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Se rueda en València ‘Después de Kim’: un terremoto de emociones con Benidorm de telón de fondo

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VALÈNCIA. Ángeles González-Sinde está en plena recta final del rodaje de Después de Kim, su cuarto largometraje como directora. La película, protagonizada por Adriana Ozores y Darío Grandinetti, se graba entre Benidorm y València, donde estos días el instituto San Vicente Ferrer se transforma, al mismo tiempo, en un colegio y en una comisaría. Y es en esa mezcla de lo cotidiano y lo dramático donde se mueve una historia que arranca con la muerte de una joven y el reencuentro forzado de unos padres que llevaban años sin hablarse.

“Es una historia de afectos”, resume González-Sinde. “De si se pueden reconstruir y de qué tipo de parentesco queda en este mundo donde los vínculos se deshacen y la gente vive dispersa por el planeta”.

La trama parte de la muerte de la hija de Gloria y Juan en la Costa Blanca. Sus padres, divorciados y residentes en Buenos Aires, se ven obligados a viajar a Benidorm para reconocer el cuerpo. Pero hay más: la joven tenía un hijo pequeño y su paradero es incierto. A partir de ahí, la película sigue el intento de dos personas distanciadas por reconstruir algo —la historia, el duelo, quizá una forma de cuidado— sin caer en los reproches del pasado.

“Nuestros personajes van a trompicones, haciendo lo que se puede”, dice Ozores. “Eso es lo bonito de esta historia, que se va como con la lengua fuera. No sabes ni qué te pasa, ni por qué respondes así”. “La historia que se cuenta es una investigación a partir de una tragedia”, añade Grandinetti, “pero durante esa investigación aparecen también los conflictos personales de ellos dos”.

Benidorm, más allá del cliché

La mayor parte del rodaje se ha realizado en Benidorm, escenario que la directora conoce bien. “Tengo mi casa en Altea y siempre me ha llamado la atención ese entorno donde conviven tantas comunidades distintas, a veces en mundos completamente paralelos”, explica. 

La ciudad, más que un telón de fondo, es un contexto necesario, con sus contrastes y su mezcla de rutinas turísticas y vidas precarias. Uno de los retos, explica, ha sido mostrar la ciudad sin caer en la caricatura. “Es difícil fotografiar Benidorm porque no siempre se saca esa esencia de cómo es de verdad. Es una ciudad de contrastes. Hay muchos Benidorm, y eso es también lo que intentamos contar”.

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La película está basada en la novela homónima escrita por la propia directora y publicada por Duomo Ediciones en 2019. Sobre el hecho de adaptar su propia creación, González Sinde recalca que “en la novela puedes tener 100 o 500 páginas para ir hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. Aquí no. En la película, el pasado lo tienen que aportar ellos. Es algo que suman a través de su relación. Se trata de sugerir y dejar al espectador que recomponga esos fragmentos que no llegamos a contar del todo. Que se pueda reconocer en relaciones que ha vivido o ha visto de cerca”, añade.

El reparto principal recae sobre Ozores y Grandinetti, que apenas se despegan de cámara. “Todas las secuencias salen ellos”, señala González-Sinde. “Los personajes secundarios —Gloria March, Cristina Rosenvinge, y la perra de la hija, que tiene un papel muy presente— completan ese entorno que da pistas, que les refiere noticias o fragmentos de información”.

Ensayos, niños y rodaje entre oficinas

Aunque buena parte de la película se desarrolla en exteriores, el equipo también rueda escenas interiores en València. El instituto se ha convertido en un decorado doble: comisaría y escuela donde trabajaba la hija. “Nos servía muy bien porque tiene ese sabor de oficina pública no reformada, con carácter. Es lo que buscábamos”, dice.

Ozores y Grandinetti han trabajado intensamente en sus personajes, con ensayos desde diciembre. “Básicamente nos hemos entendido como actores”, afirma la actriz. “Eso es lo más importante”. Él lo resume así: “Estos personajes son hoy consecuencias de lo que fueron. Todo está mezclado. Y nuestro trabajo también es difícil de explicar porque tiene mucho de error, de frustración, de ensayo. Es algo íntimo”.

En palabras de González-Sinde, la película plantea una pregunta de fondo: “¿Sirve para algo esa inversión en afecto que hicimos en el pasado? ¿Hay algún parentesco que nos sigue uniendo?”. En ese terreno incierto, entre la pérdida y la posibilidad de recomponer, se mueve esta historia rodada entre playas, institutos y bares ingleses.

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