VALÈNCIA. En octubre de 2025 La Fúmiga decía su adiós definitivo. Una despedida que tenían pensada ya desde 2022, y que habían calculado para que se convirtiera en un momento muy especial junro al público valenciano. Lo hacían tras más de trece años en activo, desde que empezaron en el año 2012 en Alzira como una xaranga siendo solo un grupo de amigos que ahora se ha hecho un poco grande. Con la partida de La Fúmiga tocaba despedirse también de álbumes que siempre quedarán en la memoria, como Pròxima Parada, Fotosíntesi, y Tot está per fer.
Para decir adiós, dos fechas en València y otras dos en Barcelona con su gira Tot s’acaba, como cuando tu madre tarda mucho de despedirse en el rellano y se convierte en dos despedidas a la vez: 30 y 31 de octubre fueron las noches de sold out absoluto en el Roig Arena. Alrededor del recinto, una hora antes de empezar el concierto parece esto una descarga eléctrica, todo el mundo con camisetas de rayos y chillando. Muchas familias con niños, Juan, el guardián de un grupo de cinco, argumenta que vienen con ellos al concierto -a grada, porque pista ya no quedaba- porque “se los ponen siempre en el coche y les encanta”.
Cerca suya está Marta, que compró las entradas hace un año con su ahora exnovio y ha decidido venirse con una amiga: “Tenemos que entrar rápido, porque si me lo cruzo estoy jodida”, señala antes de salir escopetada. A las 20:30 horas inician de manera muy puntual La Fúmiga, con el público ya animado de sobra gracias a unas teloneras de lujo: Naina, Abril, Esther, La Xica y Drasen, arranca como no puede ser de otra manera con su hit absoluto, porque toda la gente de la mediterrània está en el Roig Arena, se oye, se siente y se percibe hasta las gradas que rebotan al ritmo de la música de esta banda que alargó su despedida con un concierto de dos horas y media, porque había muchas cosas que se tenían que cantar y que contar.

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- Foto: KIKE TABERNER
La Fúmiga inundó el escenario de olas gigantes que les rodean, a su lado, dos pantallas ponen la letra de sus canciones modo “karaoke” por si a algún despistado no le ha dado tiempo a aprendérselo antes del concierto, o para esos acompañantes que han venido un poco de rebote. Tras Principis, Addictes a viure y Tornar llegan los primeros amigos de La Fúmiga, en una noche que prometía muchos invitados especiales. Ginestà sube al escenario para cantar Les coses senzilles. El espectáculo se convierte en un espacio no apto para epilépticos, los juegos de luces del estribillo marean a cualquiera, pero al público parece encantarle.
Un vídeo sobre la niñez que llama a “bailar y hacer ruido” servía como interludio mínimo en un concierto en el que la música no para ni un segundo. Naina vuelve al escenario para cantar Que tia! un tema en el que se ceden a bailar con el público valenciano y que lo hace al son de ritmos xarangueros. En Comèdia dramàtica un elenco de diez bailarines vestidos con uniformes rosas salierpn al centro del escenario a dar vida a la letra de la canción, y se quedaron un ratito para No sé ballar también junto a Naina. El público para de saltar, porque no hay quien les siga el ritmo, y se frena un poco a bailar una bachata mientras en el centro del escenario se proyectaba la coreografía al estilo Just Dance, aunque mucha gente levantaba la mano porque definitivamente quería entrar en el juego y no sabía bailar.
Tras Karrasketon llegó Arnau de Malifeta -y también Zoo y La Gossa Sorda- para cantar La ferida. Sorprendieron con Esbarzers y después un sketch cómico de Arturo Valls daba paso a La casa plena, y llegaba el momento lacrimógeno con Mami, con las madres de los artistas en “videollamada en directo” con ellos y sobre el escenario estaban arropados por un enorme coro de niñas.

