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con trabajos para scott sava y jin kim

Nace La Tribu: Jaime Maestro impulsa su propio estudio de animación en València

El ganador de un Goya y codirector de 'Animal Crackers', el largometraje hollywoodiense que se estrenará en los próximos meses, congrega a una treintena de profesionales con un plan a largo plazo en el que tratará que la marca del estudio prevalezca a los proyectos y a su propia firma

15/09/2017 - 

VALÈNCIA. Jaime Maestro está a punto de estrenar una de las grandes producciones de animación del año: Animal Crackers (cinta que inauguró la última edición de Cinema Jove). Lo hará como codirector de un proyecto hollywoodiense comandado por Tony Bancroft –director de Mulán– y Scott Sava. Los dos nombres de peso en el sector de los efectos visuales y el cine de animación estadounidense decidieron elevarle a su cargo después de tres años de intenso trabajo como productor. La factura del film –hecho en València por un centenar de personas a sus órdenes– sirvió para que el prestigioso festival de Annecy la seleccionara en su Sección Oficial.

Sin embargo, Maestro está celebrando algo todavía más importante este 2017: acaba de abrir las puertas de La Tribu Animation, un estudio en el que asegura haber aplicado la madurez adquirida durante toda su trayectoria. Para ello se ha rodeado de los creativos y técnicos "que te acompañan para crecer en el camino y no para aprovecharse de tu trabajo". Un mensaje que quiere que se lea en clave interna. El ganador de un Goya al mejor cortometraje de animación por El vendedor de humo (2013) insiste en permanecer en València y atrapar el talento desde aquí. 

Esta vez lo hará también como empresario, apoyado en la CEO del proyecto Nadia Ruiz y basándose en los preceptos de la Economía del Bien Común: bienestar de los artistas, transparencia, igualdad de género y compromiso social. Con los valores fijados, el pistoletazo de salida no ha podido ser más plácido: tras reunir a los compañeros de viaje "con los que ya había trabajado y quería repetir y con aquellos con los que quería trabajar alguna vez", el mismo Scott Sava le ha encargado otro largometraje: Pet Robots. La Tribu se prepara para iniciar su primer gran proyecto, mientras remata el film de la coreana Locus. Jin Kim, uno de los 'popes' de la animación de Disney y diseñador de personajes como los de Frozen y Enredados, le ha confiando al equipo de Maestro el remate de Red Shoes and the Seven Dwarfs.

-¿Es normal que los estudios de animación en España rara vez sobrevivan a un largometraje? ¿Sucede lo mismo en el resto del mundo?
-Por desgracia es normal. En España apenas hay un par de casos que han superado la película. En Europa también es bastante común. En Estados Unidos no porque van ligadas a una major. Es la fórmula del estudio asociado, que es como nació Pixar para con Disney. Así es más sencillo mantener el estudio y es el mismo modelo que utiliza Sony o Dreamworks.

-Lo que se intuye es que las gran cantidad de series con altas producciones están generando un mercado complementario.
-Ese mercado está muy bien. Ahora mismo la industria está cambiando mucho con plataformas como Netflix. Pero no sabemos dónde estará el modelo dentro de dos años. Están invirtiendo mucho, pero... ¿y si dentro de dos años compran o abren sus propios cines? Es un momento inestable, pero interesante.

-¿Es un momento interesante para la industria del cine de animación?
-¡Muy interesante! Se están moviendo muchas inversiones, pero todavía ese tablero del que hablamos está demasiado desconfigurado como para elegir. Abre posibilidades para garantizarle el futuro a estudios como el nuestro. Nosotros tenemos claro que queremos trabajar para que el estudio prevalezca a los proyectos. Pero en el contexto general, todo este movimiento es genial para dar salida a nuevos realizadores y nuevos estudios como este. Es un momento de cierta apertura de posibilidades ante el establishment

-¿Así que estáis abiertos a involucraros en proyectos de series?
-No. Nuestro objetivo es hacer cine. Cine que puede acabar en 'teatro' [se refiere a gran pantalla por el concepto theatre] o en una pantalla de casa. Pero nuestra especialización es el cine. A no ser que hablemos de una gran serie, una gran producción, conceptualmente me atrae menos. Y, en ese caso, habría que estudiarlo porque si una película nos cuesta tres años... habría que estudiar ese tipo de producción mucho como para aceptarlo. El concepto de cine sigue teniendo para mí una magia especial que no igualan las series. 

