírse de ella y humillarla en público. No es el único momento de esta historia en la que la sororidad fracasa. La feminista Andrea Dworkin también la menosprecia durante una charla para el FACT (Grupo de Trabajo Feminista Contra La Censura). Hanna había trabajado como bailarina estríper para poder pagar las primeras maquetas de Bikini Girl y Dworkin se lo restregó por la cara delante de las asistentes. “Me hizo sentir que quizá el feminismo que yo buscaba no existía”, cuenta Hanna, que, hacia el final del libro reconoce lo siguiente: “Me di cuenta de que había llegado al feminismo con demasiada ilusión y me sentía completamente desamparada cuando otras mujeres me decepcionaban. Entendí que la sororidad era un concepto mucho más complicado de lo que pensaba cuando tenía 19 años y necesitaba replantearme lo que estaba haciendo”. Bikini Kill dejaron de existir porque su líder acabó harta de aquel círculo vicioso de reproches y ataques que en lugar de fomentar una necesaria unidad generaban justo lo contrario, grietas que siempre acabarán facilitando una victoria del enemigo. Hanna curó su desencanto creando un alter ego, Julee Ruin, con el que logra recuperar la autoestima. A día de hoy sigue grabando ocasionalmente con ese nombre, y también con su banda posterior, Le Tigre, que la saca del esquema del rock hecho con guitarra, bajo y batería y la acerca a otras zonas sonoras.

Bikini Kill
  • Bikini Kill -

Rebel Girl no se recrea en nombres de músicos famosos ni es una ristra de anécdotas vividas en los backstages de festivales varios. Por encima de datos como estos, lo que este libro narra es el proceso de una mujer que busca la manera de proyectar su mirada porque necesita curar sus heridas. Aprende a encontrar unos referentes femeninos que en 1990 no eran tan fáciles de hallar, consigue montar su grupo y con él aporta, por primera vez y de una manera consciente, un discurso feminista al punk. El trayecto no fue sencillo porque hay heridas que duelen aunque ni siquiera sepamos que existen. O como afirma Hanna en el prólogo, “mi lucha nunca ha sido contra el sexismo, sino contra cómo el sexismo me ha deformado”.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

Leire Martínez empezará su carrera en solitario con un concierto en el festival Big Sound
En crudo y entre sotanas: Shego trae su nuevo disco a València