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- Foto: KIKE TABERNER
Ojo, que tras el coro se alza el telón y aparece en el escenario una orquesta enorme que acompaña a unos cabezudos y unas falleras en una proclama por la identidad valenciana. El broche lo pone Aspencat con Quan caminàvem, sin duda La Fúmiga sabe montar un set list digno de infarto para nostálgicos valencianos. Le sigue La cançó que mai s’acaba, también Monstres i gegants con vídeos de Carlos Mazón y el rey emérito de fondo. El escenario se llena de fuego, literalmente, y las luces epilépticas vuelven a adornar un Roig Arena abarrotadísimo en el que no se ha parado de cantar ni un segundo. “Dos años después seguimos esperando que Mazón siga asumiendo sus responsabilidades”, señala Artur Martínez a modo de reivindicación, a lo que el público se suma coreando “Mazón dimisión”.
No se puede mantener la cuenta de la gente que se ha subido al escenario en menos de una hora. Un grupo de diez niños aparece casi por arte de magia para lanzar pelotas al público en la canción Juguem amb el món, tema dedicado a la pilita valenciana que cantan junto a Esther. Por supuesto, no puede faltar Pep “El Botifarra”, que regala al público unes albaes junto a La Titana. Improvisando un divertido Tiny Desk montan una sobremesa valenciana interpretando La malagueña con sus invitados de lujo. En el interludio del concierto La Fúmiga recuerda sus inicios como xaranga vistiéndose de traje blanco y tocando los himnos clásicos valencianos como Amparito Roca.
Suben al escenario Els Catarres, como no, para interpretar Cançons d’amor, se empieza a sentir un concierto de despedida que se convierte en una suerte de festival de música. Quienes vinieron a despedirse se encontraron con todos los artistas y grupos emblemáticos valencianos por el camino, y el público estaba volcadísimo con ellos. Sigue sonando la música, con Rebobinar, Her, Primera conjugació subiendo a Suu al escenario. Luego llega Tornar, bajando un poco las revoluciones del concierto, y le siguieron los temas Fotosíntesi, Ja no fa mal con Samantha.

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- Foto: KIKE TABERNER
Se pone ya La hora blava sobre el escenario con Esther, sigue L'orquestra del Titànic, Rècord mundial y después Artur recordó el motivo del concierto: “Familia, si estamos aquí es para deciros adiós. Esto es de todas y todos, es la victoria de todo un pueblo que canta alegre. Nosotros llevamos muchísimos años improvisando, y lo que queríamos es controlar el final, saber que se iba a terminar así de bonito, con 18.000 personas. Esto es la reivindicación de que a la gente normal le pasan cosas bonitas. Gracias por acompañarnos; este es el final y no tenemos ni idea de qué será de nosotros. Habéis hecho muy felices a una colla de amigos, que jamás se imaginaba este final de película”, destacaba entre lágrimas para dar paso a Finals: “Acabamos esta historia, pero empiezan otras”, enunciaba el líder de la banda para cantar Tot s’acaba. Luego vino Gràcies, otra canción que, evidentemente, también va sobre finales.
El final se hizo un tanto bajonero, así que volvieron con La penúltima, porque a este grupo gigante nunca se les acaban las pilas. Se animó bastante el cotarro, y aunque ya habían cantado tres canciones sobre la despedida; parecía que se quedaban empadronados en el Roig Arena. Después corearon con el público valenciano Espremedors, Ja dormiré, Covards y Havia de passar con The Tyets, como guinda de la noche cantaron Llavors bañados por la luz de los móviles de los 18.000 asistentes al concierto.
Tras muchísimos lloros, gritos y saltos quedó claro que La Fúmiga se va, pero se queda en la memoria de todos los valencianos. Con una increíble fiesta que celebraba el folklore, la tradición, la música en valenciano y la germanor de las bandas amigas como Zoo, Aspencat y La Gossa Sorda los doce integrantes de La Fúmiga demostraron en el Roig Arena que la música "en la nostra llengua" está más viva que nunca. Lo hicieron con un concierto de dos horas y media, con una decena de invitados sobre el escenario y con un show único que hace que cualquiera sueñe que cuando se le plantee una despedida tenga, como mínimo, el calibre de las que se montan en la mediterrània, en las que hasta el cielo tuvo una "fuga" y empezó a llorar al terminar el concierto. Una fiesta en la que las bolsas de basura robadas se convirtieron en el mejor complemento del público al salir al Roig Arena, que aún pasado por agua seguía viendo la vida como la ve La Fúmiga: como una fiesta.

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- Foto: KIKE TABERNER