-El estudio ha nacido con dos proyectazos bajo el brazo.
-Sí. Estamos participando en una película de Locus Corporation de la mano de Jin Kim, que es una de las leyendas vivas de Disney (Enredados, Frozen, Tarzán, Big Hero 6...). No llegaban a plazo y buscaban un estudio externo, así que está siendo una gran oportunidad de partida. Además, Scott Sava ya ha hecho público el proyecto de Pet Robots en el que volveremos a trabajar durante tres años. Quedan por cerrar algunos flecos mínimos, pero ya contamos con un proyecto de esa envergadura dentro. No obstante, nosotros vamos a pelear a medio y largo plazo por desarrollar películas propias.

-¿Estáis en fase de selección?
-Sí. Tenemos unas ocho ideas y antes de final de año seguramente habremos tomado una decisión para iniciar aventura propia. 

-Los proyectos han venido de tu mano, pero tu intención es la de otorgar cada vez más peso al estudio frente a tu propia marca. ¿Por qué?
-Es así. A nivel estudio acabamos de nacer y sé que a cortísimo plazo he de aportar mi nombre. Pero la idea es pasar a un segundo plano. Creo que es positivo diluirme un poco y que La Tribu sea la marca potente. El nombre no es casual. El objetivo que tenemos es mucho más interesante de manera colectiva. 

-Da la sensación que, al coger tú las riendas de la empresa en cierta medida, quieres evitar repetir algún viaje frustrado durante los últimos años. ¿Cómo surge la idea de La Tribu?
-Nosotros produjimos Animal Crackers con Blue Dream. Sin entrar en detalles, no fue una travesía sencilla. Fue muy difícil. Así que al terminarla tenía claro que la etapa de Blue Dream había acabado. No sobrevivimos al largometraje, como hablábamos al principio. Sabía que podía tener algunos trabajos con facilidad así que paré un poco y pensé: lo único que quiero es ser feliz. Para serlo quiero trabajar en lo que me gusta y rodeado de quien me gusta. Ha habido también algo de aceptar que, aunque tendemos a negárnoslo, llevamos un emprendedor dentro y alguna vez hay que dejarlo salir y coger las riendas. Creo que todo lo que ha pasado hasta ahora es que me ha faltado creer en mí en ese sentido al 100%. He creído en mi talento, en lo que hago, pero he descuidado ciertas cosas escondiéndome. El principal salto ha sido darme cuenta de esto. 

-¿Te arrepientes de tus etapas y proyectos con PrimerFrame o Blue Dream?
-No. Si hubiera montado Blue Dream solo, por ejemplo, no sé dónde estaría. Todo me ha servido para diferenciar a la gente que está a tu lado para compartir el viaje y la gente que está a tu lado para aprovecharse de ti.

-¿En la animación es más habitual que en otros sectores de la cultura encontrar a compañeros de viaje mercenarios?
-No más. Hay de todo: hay gente mercenaria y gente maravillosa. Hay gente que piensa en equipo, que tiene claro que quiere cuidar el entorno en el que trabaja. Uno de los principales objetivos de La Tribu nace con ese espíritu. Y por suerte creo que en esta industria hay mucha gente que valora eso. Gente que está deseando compartir proyectos en un sitio con valores y en el que le respeten. De alguna manera pensamos que esto debe generar un efecto llamada para que la gente quiera trabajar con nosotros. Al final es importante que te paguen bien, pero cubierto un nivel, en la vida también tienes otras inquietudes... 

