VALÈNCIA. Lo dijo Brian Eno. Hay creadores que conciben una obra como un edificio: calculan cada pilar, cada pasillo, cada salida de emergencia; y hay otros que prefieren trabajar como jardineros: siembran, observan, corrigen lo justo y aceptan que el resultado final nunca está del todo bajo control.
Universos de Luz. Percepción y espacio, la exposición que Radiante Light Art Studio presenta desde ayer jueves 5 hasta el domingo 8 de febrero en Bombas Gens Centre d’Arts Digitals podría ser algo así como un campo de seis instalaciones desplegadas en más de 2.000 metros cuadrados que funcionan como un ecosistema sensible, en permanente negociación con quien lo recorre.
Teléfono y stories fuera: la propuesta va mucho más allá de ser un espectáculo tecnológico. Es un entrenamiento perceptivo, un itinerario para afinar progresivamente la mirada, el oído y la posición del cuerpo dentro del espacio.
Para Radiante, la percepción, más que un dato objetivo, es una construcción inestable: “Nuestro proceso creativo nace de la observación directa del comportamiento de las personas. Lo más interesante es la diversidad de puntos de vista y vivencias de cada uno”, explica Manuel Conde.

- Umbral. -
- Foto: Jota Martínez
Desde ahí se diseña el recorrido: sin pensarlo como una sucesión de impactos, sino en una secuencia que va moldeando el estado del visitante. “No queremos que el público venga predispuesto. Queremos llevarlo a ese punto”, señala Conde. Cada instalación funciona como una antesala de la siguiente. Cada experiencia prepara la siguiente. La exposición se camina y se duda. Como ya ha demostrado Radiante a lo largo de su carrera, la luz puede ser arquitectura que delimita, expande, desorienta y genera profundidad.
Bajándolo a las propias piezas: Inaxis es un conjunto de cinco esculturas lumínicas que tintinean frente a los golpes del sonido; Ullal es un juego en el que la luz permite la interacción directa a través de la arena de playa y una pantalla; Cartografía del rayo es un dispositivo hipnótico que multiplica las posibilidades de un láser y lo hace bailar; Ethereal Natures presenta una jaula de partículas en suspensión de manera dinámica; y Worlds of Lights inunda el espacio de una nave entera a través de unos láser rojos que generan tanto espacios de visión como las sombras.
Pero la pieza que mejor condensa ese equilibrio entre diseño y deriva es Umbral (Verge), pieza central del recorrido y reconocida como Mejor Instalación Lumínica Inmersiva del Mundo 2025 en los Lighting Design Awards. La instalación sitúa al visitante en un entorno donde cualquier referencia se diluyen entre luz, partículas, proyecciones y sonido construyen un paisaje inestable, difícil de fijar. Le acompaña la música de Iván Llopis, que además será interpretada en sesiones en directo en los últimos pases de cada día.
Arquitecturas del sonido
El sonido completa el trabajo perceptivo que propone la luz. Para Llopis, no es un elemento añadido, sino una dimensión espacial más. Por eso se ha cuidado incluso la distribución de sonido (el ejemplo más claro se notará en Inaxis): “El espacio de montaje siempre viene dado, y te tienes que adaptar, pero es crucial porque no se percibe igual un sonido en un sitio que en otro”, explica el músico. La diferencia, añade, conecta con nuestra memoria primitiva: escuchar lejos o cerca, arriba o abajo, dentro o fuera, “tiene que ver con la supervivencia”.
En Bombas Gens, con su escala industrial y su penumbra casi total, “da una sensación de espacio abierto, inconmensurable, casi infinito”, según describe.
Radiante y Llopis coinciden en la importancia del concepto compartido de luz y sonido para la creación final de la obra: “Lo ideal es partir de una idea y trabajar conjuntamente lo visual y lo auditivo”, señala el compositor. A veces la música llega antes, otras después. No hay una fórmula fija.
Otra vez, la metáfora del jardinero: “Tenemos algo pensado durante meses o años, pero dejamos un margen abierto”, explica Llopis. Incluso a su propia interpretación; porque obra completamente cerrada, sostiene, implica una voluntad de control que empobrece el diálogo con el público. Porque la percepción —recuerdan con su trabajo— siempre es parcial, situada, cambiante, y hasta cierto punto, libre.