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La nave de los locos / OPINIÓN

No tengo respuestas

Bienaventurados los que no dudan porque ellos heredarán el Reino de las Seguridades. El mundo se llena de gente dogmática, sin asomo de ironía e incapaz de reírse de sí misma. La incertidumbre es una debilidad para ellos. Yo, en cambio, no puedo entenderme sin mis contradicciones  

15/04/2019 - 

Soy un alguien con muchas preguntas y muy pocas respuestas. El cesto de mis certezas se vacía a medida que me hago viejo. Si me preguntan por cualquier cuestión, me ponen en un aprieto. Preferiría no contestar, preferiría no hacerlo, porque no estoy seguro de casi nada. El silencio es mi respuesta en estos casos.

Lejos quedo de esos contertulios capaces de hablar de cualquier asunto, sea trivial o profundo, para dárselas de entendidos, y al día siguiente desdecirse de lo que dijeron sin el más mínimo rubor.

Hace un par de semanas un hombre ayudó a morir a su mujer, enferma de esclerosis múltiple. La noticia fue muy comentada. Hoy se habla de las repercusiones legales del caso. Cuando todavía escucho y leo a los partidarios de legalizar la eutanasia, y luego hago lo propio con sus detractores, no tengo respuesta.

Cuando me entero de que a un conocido le quedan pocos meses de vida por un cáncer que le han detectado, no tengo respuesta.

Tampoco la tengo para esa pandemia oculta que es el suicidio. Miles de personas se quitan la vida cada año, sin que sepamos por qué lo hacen y si se podría hacer algo por evitarlo.

¿Por qué las consultas de los psiquiatras están llenas de niños y adolescentes? ¿Será culpa del Fortnite? No tengo respuesta. 

Cuando un experto en demografía avisa de oleadas masivas de inmigrantes en las costas españolas para los próximos años, no sé a qué carta quedarme, si con el espíritu del buen rollo y el “papeles para todos” o con la idea de levantar sendos muros en Ceuta y Melilla, como propone Santiago el Asirio. ¿Mano tendida o mano dura? No tengo respuesta.

Las repugnantes casas de apuestas

Si mi amigo Vladímir —que como todo ruso tiene un fondo autoritario—me anima a recoger firmas para quitarle la nacionalidad española a Carlos Sobera, por ser la más cara más visible de las repugnantes casas de apuestas, origen de tantas desdichas familiares, no sé qué hacer ni decir. Para esto también carezco de respuesta.

Quisiera ser comerciante de seguridades, pero no nací para ello. Convivo con la sombra de mis dudas y estoy enganchado a mis contradicciones

Si me preguntan a cuál de las tres derechas votaré el 28A, si a la exquisita, a la clásica y perfumada de corrupción o a la asilvestrada, no tengo aún la respuesta. Sólo aclaro que votaré contra la continuidad del presidente maniquí.

Si un intelectual atolondrado se dirige a mí para inquirirme qué es España, no sabría qué responderle: ¿una nación? ¿Un país? ¿Un Estado? ¿Un fracaso histórico? ¿Una broma pesada de Dios? Lo lamento, pero tampoco tengo respuesta para esta pregunta.  Habrá que leer más a Ortega para encontrarla.

Pero también carezco de respuesta para explicar por qué la sabia reina Isabel II no impidió la boda del príncipe Harry con Meghan Markle, enlace que llevará a la ruina a la Corona británica, lo que no consiguieron los nazis en 1940. Del influjo pernicioso de las reinas consortes sabemos algo en España.

¿Por qué la Pantoja acudirá a ‘Supervivientes’?

Después de todo lo dicho, si hay una pregunta que me duele no contestar es el motivo por el que la Pantoja ha aceptado ser concursante en Supervivientes. Le he dado muchas vueltas al asunto, pero tampoco doy con la respuesta.

Quisiera ser un comerciante de seguridades, un fabricante de certidumbres como los políticos tocados por la púrpura y los banqueros de cuna, pero no nací para ello. Soy todo lo contrario: un perito en vacilaciones. Convivo con la sombra de mis dudas y estoy enganchado a mis contradicciones. Al decir de los filósofos escépticos, la duda es el camino que acaba en la inteligencia, pero ¿a quién demonios le interesa ser inteligente hoy en día?

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