-Y de ahí también la insistencia en intentarlo desde València. ¿Tus posibilidades crecen según te alejas de la ciudad?
-Especialmente hacia el Oeste [ríe]. En Madrid más y si ya cruzo el charco, mucho más. Pero creo en esa potencialidad de València como ciudad creativa. Es una cuestión de calidad de vida. Para la sociedad todavía hay un nivel importante de comunicación y cultura en el que cuesta mucho relacionar industria con cine. Todavía somos los de los dibujitos en España. Cuesta mucho de entender el dinero que puede generar. Puede generar mucha industria. Pero, bueno, poco a poco va cambiando. Como con fenómenos como Tadeo Jones. La gente ya sabe que es la tercera película más taquillera de la historia de España...

-¿Crees que verdaderamente hay más talento creativo en València?
-Sí. Estoy seguro. Y no es tan descabellado pensar en las Fallas. Algo debe dejar en nosotros convivir desde pequeños con creaciones artísticas en la calle. Hay un espíritu creativo seguro, pero nos falta el factor empresarial. Es muy difícil desde el punto en el que estamos en València que alguien aquí apueste por el sector porque hace falta entenderlo. Es una industria que exige paciencia, plazos largos, confianza... Ha habido algún intento, pero con muy poco respeto por la cuestión artística. 

-¿Cuántos de los miembros del equipo son valencianos?
-La gran mayoría, pero ya era así con Animal Crackers. La llamada debe ser de dentro a fuera porque hay gente muy buena y porque, claro, es más fácil montar el equipo con lo que te rodea. Pero hay mucho talento. Yo diría que hay tres niveles interesantes en la captación de talento. El primero es que la gente interesante se quede; el segundo, que la gente interesante que se ha ido pueda volver; y el tercero, obviamente, que venga gente de fuera no relacionada. Hay una serie de factores que van a impedir seguro que alguien trabaje con nosotros, pero eso no será su nacionalidad. Será su forma de ser.

-¿Se conecta eso también con vuestro empeño por formar parte de las empresas que se adscriben a la Economía del Bien Común?
-El punto de partida de todo eso es que yo tengo claro que lo que hago es un trabajo en equipo. Yo solo no hago nada. Cuando empezamos a montar La Tribu teníamos claro que no iba a ser una empresa al uso. Que a final de mes ha de tener beneficios, evidentemente, porque si no cierra, pero que también tenía que generar una rentabilidad social y una rentabilidad ecológica. Entonces descubrimos la Economía del Bien Común y lo tomamos como un punto de anclaje. Dentro de dos años, veremos hasta dónde hemos llegado. Hay cosas que nos gustan y otras que veremos cómo podemos aplicarlas. Nos va bien tener unas reglas de juego. Por ejemplo, que te digan cómo se trabaja la transparencia interna, la democracia interna... todo eso nos interesa. Tenemos más reto a la hora de fiscalizar a nuestros inversores cuando los proyectos son de 10 millones de euros. 

-¿Qué hacéis para fomentar la rentabilidad social?
-Bueno, pues por ejemplo cogemos una tarde y la dedicamos a ir a un centro de mayores. Es muy importante para los trabajadores pasar una tarde así, alimentando el alma. 

-Sobre todo porque cuesta creer que la inspiración venga debajo de la luz blanca de la oficina. ¿Es también una forma de generar historias?
-Es importante hablar de eso, porque... los que vienen de imagen real no entiende que esta industria no es exactamente la misma. Sí, hacemos cine, pero son proyectos y tipos de empresas muy diferentes. Un estudio de animación es mucho más parecido a Google, para que la gente lo entienda. Nuestros proyectos son mucho más largos y se componen de gente que se pasa horas y horas delante del ordenador. Como empresario tienes que preguntarte cosas que van mucho más allá. La inmediatez de la imagen real en la animación no va a suceder. Y cuando haces proyectos de animación no es suficiente sacarlo adelante. Tienes que mantener a tu equipo motivado e inspirado todo el tiempo. Es más, debes tenerlo especialmente motivado al final porque es la parte más dura. Para la gente que viene de la imagen real este tipo de conflictos no se suelen entender, aunque depende de cada cual; hay gente que sí ha entendido que este tipo de empresa, aun haciendo cine, es otra cosa.

-¿Es más complejo también a nivel financiero?
-Lo es. Pero no es que aquí cada uno diga que lo mío es más difícil; es que lo es. Por ejemplo, es muy difícil encontrar directores jóvenes de animación. Con la imagen real es muy sencillo que un estudiante cuando acaba la carrera, si quiere ser director, haya hecho un par de cortos y haga otro par mejores al terminar. Eso es casi imposible para alguien en animación. No digamos ya que, además, haya hecho un largometraje. En cambio, mientras que es relativamente plausible que un realizador o realizadora joven español logre medio millón de euros para levantar su primera película, ¿puede levantar 10 millones una o uno joven cuando tiene un cortometraje o ninguno?

-¿Ese es el precio base en 2017? ¿Y los tiempos?
-Un largometraje de animación por menos de 10 millones sería muy difícil. Los tiempos oscilarían entre 30 y 40 meses, pero no más. Tampoco tiene sentido porque luego hay cambios de tecnología y... Eso o que una major se ha enterado de tu proyecto y te pasa por la derecha en 20 meses y estrena antes que tú, que ha pasado.

-¿Qué ha supuesto para ti Animal Crackers?
-Un antes y un después en mi vida. Ha supuesto alcanzar la madurez personal y profesional... así lo puedo decir. Pero con la sensación de haber superado algo, de haber hecho una larga travesía por el desierto y decir, 'vale, he sobrevivido, he visto los que han estado conmigo y los que me han ayudado'. Me ha servido muchísimo la experiencia.

-¿Qué valoración o qué sensaciones tienes ahora con la película?
-Nos manejamos en una liga inferior a los grandes presupuestos, pero al salir te das cuenta de que estás a un gran nivel. En la liga en la que nos movemos, en relación calidad y precio, estamos a un nivel muy alto. Cuando sales fuera y te ves en festivales, sí, aceptas que no eres la Champions, pero eres primera división. La selección en Annecy fue muy bonita y sirvió para ver lo importante que había sido el trabajo porque estábamos a ese nivel. Una vez dentro sabes que no vas a ganar porque ellos tienen otros criterios artísticos, que me parece cojonudo porque si no algunas películas increíbles nunca tendrían salida. 

-No obstante, en los festivales convencionales la animación sigue siendo todavía una cuestión tabú. ¿Notas esa distancia dentro de la industria?
-Hay buenas excepciones. Por ejemplo, El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001) ganó en Berlín.

-Pero hablamos del año 2000. Es algo muy aislado. 
-En cierto sentido creo que nadie se sorprenderá si digo que el cine de imagen real todavía mira por encima del hombro al de animación. Pero es algo que inevitablemente cambiará.

En el equipo de La Tribu hay cuatro personas trabajando para Juego de Tronos. Lo hacen a través de otra productora de Madrid y la interrelación de proyectos se asume como algo enriquecedor. Maestro destaca algunos nombres y asegura tener a "la mejor productora de animación de España". También a sus mejores ex alumnos: "ver cómo han empezado a andar de tu mano y lo que te dan ahora es lo mejor del mundo". Los objetivos a medio y largo plazo del estudio son "montar todo esto en un lugar emblemático; una fábrica antigua o un espacio singular". También, iniciar sus propios proyectos y "evitar la fluctuación de personal en la medida de lo posible. Nos preocupa la continuidad y para eso habrá que tener una marca lo más potente posible". 

Como los objetivos se alcanza con el movimiento, La Tribu ya está en marcha.

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